miércoles, 13 de enero de 2010

Cuando me paro a contemplar mi sistema sanitario

Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por do me han traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado.
(Garcilaso de la Vega. Soneto I)

Cuando me paro a contemplar mi sistema sanitario, y particularmente el primer nivel asistencial del modelo hispánico, lamento lo perdido y celebro lo logrado. Intento hacer balance sin pasión, procuro ser objetivo en lo posible, sin la mirada ilusionada que forja la romántica estulticia. Soy consciente de los avances logrados, del paso de las consultas de dos horas a las de cuatro o cinco, de la prescripción sintomática sin registro alguno a la atención integral con anotación de actos médicos en historia clínica, de las guardias rurales de tres días seguidos sin remunerar a las regladas por tramos horarios y pagadas. Pero también del empeoramiento alcanzado, del cambio de las consultas auxiliadas al trabajo en solitario, de la autonomía médica a la dependencia jerárquica, del trato cordial a la violencia en los centros sanitarios.

Sin actitud derrotista, recelo del optimismo exagerado. Evito dejarme llevar por el pesimismo manifestado por el coordinador de la extinta Plataforma 10 Minutos (PT10), que ve en toda su decrepitud una Atención Primaria dividida y derrotada. Huyendo del optimismo desorbitado, abro los ojos a la realidad que tenemos y contemplo la burocracia ilimitada, la desorganización asistencial, la ineficacia y la ineficiencia de un sistema extremadamente anquilosado.

Desgraciadamente nuestra Atención Primaria de Salud es muy poco atractiva para los estudiantes actuales; bien informados de lo que les espera, rehúsan de antemano la especialidad en medicina de familia; saben de las quejas de los médicos generales, envueltos en papeles y sometidos a mandatos ajenos (¡ay, qué poca coordinación con el nivel especializado); además, hace mucho tiempo que se perdió el aura que rodeaba al antiguo médico general o de cabecera, menos formado científicamente pero también menos maleado por rigideces asistenciales y protocolos que encorsetan.

A nadie le apetece encauzar su vida por un derrotero tortuoso, obstruido por una miríada de papeles inútiles, abarrotado de demandadores de soluciones imposibles. El papeleo desquiciante, la presión asistencial desmedida y el abuso de los servicios, son motivos suficientes para huir por piernas. Viendo el general desorden, los estúpidos objetivos asistenciales o la atención urgente no reglada, cualquier individuo sensato optaría por alejarse lo más posible de una actividad laboral presumiblemente insatisfactoria.

Con una Atención Primaria fallida desde sus inicios, forzadamente impulsada hacia la labor de equipo, herida por el cinismo de los demagogos y muerta de un risible éxito delirante, el sueño inicial se ha esfumado por una turbia concepción ideológica, que ha conseguido frustrar muchas aspiraciones profesionales y arrastrar a muchos médicos hacia el burnout, hastiados de un trabajo en equipo que equivale, sin más, a la asunción del trabajo de los compañeros ausentes. Salvo excepciones que confirman la norma, el panorama del primer nivel asistencial es desalentador.

Pero ¡entonemos todos el mea culpa! Porque nunca hemos logrado una unión profesional eficaz, jamás hemos centrado nuestra legítima fuerza hacia la dignificación de la labor médica. Supongo que por divergencias y recelos entre sociedades científicas y colegios profesionales, dejando al margen a los sindicatos por esa peculiaridad hispánica que mezcla ideología con derechos laborales, que mete en el mismo saco diferentes categorías profesionales, que no consigue liberarse de prejuicios pretéritos. La división es manifiesta y, por encima, algunos echan piedras sobre su propio tejado. Podríamos concluir, con rubor, que estamos así porque queremos, o que tenemos lo que merecemos.


Cuando me paro a contemplar mi sistema sanitario, y particularmente el primer nivel asistencial del modelo hispánico, vislumbro alguna luz entre lo opaco. La PT10 y su coordinador hace tiempo que arrojaron la toalla. Otros grupos de trabajo han puesto mucho empeño y conseguido escasos logros, sobre todo porque se debilitan en sus reductos autonómicos. Si añadimos la apatía creciente, las zancadillas y las luchas intestinas, es difícil confiar en un futuro luminoso. Yo veo la botella medio vacía y el horizonte incierto, por no decir que no advierto la salida en el larguísimo túnel de despropósitos sanitarios. Los más soñadores esperan emocionados los frutos del Proyecto AP XXI: una Atención Primaria ideal, maravillosa y resolutiva. Yo, harto de la cantinela, veo lo habitual: demasiada letra y ninguna estrategia concreta. Y aún así, deseo dar otro margen de confianza; quiero creer que el enemigo no somos nosotros mismos; quiero pensar que no seguiremos engañándonos. Al cabo, debo conformarme en parte, sabiendo que a mayor mal pudiera haber llegado.

4 comentarios:

  1. Preciosa la cita de Garcilaso , José Manuel. He llegado a tu blog desde el artículo publicado en e-Ras sobre el papel de los blogs médicos. Creo que entre el contenido del vaso medio lleno de nuestra atención primaria te has dejado el importante papel de los profesionales que dedicando horas de vuestro tiempo facilitais un debate abierto sobre temas profesionales.
    No sé si Gripeycalma habrá tenido mucha incidencia en las decisiones de las autoridades sanitarias. Té garantizo que bastantes profesionales hemos seguido las informaciones de la gripe a traves de las aportaciones de los blogs médicos así como los documentos elaborados por la plataforma han sido utilizados para informar a nuestros pacientes.
    Estoy convencido que este movimiento a la larga dará resultados. Además de información profesional de calidad e independiente , permite mantener un foro de opinión profesional y aumenta la moral.
    Grácias y adelante.
    Antoni Agustí. Olot

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  2. Hola Antoni. Acabo de llegar de un ensayo con la coral Rosalía de Castro (no sé si voy a seguir teniendo tiempo para tanta actividad extra-profesional) y he visto el artículo de e-RAS y tu amable comentario. Esta entrada la escribí antes de la medianoche, en un arrebato, dejando pendiente otro material que tenía previsto editar. Para mí escribir es una necesidad, o si lo prefieres una debilidad, y mientras siga disfrutando seguiré plasmando en el papel mis pensamientos. Un abrazo y gracias por tu interés.

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  3. Apesar de todo ,soy de los que piensa que la APS tiene màs potencialidades que dificultades

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  4. Yo también, José Luis, reconozco las potencialidades de la APS, pero las veo cada día cercenadas por las dificultades o trabas, al contemplar impotente como casi todo el precioso tiempo se me va: en la inutilidad del papeleo, en la desorganización asistencial, en la dependencia informática. Y que conste, que a pesar de todo trato -estultamente- de contemplar la botella medio llena.
    Un saludo y gracias por tu comentario.

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