miércoles, 17 de junio de 2026

Un hombre común


[Relato]
 
Pancracio Fuertes Luna se debatía con especulaciones punzantes.

¿Habrá configurado el destino las circunstancias adversas que me atenazan? ¿No habré sabido afrontar las situaciones difíciles? ¿Obré siempre de modo inconveniente? ¿Fui pacato en mi libertinaje? ¿Libertino en mi decencia? ¿Conservador en mi progresismo? ¿Confundiría yo el cielo con las témporas? 

Pancracio se respondía sabiamente.

En fin, ¿para qué darle vueltas y seguir torturándose? La realidad es miserable en el presente, y en el futuro de mí depende en parte. He de afrontar los hechos con coraje, clarificar ideas, ordenar pensamientos, serenar el espíritu, dar con seguridad los pasos; sin dudas excesivas, evitaré traspiés. Obraré con cautela, con actitud reflexiva, con moderación y sosiego, con buen tino. Valoraré el riesgo de mis actuaciones, el posible perjuicio que pueda deparar a otros y lo positivo que me corresponda. Haré balance prospectivo, sopesando pros y contras, para después aventurarme en una decisión firme, tajante, irrefutable por la propia conciencia. Es lo mejor para minimizar el riesgo de equivocarme, para no lamentarme como hasta ahora de haber actuado de modo visceral, por espontáneo impulso.

Fuertes volvía a su debilidad, contradiciendo a su apellido.

Difícil atinar un horizonte diáfano.  Según día o lugar, veo las cosas de diferente manera. Llego a dudar y me inclino a cada extremo, hacia posturas contrapuestas. Quiero ir hasta el final y detenerme, dejar de indagar aceptando que la culpa es del imbatible fatum. Quizá dependa todo de la mala estrella o de la providencia. No consigo moverme de este incómodo lugar. Me hallo en una situación ambigua, dual: quiero y no quiero, como si fuerzas contrapuestas entablasen una disputa y tirasen de cada flanco tratando de inclinar la balanza hacia su lado, sin que yo sepa el conveniente. Entonces, ¿qué debo hacer? Creo que nunca lo sabré. Soy inconstante, inseguro, voluble, variable como la Luna. 

Cuando este astro se apagaba, atisbó una luz de sabiduría. 

No me gustan las actitudes maniqueístas, creo que todo es relativo, nada es malo ni bueno en sí mismo; depende de múltiples factores y de la disposición anímica en cada instante. Eso sí, conviene someter las emociones para que no devoren la voluntad. Nadie es perfecto, y yo soy un cúmulo de imperfecciones. También sé que nada sé. Y sin embargo aspiro a la perfección terrena, a sabiendas de que jamás la alcanzaré; tengo la suficiente inteligencia. No pretendo un imposible, sino aproximarme cuanto pueda a lo imposible. Amar, si no infinitamente, en gran medida. Lo dice Pancracio, un luchador, fuerte como un roble y luminoso en la oscuridad; un perdedor, débil como una margarita y oscuro como una cueva. Libremente lo afirmo, valientemente y sin soberbia.

Un hombre, nada más. Un mortal como tú, y como yo. Finalmente, un aspirante a sabio. ¿Cómo tú? ¿Cómo yo mismo? Perdonadme la inmodestia.

[1994, 13 abr.]

Blue In Green - Miles Davis

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