VENTANA MORTUORIA
Una figura inerte
a hombros es llevada,
o sus cenizas van
sin vida en una caja,
hacia la tierra muda
o las calladas aguas.
¡Qué importa el paradero
de la última morada!
Ambiente luctuoso
alrededor se palpa,
por un enterramiento
o una funeraria
ceremonia cualquiera,
católica o pagana.
¡Se advierte lo macabro,
sepulturero y pala!
Cuerpo entero, parcial
o sus restos sin alma,
en silencio o entre rezos,
la materia gastada
va de anciano, de joven
o arrancada a la infancia.
¡Qué doloroso el fin
de quien pronto se marcha!
De forma natural
o por violenta causa,
la vida se ha perdido
de aquellos que descansan
en el aire, en el mar
o en una esquina plácida.
¡Necrópolis del mundo
el tiempo más agranda!
Ahí las sepulturas
—estuches de la nada—
de los que ayer sentían,
tristes tumbas con lápidas,
frías como la nieve,
de flores ataviadas.
¡Honran los epitafios
a personas amadas!
Cementerios de hoy,
catacumbas lejanas,
fosales, camposantos
a visitarlos llaman,
con los fúnebres cantos,
con las tiernas palabras.
¡Saquemos del olvido
la luz antepasada!
[2024, 29 mar]
Adagio para cuerdas, Samuel Bareber

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