domingo, 30 de noviembre de 2025

El caracol

 

EL CARACOL

El caracol de la infancia
echa los cuernos al sol,
los tentáculos más largos
que arriba miran, los dos
con sus puntitos oscuros
de delicada visión.
Arrastra cabeza y cuerpo
gracias a un pie fortachón,
y va con su casa a cuestas,
un lindo caparazón
en espiral colorida
que nos llama la atención.
Pero su marcha es prudente,
atento a tacto y olor;
retrae su cuerpo en la concha
si hay peligro en derredor;
primero esconde los ojos
que antes que nada sacó.
Un prodigio natural
que al aire da su esplendor…
Yo lo observo, y no soy niño,
con asombro de mayor,
y se me sale la baba
viendo a ese babeador.

[2025, 17 nov.]
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Buscaba poemas inspirados en el caracol terrestre y apenas hallé tres dignos de mención. Uno breve, popular e infantil, que algunos atribuyen a Lope de Vega, titulado «El caracol» (Aquel caracol / que va por el sol, / en cada ramita / llevaba una flor...). Otro homónimo anónimo, más extenso, también en castellano, paródico y desestructurado: «El caracol»; aquí un bicho enorme, ‘‘que pesa dos mil arrobas’’, da brincos y arrasa los sembrados. Y un tercero en inglés, de William Cooper (1731-1800): ‘‘The Snail’’, que dice que el molusco gasterópodo –univalvo– [apecetible para algunos paladares] se pega sin temor a caer, se esconde en su casa y lleva una solitaria vida de ermitaño. Yo, no queriendo dejar de lado los maravillosos tópicos, vuelvo, con mi sentir de mirada inocente, al sol, a la casa y a la baba.

Caracol terrestre

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