TEMIBLE OSCURIDAD
El día se agotara en la áurea aldea
y dormían los campos agostados. Sin rudo
brincar de saltamontes ni ese volar suavísimo
de mariposas; sólo canto agreste de grillos.
Recuerdo aquel camino en el oscuro bosque
que mi infantil cabeza amedrentaba. Y voces,
de los tíos y de otros aldeanos, apagadas.
Y el temor en mis piernas ciudadanas.
La luz de una luciérnaga asombrosa
era lo menos inquietante. Y creo
que la luna brillaba redonda en las alturas.
Caminar y parar..., era el asunto.
Soñando alegres maravillas diurnas,
trataba de espantar el miedo… Y se esfumó
mi dulce sueño oyendo aquella voz incógnita:
—¡Vayamos con cuidado, que por aquí anda el lobo!
[2021, 15 feb.]
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Entre mis lejanos recuerdos de infancia, están los de las noches de verano en la aldea de mi abuelo materno, como éste que surge brumoso desde un temor atávico.
Pedro y el lobo: Marcha – Sergei Prokofiev

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