miércoles, 22 de noviembre de 2017

El cirujano que quería operarse a sí mismo


Saber algo más que los otros es fácil, lo difícil es saber algo mejor que los otros. Séneca

Hace muchos años escuché de boca de mi padre que un jefe de servicio de cirugía, muy orgulloso de su dominio de las técnicas quirúrgicas y demasiado desconfiado, pretendía operarse a sí mismo al verse aquejado de una apendicitis. Pensaba hacerlo con la ayuda de un espejo. Yo, que era un adolescente, me quedé pensativo y boquiabierto ante la osadía de aquel singular maestro del quirófano.

Entonces desconocía el hecho de que el cirujano ruso Leonid Rógozov se había operado a sí mismo de apendicitis durante una expedición a la Antártida, en 1961. Lo había hecho por necesidad, ya que era el único médico en el equipo expedicionario. En cambio, la actitud del doctor Altanero, por llamarle de algún modo, era caprichosa (y no fue consumada: acabó interviniéndolo un compañero).

El caso de Rógozov, en situación desesperada, es comprensible y admirable; y no es el único. El ejemplo de Altanero, en situación controlada, es el del hombre que se cree único y todopoderoso, en el límite de una soberbia rayana con la estupidez. Alguien dijo que los cementerios están llenos de gente que se creía imprescindible.

Tenemos tanta necesidad de los demás que deberíamos llenarnos de humildad, haciéndonos cargo de las propias limitaciones. La recomendación va dirigida a todos, desde políticos a limpiabotas, pasando por abogados, mecánicos, ingenieros, cocineros, músicos, peluqueros, religiosos, militares, arquitectos y bomberos.

Nadie queda exento del pecado de vanidad, del orgullo mundano...

En el ámbito de la sanidad hay muchos que se creen únicos, omnipotentes, infalibles, indispensables. Lo mismo que el doctor Altanero, cirujano incomparable, excepcional, un semidiós del quirófano. Hay cardiólogos, anestesistas, psiquiatras, rehabilitadores... Y hay gestores sanitarios, con su inevitable aureola política, cuyas palabras y acciones tienen, en su inmodesta opinión, el valor del oro puro.

Todos ellos, altaneros, creen únicamente en sí mismos. ¡Enfermizo narcisismo! Solo confían en sus propias capacidades, irremediablemente limitadas. Solo tienen en cuenta su particular conocimiento, por fuerza insuficiente. Recelosos, se autotratarían médicamente o se operarían a sí mismos. Porque desconfían de los demás. Porque, egoístas, no quieren que les roben ni una pizca de su terreno. Porque, en fin, son víctimas de la inseguridad y en el fondo necesitan amor, el aprecio de aquellos a quienes consideran inferiores; al fin y al cabo, semejantes.
***
La apendicitis es una inflamación aguda del apéndice (o apéndice vermiforme) que precisa intervención quirúrgica urgente, mediante su extirpación (apendicectomía), para evitar una peritonitis y la consecuente septicemia. Suele producir dolor cólico abdominal, en el cuadrante inferior derecho (fosa ilíaca derecha). En la antigüedad, por su pronóstico fatal, se la llamaba “cólico miserere”. Hoy en día, la técnica quirúrgica permite su extirpación sin necesidad de abrir el abdomen (laparotomía), mediante la menos cruenta laparoscopia.

Proud Mary (Orgullosa María)
Creedence Clearwater Revival

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