Leemos en el artículo publicado por La Voz de Galicia «Barreras entre el enfermo y el médico», del Dr. Eduardo Vázquez Martul:
El médico de familia, sin el tiempo necesario, se convierte en un distribuidor de pacientes hacia otras especialidades, acotándose su campo de actuación. Se aleja del médico sanador para convertirse en el médico funcionario. Costoso para la Administración, frustrante para el médico y penoso para el paciente a la espera de una cita. Está claro que limitar este primer contacto con el paciente va a alargar y encarecer el gasto, y lo peor: es una de las causas de listas de espera pendientes de un diagnóstico. Es como la pescadilla que muerde la cola, menos tiempo para el médico de familia y más para el hospital y las especialidades hospitalarias. Aquí está el problema, el circuito fatídico: detrimento de la medicina familiar, más tiempo para especialidades médicas hospitalarias, creación de listas de espera en otra especialidad, nuevos contratos con la medicina privada.
El autor se pregunta si falla la gestión pública o es un problema político. La cuestión es que la gestión sanitaria equivale aquí a decisión política, porque está politizada. El problema es bien conocido, de largo, pero el círculo vicioso se convierte en espiral que se agranda y la decisión de buen gobierno no llega.
Time After Time

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