lunes, 16 de octubre de 2017

El médico altruista que declaró su derecho a la huelga




¿Quién no conoce a aquel médico no sólo en la ciudad, sino en la provincia, y aun en Madrid, al que desdeña profundamente? Son muchas las cosas que desdeña, y entre ellas, el dinero. Lo desdeña con sinceridad, sin alharacas. Podría ser rico; su fama de mago, más que de hombre de ciencia, le permitiría exigir fuertes sumas por las curas increíbles que realiza; pero para él existen la conciencia, el alma, la otra vida -un sinnúmero de cosas que mucha gente suprime por estorbosas y tiránicas-, y se limita a tomar lo que basta al modesto desahogo de su existir. No tiene coche, ni hotel, ni cuenta corriente en el Banco; en cambio, espera tener un lugar en el cielo, al lado de los médicos que hayan cumplido con su deber de cristianos, que algunos hay, y hasta en el Santoral los encontramos, con su aureola y todo. 

El doctor -llamémosle doctor Zutano- abre su consulta a las ocho de la mañana; y desde las cinco, en invierno, hay gente esperando en su portal, en su escalera y en su antesala, si el fámulo lo permite. Dentro ya, divídense los clientes: en un aposento aguardan los de pago, los ricos; en otro, aislado, los pobres, los que no pagan. Invariablemente, la consulta empieza por un pobre; pasa luego un rico, y así, alternativamente, hasta que el médico, rendido de cansancio, necesitando ya reparar las fuerzas con frugal almuerzo, da por terminada la faena del día. Jamás se vio ni leve diferencia en la duración de las consultas gratuitas y las pagadas. Con igual calma, con el mismo interés nuevo y fresco en cada caso, registra el doctor Zutano las peludas orejas de un faenero del muelle, que los limpios dientes, fregados con oralina, de la remilgada señorita, a la cual se dirige severo y conciso como un dómine. Porque el doctor reconoce siempre oídos y dientes ante todo, y uno de sus timbres de gloria es haber curado hasta casos de locura extrayendo, entre irónico y triunfante, una bolita de cera de un conducto auditivo. (...)

Emilia Pardo Bazán


Este es el comienzo del cuento titulado Argumento, de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), que pueden leer completo AQUÍ. Si llegan hasta el final, lo cual les recomiendo por lo bueno y lo breve, comprobarán que el sentido del deber y el ideario laboral del médico protagonista (No conoce más ley que el trabajo. Nadie menos «burgués» y, sin embargo, nadie más enemigo de las huelgas, los meetings, las arengas y las luchas electorales. «Pillos que holgazanean y pillos que medran.» Tal es su definición, de la cual nadie le saca.), el doctor Zutano, que trabaja con una rapidez que nos recuerda a la de un sobrecargado médico de familia actual (El doctor Zutano suele preguntar rápidamente, a veces no pregunta, porque adivina.). El galeno está por encima del derecho a la huelga, que como todo trabajadotiene, y que el padre del pequeño paciente, carpintero de armar, y precisamente en esos momentos en huelga, parece negarle al verse personalmente perjudicado. Ya había anestesiado al niño, para intervenirlo quirúrgicamente y extraerle un tumor, cuando, ante las reticencias del padre, decide declararse en paro voluntario. Pero al final, después de sermonear al carpintero y escuchar sus súplicas, se deja llevar por sus principios éticos y realiza exitosamente la intervención. Las enseñanzas extraídas de esta narración breve (uno de los más de quinientos cuentos de la gran escritora), en la que se respira una fina ironía entre su seriedad, es memorable. 

Enlaces:
Catálogo de cuentos de Emilia Pardo Bazán (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
Cuentos de Emilia Pardo Bazán (Ciudad Seva, títulos por orden abc)
Galicia en los cuentos de Emilia Pardo Bazán (Culturamas)
Sobre la huelga médica (en blog)

Audio de Argumento, de Emilia Pardo Bazán
De la Biblioteca Virtual Cervantes

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