Pascual Veiga (1842-1906), compositor y director de orfeones, es una
de las figuras más representativas del Nacionalismo Musical Gallego (junto a
Juan Montes, José Castro “Chané” y José Baldomir). Fue niño de coro en
Mondoñedo, su ciudad natal, donde tuvo como primer profesor al maestro
de capilla José Pacheco. Estudio órgano con Rafael Tafall, organista da
catedral mindoniense, y en 1864 logró semejante puesto de instrumentista de la
parroquia de Santa María, en A Coruña, ciudad en la que se dedicó a la
enseñanza musical y, sobre todo, a la dirección y fundación de orfeones,
actividad por la que alcanzaría a su mayor fama en vida. En el Liceo
Brigantino, que dirigió conjuntamente con Canuto Berea, fundó el Orfeón
Brigantino; posteriormente organizó el Orfeón Coruñés, El Nuevo Orfeón (que
cambiaría el nombre por el de El Eco) y finalmente el Orfeón Coruñés Número 4. En
su producción, además de música religiosa y villancicos, merecen mencionarse
algunas obras profanas: Gallegos á nosa
terra, Os ártabros, A fiada y las Rapsodias galegas, estrictamente instrumentales, con las que inicia
en Galicia el género del poema sinfónico, que tendrá continuidad con los
músicos del siglo XX. Pero Veiga es sobre todo el autor de la popularísima Alborada gallega, que fue estrenada en
Pontevedra en 1880, y por la que ha pasado a la posteridad, y también de la música del
Himno galego, sobre texto de Eduardo Pondal. Murió
siendo profesor del Conservatorio de Madrid, ciudad a la que se trasladó en
1896. Fueron muchos los homenajes a su memoria, siendo significativa la lectura
del poema A Alborada de Veiga en el Centro
Gallego de La Habana por su autor: Manuel Curros Enríquez (1851-1908). Tuvo que ser emocionante la conjunción de música y poesía.
La famosa Alborada de Pascual
Veiga es unas piezas más evocadoras de una tierra singular y de lo que
simboliza de manera colectiva el alma gallega. Ojalá anunciase un nuevo amanecer galaico, e hispano. Disfrutemos con la escucha de esta alborada, en una interpretación de la Orquesta Sinfónica de Galicia.
***
Se despierta cantando la mañana
la venida feliz del nuevo día,
cúbrese el cielo de color de grana.
V. RUIZ LLAMAS, Al amanecer
ANEXO: POEMAS SOBRE EL AMANECER ---CICLOS NATURALES
[Alba, Albor, Alborada, Aurora] /Poemas al alba/
Al amanecer, Vicente Ruiz Llamas+ [y AQUÍ]
Al amanecer, Pedro Antonio de Alarcón+
Alborada, Rosalía de Castro+++ –símbolo, renacer (del pueblo galaico)
Amanecer, Josefina Pla+
Amanecer cordial, Medardo Ángel Silva+
Amanecer de otoño, Antonio Machado+
Amanecer en Valencia, Antonio Machado+ [Com. AQUÍ]
Casi alba, Julia de Burgos++
El alba, Julio Herrera y Reissig++
El despertar, Julio Herrera y Reissig*
Mañana, al alba (Demain, dès l'aube), Victor Hugo++ –tumba, hija
____
Nota. En unos poemas, el amanecer es un esplendor de belleza y alegría, en otros supone un duro choque con la realidad más triste y amarga.
____
+Poemas con la palabra amanecer.
++Poemas con la palabra alba.
+++Poemas con la palabra alborada.
—«Alborada», de Rosalía de Castro, penúltimo poema de Cantares gallegos (el último es un epílogo al poemario), resulta de la adaptación del texto a una música que tocaba un gaitero. La poeta tenía gran oído, como buena poeta lírica, y sobre la música que escuchara, con ritmo de muiñeira, construyó un poema singular en la forma y fuertemente simbólico, alegórico: la alborada como renacer de un pueblo ensombrecido; en el fondo, una llamada al despertar de Galicia. Está estructurado en dos partes, de seis y cinco estrofas respectivamente; en la primera parte se pide que marche la noche y venga la aurora (usando la personificación como figura retórica), hay una explosión de la naturaleza –concretada en un pajarito y el paisaje que lo circunda– y contiene una meditación sobre la noche, agorera y protectora a la vez; en la segunda, el amanecer ya llega..., y un gaitero, tocando su gaita, llama a las rapazas y a toda la mocedad para que despierten.
I
Vaite, noi-
te,—vai fuxin-
do.—Vente auro-
ra,—vente abrin-
do,—co teu ros-
tro,—que, sorrin-
do,—¡¡¡a sombra espanta!!!
¡Canta,
paxariño, can-
ta—de ponliña en pon-
la,—que o sol se levan-
ta—polo monte ver-
de,—polo verde mon-
te,—alegrando as her-
bas,—alegrando as fon-
tes!...
(...)
¡Sal...!
señora en todo mal,
que o sol
xa brila
nas cunchiñas do areal;
que a luz
do día
viste a terra de alegría;
que o sol
derrete con amor a escarcha fría.
(...)
II
¡Arriba
todas, rapaciñas do lugar,
que o sol
i a aurora xa vos vén a dispertar!
¡Arriba!
¡Arriba, toleirona mocidad,
que atru-
xaremos—cantaremos o ala... lá...!!!
++++Poemas con la palabra aurora.
—«La aurora», de Federico García Lorca, es el amanecer sobre Nueva York, vista como ciudad dolorida, desesperanzada, ruidosa, insomne...
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
–El amanecer supone aquí un choque con la realidad.
–Poema del poemario Poeta en Nueva York.
*«El despertar», de Julio Herrera y Reissig (1875-1910), es un poema del amanecer en el campo, cuando la noche se retira y la luz se va imponiendo.
Alisia y Cloris abren de par en par la puerta
y torpes, con el dorso de la mano haragana,
restréganse los húmedos ojos de lumbre incierta,
por donde huyen los últimos sueños de la mañana...
La inocencia del día se lava en la fontana,
el arado en el surco vagaroso despierta,
y en torno de la casa rectoral, la sotana
del cura se pasea gravemente en la huerta…
Todo suspira y ríe. La placidez remota
de la montaña sueña celestiales rutinas.
El esquilón repite siempre su misma nota
de grillo de las cándidas églogas matutinas.
Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas
como flechas perdidas de la noche en la derrota.
–Casi toda la producción de Julio Herrera y Reissig muestra por un lado la huella de Baudelaire y Leconte de Lisle, y por otro la de Rubén Darío y Leopoldo Lugones. Así, su inicial influencia parnasiana fue cediendo a la modernista.
–En la poesía de Herrera y Reissig, maestro del soneto, hay experimentación, emotividad, erotismo, exotismo, hermetismo y satanismo.
–v. Injustamente olvidado... (artículo que incluye poemas)
–Poemas escogidos: «Amor sádico» [Poemas sobre el amor], «El alba», «Liturgia erótica» [Poemas eróticos], «Epitalamio ancestral» [Poemas de celebración], «Génesis» [Poemas sobre mitología]
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
A. MACHADO, Amanecer de otoño
Amanecer de otoño, Antonio Machado

Siempre me resulta estremecedor ese comienzo, mi querido José Manuel. ¡Es preciosa!
ResponderEliminarVengo de leer tu entrada anterior, sobrecogedora y terrible. Ojalá sean ciertas tus palabras y pronto podamos asistir a una alborada, renovada y limpia. Es todo tan deprimente...
Te mando un abrazo enorme, mi querido médico tenor.
Sí, querida Lola, necesitamos un nuevo, otra aurora, una nueva alborada que despeje tantas nubes para clarear el futuro.
EliminarUn besos en un enamorado día.
¡Ay, Pepe! ¡Aquellas tardes de abril y mayo que salía uno de la covacha del Honorífico después de haber escapado vivo un día más del otro sitio y entraba en la plaza de la Herrería mientras acaso tocaba que de las campanas de la Peregrina le llegase la alborada de Veiga para resucitarle! ¡Si sabremos tú y yo lo que la música puede llegar al alma! Cuéntalo un día, cuenta (oh, musa) lo que era eso y el repertorio de aquellas increíbles campanas.
ResponderEliminarEn efecto, Pablo, compañero y amigo de andanzas, salir de la covacha y entrar al luminoso espacio popular era como la liberación del prisionero. Es que de lo malo a lo bueno se va bien. Y con el carillón del campanario de la Peregrina ni te digo. Hemos dado la campanada...
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