martes, 24 de octubre de 2017

Ansiedad... y relajación


ATONALIDAD

En el núcleo de monstruoso torbellino
sobre olas gigantescas
–¡ansioso océano!–
olvidado de protector socaire
bahía acogedora o puerto salvador.

(Agitado por malicioso vendaval
bullendo en oleaje hostil)

Anhelando el equilibrio
la consonancia
harto del aire y del agua que a diario faltan.
Y divagando en la procura de un espacio
llevado a cada orilla
maltratado
como peonza o marioneta sin sangre.

(Confuso navegante en la calígine.
Intruso en una selva atrapado.
Cuitado en abrumador desierto.
Apátrida sin miserable refugio.)

Todo es gran vorágine.
Y huye el pensamiento de voraces ojos
que acechan
para mordisquear –furtivamente– un pedazo de sosiego
trocando la real enormidad por hechizados instantes
en devenir de gloriosa fantasía.

Y para que no nos domine la ansiedad, que es como una atonalidad emocional, hay que aprender a relajarse, para conseguir el tono adecuado y salir de ella, controlando primero la respiración (técnica de respiración diafragmática) y después distendiendo los músculos (relajación muscular progresiva).


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