jueves, 12 de febrero de 2009

Alejo Carpentier, musicólogo


Ampliamente conocido como creador literario, Alejo Carpentier también fue un apasionado de la música en general, y en particular de los ritmos genuinamente cubanos. Hasta tal punto que el escritor se reconocía a sí mismo como un compositor malogrado. Nacido en un ambiente familiar propicio (el padre, alumno de Pau Casals, tocaba el violonchelo; la madre tocaba el piano; la abuela había sido discípula de César Franck), no es de extrañar que sintiera una inclinación temprana por la belleza sonora.

En este sentido, debemos recordarlo por varios motivos. Porque fue un impulsor y sostenedor de la Orquesta Filarmónica de La Habana, ciudad donde vio la luz en 1904. Porque rescató composiciones musicales que se daban por perdidas. Porque animó durante muchos años la vida musical habanera. Y, ante todo, porque escribió La música en Cuba (historia) y extraordinarios textos integrados en su faceta de musicólogo.

Profundo conocedor de la música universal, halló en el rico folklore cubano –síntesis o “cubanización” de elementos hispánicos, de otras procedencias europeas, indígenas y africanos– una fuente de inspiración para la creación de obras sinfónicas. De igual modo que el jazz inspiró a compositores clásicos, cuyo empleo de elementos folklóricos se valora hoy positivamente; de la misma manera que los creadores de las corrientes nacionalistas europeas bebieron en fuentes propias, lejanas en el tiempo y provenientes de lo popular.

Desde 1923, henchido de la necesidad de divulgar la música de su entorno vital, escribió crónicas, artículos y críticas musicales, llegando a colaborar con dos compositores de la época: Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán. En 1927 sufrió encarcelamiento por oponerse al dictador Machado, por lo que en 1928 –tras una recalada en México– se trasladó a París, donde fue director de estudios fonográficos y realizó programas musicales de radio. En realidad ya había estado en esa ciudad, recibiendo parte de su educación juvenil.

Regresó a su país en 1939. Y en 1945 escribió La música en Cuba, en sólo once meses; un récord teniendo en cuenta las numerosas fuentes de información consultadas: actas capitulares, archivos familiares, periódicos, libros de entierros, diversas historias de la música. Ese año, con Batista en el poder, se exiló a Venezuela, permaneciendo allí hasta 1959. De la época de su retiro de Caracas cabe resaltar uno de sus escritos: Carta abierta a José Aixalá (1947). En ella dejó sentir su profunda amargura por representar el aludido una fuerza adversa contra la Orquesta Filarmónica de La Habana, de la que entonces era Aixalá presidente, reprochándole los cambios de programación que llevaron a la renuncia del gran director Erich Kleiber, lo que consideraba una desgracia nacional; por eso creía conveniente que el gobierno incautase la Filarmónica para ponerla después en manos de músicos y hombres conscientes.

Con el triunfo de Fidel Castro volvió a La Habana. Pero en 1968 retornó a París, esa vez como agregado cultural de la embajada cubana. Y hasta su muerte, acaecida en la capital francesa en 1980, siguió dejando su estela musical.
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Hasta aquí la primera parte del estudio publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre este hombre nacido para la música.

El escritor habanero, libre de prejuicios (escuchaba con igual deleite a Beethoven y a Pink Floyd) y obsesionado con el mestizaje cultural del Caribe, fue más allá de la visión encorsetada que separa lo “culto” de lo “popular”, mostrándose como un ecléctico, receptor de todo lo que tiene valor, de lo realmente bueno y auténtico. Buen conocedor de la vanguardia musical (Pierre Boulez, Bruno Maderna, Stockhausen, Luciano Berio...) y, abierto a nuevos modos de expresión, Carpentier no reprobaba la introducción de instrumentos electrónicos. En su eclecticismo, el autor de El siglo de las luces dejó entrever su debilidad por Wagner, Stravinsky y Villalobos, pero no aceptando jerarquizaciones, la división entre lo serio y lo popular, admiraba piezas de Duke Ellington tanto como las de Debussy. Pero ante todo se sintió hondamente conmovido por los ritmos cubanos y por su singular fuerza sonora, que se podría substantivar como “cubanía”. Ponderaba el son y reconocía la fuerza de la cubanía en la historia musical de la isla caribeña (en el trabajo original se incluye una síntesis de su Breve historia de la música cubana). Alejo Carpentier fue incansable en su faceta de musicólogo hasta su muerte, y sus artículos más relevantes fueron recogidos bajo el rotundo título de Ese músico que llevo dentro.

martes, 10 de febrero de 2009

Sinestesia y música


El término sinestesia (del griego syn, “junto”, y aisthesis, “sensación”) denota la sensación percibida en un sentido (pe. la vista) por estímulo de otro (pe. el oído), de manera que se pueden ver sonidos u oír colores. Dicho de otro modo, es la percepción de un estímulo sensorial en otro sistema distinto del que actúa. Supone por lo tanto una “mezcla de sensaciones”, interpretada como una alteración o como una cualidad de la percepción sensorial. Puede ser cualquier sensación –olfativa, táctil, gustativa, auditiva o visual– la que evoque alguna de las restantes; por lo tanto hay diferentes tipos de sinestesia, siendo la más frecuente la visión de colores al oír o leer letras y números. Se reconoce como fenómeno hereditario ligado al cromosoma X (de ahí el mayor número de mujeres sinestésicas), relativamente raro y más frecuente en artistas y personas creativas en general, lo que podría hacer pensar que quienes poseen esta particularidad tienen un mayor potencial creador. En este caso, cabría interpretarla como una facultad, una capacidad, una virtud o un don.

Sobre el mecanismo fisiopatológico de la sinestesia se han postulado varias teorías. Una la explica por la permanencia de la conexión entre los centros neurológicos que procesan los sentidos, que debería haber desaparecido en los primeros meses de vida; otra sostiene que los centros cerebrales que procesan la visión están cerca de otros que procesan el lenguaje. No se considera un trastorno psiquiátrico en el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 4ª ed., de la American Psychiatric Association), pero aparece en los trastornos relacionados con alucinógenos como la mescalina (alcaloide vegetal, extraído del peyote), en que el intoxicado refiere, por ejemplo, haber oído, visto y degustado el sonido de una trompeta; aquí se trata de una percepción anormal propiciada químicamente. Por otro lado, neurólogos y psiquiatras diferencian las sinestesias de las alucinaciones reflejas (pe. un enfermo siente un pinchazo en la cabeza cuando alguien estornuda y el estornudo permanece como causante de su dolor).

Los individuos sinestésicos suelen tener gran memoria visual y mayor coeficiente intelectual que la media, ser zurdos o ambidiestros y muy imaginativos. Respecto a la música, que es lo que nos interesa, la particularidad de los músicos sinestésicos, es su capacidad de asociar tonalidades musicales con colores (incluso notas aisladas, acordes o timbres, vocales o instrumentales); padecen, o disfrutan, una sinestesia auditivo-visual. Es renombrado el caso de Alexander Scriabin y, más recientemente, se viene refiriendo el de Olivier Messiaen. Probablemente Franz Liszt y Nicolai Rimsky-Korsakov fueron sinestésicos, y acaso muchos otros músicos no citados en la literatura. En la inseguridad, es preferible limitar nuestras consideraciones a los dos compositores paradigmáticos.

Alexander Scriabin (1872-1915) pretendió demostrar la relación entre tono y color mediante un “teclado de color”, un órgano que habría de proyectar en una pantalla del escenario los colores que supuestamente corresponderían a cada tono musical; dicho teclado no llegó a ser construido, y la obra prevista para su estreno (Prometeus: El Poema del Fuego) hubo de ser interpretada con simples diapositivas en color. La influencia de la teosofía, la sustitución del sistema tonal tradicional por un propio “acorde místico” y la aspiración del compositor ruso al advenimiento de una nueva Humanidad a través de una gran creación musical, una “obra de arte total” titulada Misterio –inacabada–, quedaron en una utópica aspiración, concebida por un músico con un halo misterioso –como el de su pretendida obra definitiva– y una desbordante imaginación, concordante con las características de los sinestésicos.

Olivier Messiaen (1908-1992) llevó expresamente el color a algunas de sus composiciones (Chronochromie, para gran orquesta; Couleurs de la citè Cèleste, para piano, viento y percusión) y en otras lo sugiere a través de referencias a la luz. Messiaen llegó a decir que la relación color-sonido era el factor más importante en la creación musical, por encima del ritmo que, previamente, había considerado el elemento fundamental. ¿Suerte o infortunio? Parece ser que la condición sinestésica era para el músico francés una “cualidad” vivida como un drama, por la chocante sensación de ver colores con la audición de los sonidos cuando el público no veía nada. Su “desgracia”, unida a la atracción por ritmos exóticos y a la fascinación por el canto de los pájaros –los mejores músicos para el compositor–, se ve reflejada en una obra singular.
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Este artículo fue concebido a partir de un intercambio de ideas con un compañero de la blogosfera, David Revilla Velasco, gran conocedor y amante de la música de Sibelius, cuyo blog, Jean Sibelius en español, recomiendo encarecidamente.

Añado un video ilustrativo que me parece muy interesante.

[Vídeo añadido post., por eliminación del previo]
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Sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto.

ANEXO: AFORISMOS SOBRE LOS SENTIDOS
  • Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos. (Aristóteles)
  • El cuerpo, por los cinco mensajeros que llamamos sentidos, no percibe sino cosas corporales; pero las inteligibles y espirituales se perciben con la mente. (Agustín de Hipona)
  • Todo nuestro conocimiento arranca del sentido, pasa al entendimiento y termina en la razón. (Kant)
  • Equipado con sus cinco sentidos, el hombre explora el universo a su alrededor y a esto lo llama la aventura de la ciencia. (Edwin Hubble)
  • Los sentidos no nos engañan, pero sí nuestra opinión. (Goethe)
  • Cinco sentidos tenemos, cinco sentidos necesitamos, cinco sentidos perdemos cuando nos enamoramos. (Dicho)
Visión, Vista, Ver
  • Si no lo veo no lo creo. (Expresión)
  • Si te he visto, no me acuerdo. (Expresión)
  • Ver para creer. (Expresión)
  • Verlo todo negro. (Expresión)

Oído, Oír
  • La naturaleza dio al hombre dos orejas y una sola boca para que escuche más que hable. (Zenón de Elea
—Olfato, olor
  • El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños. (Graham Greene)
—Pérdida de sentidos: Ceguera, Sordera
  • A sordos y ciegos hace testigos el dinero. (Refrán)
  • Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego. (Proverbio árabe)
  • Al ciego no le aprovecha pintura, color, espejo ni figura. (Refrán)
  • Dar palos de ciego. (Refrán)* 
  • En el país de los ciegos, el tuerto es rey. (Refrán)
  • A palabras necias, oídos sordos. (Refrán)
  • No hay peor sordo, que el que no quiere oír: otro hay peor, aquel que por una oreja le entra, y por la otra se le va. (Frase proverbial, Tirso de Molina, Gracián)
  • Ese sordo genial que escuchaba el infinito. (Victor Hugo sobre Beethoven)
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*Actuar sin saber lo que se hace.


ANEXO: POEMAS SOBRE LOS SENTIDOS
Existían tus manos, Antonio Gamoneda+
Gozo del tacto, Dámaso Alonso+
Los sentidos (Cantos escolares), Amado Nervo++
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+Sentido del tacto.
—En «Gozo del tacto», de Dámaso Alonso (1898-1990), el poeta exalta la experiencia gozosa del tacto.
Hombre, toca, toca
lo que te provoca:
seno, pluma, roca...

«Existían tus manos», de Antonio Gamoneda (1931), parece expresar el calor humano de las manos, cuyo tacto transmite tranquilidad y elimina los miedos.
Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.

++Sentidos en general.
—«Los sentidos», de Amado Nervo (1870-1919), es un canto para niños que describe la función de los cinco sentidos.
Niño, vamos a cantar
una bonita canción;
yo te voy a preguntar,
tu me vas a responder:
Los ojos, ¿para qué son?
—Los ojos son para ver.
—¿Y el tacto? —Para tocar.
—¿Y el oído? —Para oír.
—¿y el gusto? —Para gustar.
—¿Y el olfato? —Para oler.
—¿El alma? —Para sentir,
para querer y pensar.

Alegoría de los cincos sentidos (h. 1632), Theodoor Rombouts
v. también: Los cinco sentidos (1617-1618), Jan Brueghel el Viejo
[serie de cinco cuadros alegóricos de cada sentido]

domingo, 8 de febrero de 2009

Humanismo médico


En principio, hemos de entender por Humanismo médico el cultivo que hacen los profesionales de la medicina de alguna de las actividades o disciplinas tradicionalmente consideradas humanísticas (literatura, filosofía, lenguas e historia), y/o de otras añadidas que seguidamente enumeraremos. A tales profesionales los calificamos de médicos humanistas. El humanismo supone alejarse de la despersonalización reinante en la actualidad, pero sigue siendo el eje sobre el que giran los buenos médicos, aquellos que van más allá del acopio de conocimientos científicos.

Siguiendo el modelo americano, bajo el epígrafe de Humanidades médicas (Medical Humanities) se recogen las “ciencias socio-médicas”; por orden alfabético: antropología médica (cultural y filosófica), bioética médica, comunicación médica (entrevista clínica, relación médico-paciente), derecho sanitario, economía de la salud, educación médica, estética médica (literatura y arte en general), historia de la medicina, psicología médica, sociología de la salud, teoría y método de la medicina (información, documentación y terminología). Las principales son, tal vez, la antropología médica, la bioética, la historia de la medicina, la psicología y la sociología.

Los médicos humanistas adoptan una actitud renacentista, preocupados por abarcar otros campos del saber y de las artes –ávidos de alimentarse del mundo, no conformes con el monótono placer de un solo plato–, sin necesidad de llegar al extremo del irrepetible Leonardo. Basten de ejemplo los siguientes nombres reconocidos, tres de ellos hispanos, referidos por orden cronológico:

Rudolf Virchow (1821-1902): patólogo alemán entregado a la antropología.

William Osler (1849-1919): médico canadiense, considerado el padre de la medicina moderna, y eminente pensador.

Karl Aschoff (1866-1942): patólogo alemán, continuador de la obra de Virchow, que cultivó la historia de la medicina.

Harvey W. Cushing (1869-1939): neurocirujano norteamericano y primer biógrafo de Osler.

Gregorio Marañón (1887-1960): médico y endocrinólogo madrileño, historiador y ensayista.

Juan Rof Carballo (1905-1994): médico lucense considerado el padre de la medicina psicosomática y ensayista científico-filosófico.

Pedro Laín Entralgo (1908-2001): médico turolense, historiador de la medicina y ensayista.
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Por sus importantes contribuciones, podemos citar también al coruñés Roberto Nóvoa Santos (1885-1933), patólogo y escritor que estuvo obsesionado con el enigma de la muerte, al barcelonés José Barón Fernández (1904- ), que realizó estudios sobre Vesalio y Miguel Servet, y al compostelano Domingo García-Sabell (1909-2003), ensayista y político. Y considero necesario incluir al cardiólogo Manuel Fuster Siebert, (1944-2008) traductor de la última biografía de Osler (“William Osler: una vida entregada a la medicina”, de Michael Bliss), cuyo fallecimiento, el pasado año, fue profundamente sentido; por haber sido alumno suyo, doy fe de sus inquietudes humanistas y, al igual que el médico canadiense, de su ejemplar proceder y total entrega a la medicina.

Entrada relacionada:
Guía de Humanidades médicas

viernes, 6 de febrero de 2009

Relación médico-paciente: Decálogo para una buena relación


La atención al paciente empieza cuando se logra
una relación personal entre él y el médico.
Harrison: Principios de Medicina Interna,  Cap. I. La práctica de la medicina

Habiendo bebido en diversas fuentes y nutrido de opiniones ajenas, valorando la visión distante y la propia reflexión pausada, dejando de lado cualquier originalidad, me aprovecho del socorrido y delimitador decálogo para enumerar, a modo de resumen, los preceptos que estimo prioritarios en el proceso de comunicación en atención primaria. Espero que sirvan a otros de provecho.

1) Adecuada conducta profesional
  • escucha activa
  • actitud abierta (generación de confianza)
  • sabio empleo de la “autoridad” y del “poder” terapéutico
  • lenguaje claro
  • elevación de la autoestima
  • papel de consejero (no de intimidador ni discutidor)
  • reconocimiento de errores
  • buen humor
2) Adecuada respuesta del paciente
  • enfrentamiento con la enfermedad
  • colaboración (con motivación y manejo de “problemáticos”)
  • enfoque realista en efectos colaterales farmacológicos
  • enjuiciamiento de la información que le brindan los medios
  • valoración del sistema de salud
3) Adecuado ambiente
  • consultorio digno
  • sala de espera agradable
  • aislamiento acústico
  • tiempo de espera razonable
4) Disminución de la presión asistencial
  • limitación del número de pacientes
  • sustitución de personal ausente
  • controlar demanda y mejorar condiciones con excesiva demanda
5) Disponibilidad de tiempo
  • objetivo de la "Plataforma Diez Minutos"
  • distribución por "tramos"
6) Desburocratización de las consultas
  • cambio del modelo de receta
  • eliminar documentos inadmisibles y revisar cuestionables
7) Personal auxiliar de apoyo

8) Servicios sociales apropiados
  • asistencia social
  • centros sociales y recreativos
9) Educación sanitaria de la población
  • promoción de salud en AP
  • educación sanitaria escolar
  • educación sanitaria en la comunidad
  • medios de comunicación responsables
10) Delimitación explícita de competencias
  • mejora de la organización asistencial
  • evitación del intrusismo profesional
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Estas son las conclusiones -que analizaré en el futuro- del estudio publicado en la revista médica Cadernos de Atención Primaria, editada por la “Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria” (Agamfec), con el mismo título:

Brea Feijoo JM. Decálogo para una buena relación médico-paciente. Cad Aten Primaria 2007; 4 (14): 240-244.

(Disponible en este enlace: segundo artículo del apartado "Espazo para o debate")


Partiendo de las bases teóricas de la comunicación y, en definitiva, de la entrevista clínica, se analizan diez condicionantes de la relación médico-paciente sobre los que, sin duda, es preciso incidir para conseguir el buen fin que anuncia el título. Se consideran las actitudes y la conducta profesional que debe adoptar el entrevistador, la respuesta del paciente, el medio donde se realiza la entrevista y otros factores que podrían perjudicar la comunicación. Porque es posible mejorar notablemente la recíproca relación médico-paciente, poniendo interés por nuestro lado, aconsejando y educando a la ciudadanía desde el primer nivel asistencial, e instando a las autoridades sanitarias a mejorar el medio en que nos movemos y dejamos buena parte de nuestra vida.

jueves, 5 de febrero de 2009

La agenda racional



La agenda médica racional es la que permite al médico atender a sus pacientes
adecuadamente en un tiempo determinado.

Estoy convencido, desde hace mucho, que la presión asistencial [en atención primaria] no depende de lo cuantioso que sea el cupo, sino de la distribución de la agenda, de su racionalidad o, si se quiere, de su calidad. Planificando las cuatro horas de asistencia a razón de 10 minutos por paciente habría de atender a 24 usuarios (25 redondeando), un imposible con nuestro actual modelo organizativo. 

Pero yo iría más allá de la rígida cadencia distributiva, de manera que citaría por tramos de media hora: por ejemplo, 3 pacientes a las 09:00, otros tres a las 09:30, otros tantos a las 10:00 y así sucesivamente. [Así se suele hacer en consultas hospitalarias.] La espera no habría de ser excesiva (20 minutos como máximo) y podría aprovechar mucho mejor el tiempo, por tres razones elementales. Primera: se evitaría el “vacío” por la incomparecencia de algún paciente (raramente habrían de fallar los tres de un tramo horario). Segunda: si resuelvo el problema de un paciente en 5 minutos, me quedarían 25 para los otros dos del mismo tramo, acaso con problemas más complejos. Tercera: de surgir una demanda imprevista (cita forzada, urgencia), me vería mucho menos agobiado por la flexibilidad establecida.

En resumen, la mejora vendría a través de una agenda médica racional y realizando una sensata reorganización asistencial (en todos los sentidos reiterados hasta la saciedad), en pos de la eficacia y la recuperación del entusiasmo. De lo contrario, estaremos condenados a seguir como amanuenses indefinidamente, cubriendo recetas y partes de baja, y obligados a derivar pacientes al segundo nivel por el agobio; insatisfechos con nuestra ineficaz tarea, resignados con nuestra negra sombra y lamentándonos de nuestra triste suerte. ¿O no lo creéis así?

[Comentario al artículo de opinión "Diez minutos sí, cupos pequeños no", de Rafael de Pablo (7DM, nº 746, 11/04/2008), quien propugna la idea del control de la agenda médica (listado de pacientes con cita previa) por parte del propio médico; es decir, su autogestión, como dictamina la lógica. ]
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Creo conveniente una apostilla a este comentario personal. Si es inviable el ideal de 10 minutos por paciente y, por ello, la distribución de 3 pacientes cada media hora, nadie debiera oponerse a distribuirlos en tramos de 20 minutos (tendríamos una media de casi 7 minutos per cápita). Serían 9 pacientes cada hora y un total de 36 en las cuatro horas (sin contar los “extras”). Siguiendo el razonamiento anteriormente expuesto: 3 pacientes a las 09:00, otros tantos a las 09:20, a las 09:40, a las 10:00 y así sucesivamente, sin la rigidez de la cadencia fija por individuo. En comparación con la que tenemos, ésta sería una agenda médica de calidad, racional o razonable. Sería lo ideal para sortear el agobio de los profesionales y satisfacer las necesidades de los pacientes.

Justificación de los 10 minutos
[Imagen añadida post.]
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Nota. Más cupo no implica más presión asistencial si nos atenemos a que, en estadística, correlación no significa causalidad. Es decir, si dos variables se mueven juntas no quiere decir que una sea la causa de otra. Y el médico de familia no dispone de poco tiempo total, tiene demasiados usuarios asignados en cada jornada y, en consecuencia, tiene pocos minutos para cada uno.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Temor humano


Sin duda, lo que más preocupa al hombre es su propio temor
; el miedo a lo desconocido, al dolor, al sufrimiento, al abandono, a perder las facultades, a la soledad… a la vida. En algunos casos, el temor despierta tal inquietud que impide el mínimo disfrute, provocando un sin vivir que es casi peor que estar muerto. Entonces se hace necesario eliminar esa ansiedad que el temor produce, hallar el modo de relajarse para alcanzar una tranquilidad, aunque sea pasajera. En ocasiones bastará el consuelo de una palabra amable, o una mentira piadosa, o un beso, o una caricia.

El temor nos intranquiliza, y la intranquilidad nos deteriora psíquica y físicamente; nos distorsiona en lo emocional y acelera nuestro envejecimiento, afuera y adentro, manifiesta en arrugas cutáneas o canas del cabello, oculta en la esclerosis de las arterias o en el sustrato neuronal. Los animales también sufren ansiedad provocada por el temor, y bien lo saben los veterinarios (se ha propuesto relajar a las vacas mediante masaje con cepillos eléctricos, a fin de que produzcan más y mejor leche). Pero la ansiedad humana es peor, porque el hombre puede analizarla.

Reza el dicho: si buscas ratos felices, no analices; un imposible, porque el hombre es un ser pensante. Al analizar nuestro entorno o nuestras circunstancias, experimentamos intranquilidad y tememos que lo malo pueda ir a peor. Y para desprendernos del temeroso lastre invocamos a los dioses o pedimos ayuda a otros mortales, quienes a su vez habrán de buscar su propio remedio. Cada cual procurará su alivio, su lenitivo, su bálsamo, en las indescifrables profundidades del ser o en el más o menos luminoso mundo exterior. El espíritu necesita estar en consonancia con lo orgánico para preservar la paz. Y en esa necesidad, tantea las diferentes vías que a la mente se le muestran.

Y al temer se busca ayuda... Uno consulta a un adivino para que le diga lo que espera (que tendrá trabajo, salud y amor) y lo libere de su temor. A un sacerdote para que le dé esperanza en el más allá (que confíe en la otra vida, que su mal es transitorio, que el paraíso le aguarda) y lo ilumine. A un abogado para que le garantice libertad y propiedad (que no ha de ir a prisión, que no perderá sus bienes) y pueda dormir tranquilo. A un médico para que lo consuele (que lo suyo no es grave, que esté tranquilo, que de eso no ha de morir) y lo descargue de su gran preocupación.

¡Libérate del temor! Porque como dijo Horacio, el poeta romano, quien vive temeroso nunca será libre.

O, después de todo, ¡sigue la recomendación de Krishnamurti!: Haz lo que temes y el temor desaparecerá.

Miedo: emoción desagradable por la percepción de un peligro, real o imaginario.

Otros pensamientos aforísticos sobre el temor o miedo (aprensión)
  • El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal. (Aristóteles)
  • El miedo es natural en el prudente, / y el saberlo vencer es ser valiente. (A. de Ercilla)
  • El miedo no evita la muerte. El miedo evita la vida. (N. Mahfuz)
  • El miedo, en todas sus formas inimaginables, es un factor fundamental que mina la salud del hombre moderno. (K. Lorenz)
  • Para aquel que tiene miedo, todo son ruidos. (Sófocles)
  • A menudo el temor de un mal nos lleva a caer en otro peor. (N. Boileau)
  • El miedo corrompe la inteligencia y es una de las causas de la egolatría​. (Krishnamurti)
  • El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos. (Pitágoras)
  • La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido. (H. P. Lovecraft)
  • El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo. (T. Hobbes)
  • Enfermo de aprehensión: el que va al médico a que le diga lo que no tiene. (V. Iglesias Viqueira)
  • Hacer de tripas corazón. (Expresión) [Esforzarse en disimular el miedo]
  • No hay medicina para el miedo. (Prov. escocés)
Y añadimos:
  • El miedo es natural, pero incontrolado es enfermedad o cobardía.
  • El miedo anula la racionalidad.
  • El miedo puede ser causa del derrumbe humano.
  • El desconocimiento o la no comprensión de algo genera miedo.
  • El miedo al diferente, como a lo desconocido, es natural y comprensible.
  • El espantapájaros es un provocador de miedo.
  • Cuando el miedo es excesivo se habla de “miedo cerval”, y en Derecho de “miedo insuperable”.*
  • El miedo puede ser un arma de manipulación masiva.
  • Infundir temor es un medio para dominar.**
  • Se utiliza el miedo como estrategia de venta de muchos productos; es el marketing del miedo. 
  • La angustia es hija del miedo.
  • Frente al temor, valor y confianza.
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*Cuando el miedo es irracional, obsesivo y angustioso, hablamos de fobia. Es lo contrario a la filia (amor o afición por alguien o algo). [Fobias y filias]
**Infundir o causar temor: atemorizar, amedrentar, intimidar. 
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—Temeroso, miedoso (medroso, asustadizo, cobarde)
  • El que teme es un esclavo. (Séneca) [Esclavo de su propio temor.]
  • Al que vive temiendo nunca lo tendré por libre. (Horacio)
  • El que teme sufrir ya sufre el temor. (Prov. chino)
  • El peligro es tanto más grande cuanto mayor es el temor. (Salustio)
  • La crueldad es un tirano sostenido por el miedo. (Shakespeare)
  • El que es temido por muchos, debe temer a muchos. (P. Siro)
Timidez y Vergüenza (retraimiento, cobardía)
  • La timidez es una forma de temor.
  • La timidez es como un traje mal hecho. (R. Gómez de la Serna)
  • La timidez se funda en el temperamento y se expresa en el carácter.+
  • Mejor suena en las orejas de los que lo oyen «el tal caballero es temerario y atrevido» que no «el tal caballero es tímido y cobarde». (Cervantes, Don Quijote, Segunda parte, cap. XVII)
  • Nada hay tan tímido como el hombre en estado natural. (Rousseau)
  • Soy un tímido con muchos recursos. (P. Ruiz)
[Vergüenza vs. Desvergüenza]
  • La vergüenza es timidez pasajera.
  • La vergüenza es origen de todos los bienes; por vergüenza hace el hombre lo que no quiere. (Don Juan Manuel)*
  • Más vale vergüenza en el rostro, que mancha en el corazón. (Cervantes)
  • Ponerse uno colorado. (Expresión) [Avergonzarse]
  • Extraño es el sentimiento de alipori. [Definición: vergüenza ajena]
  • Los descarados no tienen vergüenza; la desvergüenza los define.**
  • Tener cuajo. (Expresión) [Tener desvergüenza]
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*El «Cuento 50» de El conde Lucanor de Don Juan Manuel trata de la vergüenza, que la considera la mejor cualidad que puede tener el hombre: «Obra bien por vergüenza si quieres bien cumplir, / que es la vergüenza madre de todo buen vivir».
–La palabra griega anaideia significa desvergüenza o no-vergüenza.
**Expresiones de descaro: “ser... un sinvergüenza, un descarado, un caradura”, ‘‘tener... mucha cara, mucho morro, mucha jeta, más cara que espalda”. En ocasiones tímidos disimulan su timidez con el descaro.
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  • Los celos son una forma de temor.
  • Son los celos cierto temor / tan delgado y tan sutil, / que si no fuera tan vil, /pudiera llamarse amor. (Lope de Vega)
  • Los celos son inquietud por sospecha, recelo de que la persona amada haya mudado, poniéndolo en otra. 
  • Celos: picor del amor. (R. Gómez de la Serna)
—Consejos contra el miedo
  • No tengáis miedo sin razón, ni os asustéis por amenazas, ni por dichos de nadie. (D. Juan Manuel)
  • Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. (E. Chillida)
  • No es tan fiero el león como lo pintan. (Refrán) [No es tan temible...]
  • Mejor es morir de una vez que estar siempre temiendo por la vida. (Esopo)

Muchas más son, Lucilio, las cosas que nos aterran que las que realmente nos aprietan, frecuentemente sufrimos más las opiniones que la realidad. (...) lo que simplemente te aconsejo es que no seas desgraciado antes de tiempo como cuando aquellas eventualidades que tenidas por inminentes te provocaron pánico: quizás no lleguen nunca, en todo caso, no llegaron.
Algunas cosas en efecto nos atormentan mucho más de lo que deben, otras antes de que deban, todavía otras nos atormentan bien que de ninguna manera deban hacerlo; o bien agrandamos el dolor, o bien lo adelantamos o bien lo fraguamos. 

martes, 3 de febrero de 2009

La continua búsqueda sonora


El arte inspirado por las musas, desde su expresión religiosa o profana primigenia, ha seguido un curso largamente progresivo, marcado por transiciones conducentes a cambios. Convencionalmente, en una clasificación cronológica occidental se habla de grandes períodos musicales, haciéndose referencia a sucesivos estilos de música: medieval, renacentista, barroca, clásica y romántica. Quedarían sin tipificar los dos extremos históricos: la música de la antigüedad, por desconocida, y la moderna –asumiendo la de los últimos cincuenta años como propiamente contemporánea–, por suponer una disgregación estilística. (Ver cuadro sinóptico)

Alcanzado el s. XX y llegada la Época Moderna, aún prevalecía la individualidad propugnada en el Romanticismo, pero comenzaban a producirse grandes innovaciones. La música tonal, fácilmente comprensible y predecible en su desarrollo, había seguido hasta finales del s. XIX una evolución aparentemente natural, sin demasiadas convulsiones, pero a partir de entonces se iban a imponer nuevos lenguajes musicales. Surgió el impresionismo musical, haciendo énfasis en los efectos tímbricos. Comenzó a imponerse la atonalidad, mediante el serialismo y su técnica principal, el dodecafonismo, utilizando en serie las doce notas de la escala cromática, inasimilable para oídos no acostumbrados a tan peculiar lenguaje. Irrumpió la politonalidad y la modalidad

Comparadas con lo anterior, las corrientes experimentales eran difíciles, extrañas o desagradables, nada predecibles. No obstante, en medio de las turbulencias se produjo un retorno a lo clásico, un neoclasicismo, sin impedir una combinación de lenguajes que conllevó auténticas ensaladas estilísticas. Algunos compositores prefirieron permanecer al margen de rupturas y seguir la línea continuista, emulando a sus predecesores; otros llegaron hasta el borde del abismo innovador y allí se detuvieron. Pero la desaparición de la escena de grandes maestros no detuvo a la gran música en su imparable avance.

Como parte de la música experimental desarrollada, a fines de la década de 1940s comenzaron a grabarse sonidos y ruidos de la calle o de la naturaleza y a combinarlos con sonidos instrumentales, surgiendo así la llamada música concreta, que marcó el comienzo de la música electrónica al comprobarse que el sonido grabado era susceptible de manipulaciones electroacústicas ilimitadas. Otra corriente innovadora fue la música aleatoria, que daba gran valor a la improvisación. La posterior evolución de la música de vanguardia, las diferentes escuelas y la intensa experimentación producida –hasta la extravagancia– no entran en el cometido de este estudio sintético. Con intención generalizadora, basten dos ideas: la de elitismo intelectual, por estar reservada a minorías (siendo poco aceptada por el público y escasamente programada en conciertos), y otra de mezcla, derivada del uso combinado de instrumentos clásicos, aparatos electrónicos y cintas grabadas.

(1) Caída del Imperio Romano.
(2) La llegada del Barroco (s. XVII) marca una línea divisoria controvertida.
(3) Desde 1720 se entronca un estilo rococó (galante), preclásico, principalmente en Francia.
(4) En 1836 (estreno de “Una vida por el Zar” de Glinka) se inicia el Nacionalismo musical.
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He reproducido una parte del artículo publicado en OpusMusica (revista de música clásica), una síntesis de la evolución musical en la historia y en sus diferentes lenguajes. Dejo el enlace de acceso al escrito íntegro:

lunes, 2 de febrero de 2009

El Lied (1): Singularidad y fuerza de atracción


Se da por supuesto el profundo conocimiento de la poesía que los compositores de Lieder (plural de Lied) revistieron de melodía, porque de lo contrario no sería posible llegar a esa adecuada conjunción íntima, lírica, de música y palabra. Es cierto que en ocasiones los textos elegidos, o concebidos por ellos mismos, están por encima de la música que les fue asignada y que, por contra, en otras el ropaje musical supera al contenido poético; pero cuando se logra el perfecto emparejamiento que alcanza la cumbre suprema, el artístico milagro hace que texto y música sean ya inseparables. No debemos olvidar que los Lieder envuelven argumentos intemporales, que tratan de la vida, del amor y de la muerte, que besan la naturaleza, loan la libertad y lloran el abandono; generalmente alzan una voz doliente que busca la liberación, considerando la poesía como clamor del desaliento, grito desesperado por la incomprensión circundante y canto de indescriptible belleza.

Merece la pena adentrarse en la obra de los principales compositores del género y, si hay posibilidad, explorar los Lieder de otros músicos no tan divulgados pero dignos de atención, por la originalidad de sus creaciones o por cualquier singularidad.

Se hace indiferente hablar de Lied o de canción (culta), englobando otros términos, como melodía o balada, escogidos por algunos músicos; en definitiva estamos haciendo referencia al mismo tipo de composición vocal acompañada, si bien diversa en sus límites. Los Lieder pueden invitar al recogimiento, ser evocadores o contener historias compendiadas, revelar mundos en unos pocos minutos de sonora hermosura, de manera íntima y sencilla –que no simple–, sin efectismos vanos. A los no conocedores de espíritu sensible, el descubrimiento de maravillosas canciones insospechadas habrá de proporcionar un enorme deleite cuando se entreguen a su placentera escucha.

Quien se acerque sin prejuicios a los Lieder probablemente se quedará atrapado, al comprobar que se disfruta con estas miniaturas literario-musicales tanto como con obras operísticas o composiciones sinfónicas de gran envergadura. Si como unidades independientes pueden ser plenamente satisfactorias, los buenos ciclos de canciones colman los apetitos musicales más voraces. No creamos que la canción culta se sustenta en el instrumento natural y que es insustancial el acompañamiento; cuando se dice que el piano acompaña a la voz, debe entenderse que participa en paridad de la interpretación artística, que su intervención es decisiva, que no va de comparsa. Así debe ser, y así sucede al menos con las piezas maestras.

Son múltiples las formas de las sonoridades y diversos los colores que irradian de las canciones desde los primeros tiempos; e infinitas las posibilidades futuras, a pesar de que se hable de crisis del Lied, por haberse perdido en parte la esencia de la canción artística, simple, breve y cantabile. Aguardemos la luminosa expansión de los Lieder, en la confianza de que su fuego no se extinga jamás.
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Ésta es la última parte de un artículo publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre el nacimiento y evolución del Lied (pl. Lieder, término alemán: literalmente canción), denominación de la canción culta o composición a una o varias voces, con acompañamiento instrumental, generalmente pianístico:  

Historia del Lied en siete conciertos

domingo, 1 de febrero de 2009

No hay que callar

Quien opina es portavoz de otras conciencias que piensan parecido pero no se atreven a expresar su discrepancia. Quien frena la lengua o detiene la pluma lo hace por temor a represalias, vergüenza infundada o miedo invencible; puede que también por indiferencia. En un espacio de libertad aparente, quien opina es valiente o no tiene nada que perder. Quien no está dispuesto a comulgar con ruedas de molino transmite sus razones y, aun con talante amigable, va más allá en su atrevimiento.

Nada nos debe detener frente a la estupidez. Las fuerzas negativas que arremeten descaradas deben ser refutadas con el poder de la razón, cargada con apropiada dinamita dialéctica. Callar o relamerse ante argumentos infumables es torpeza, desidia o cobardía. Miro esas caras embobadas por declaraciones que idiotizan y me lamento. Miro esos rostros con su estúpido rictus sardónico y me estremezco. ¡Adelante –me digo–, con educada vehemencia! Asumo el dicho clásico: la cortesía no quita valentía.

Cansado estoy de inoportunos, molestos, descarados, indiscretos, cargantes, pesados, fastidiosos, chinches, moscas innombrables, que van por la vida avasallando, vejando, pisoteando, ultrajando, sin la menor consideración. Ya no es sólo su mala educación la que ofende sino su indignante falta de respeto, alardeando con aire chulesco de una superioridad infundada y necia. Contra la impertinencia me rebelo. Y a los impertinentes me enfrento, no con sus insolentes armas, sino con la sana valentía que engendran.

Algunos dicen que es mejor callar, someterse, no complicarse, pasar ratos felices sin analizar acontecimientos ni situaciones, disfrutar los cuatro días, vivir sin detenerse… Sé que conviene muchas veces morderse la lengua. Sé que la libertad de expresión tiene sus límites. Sé que es buena terapia reírse de todo, y por supuesto de uno mismo. Sé de ese dicho: ¡vive y deja vivir! Y a pesar de todo, necesito mantener la libertad de pensamiento. Por eso hago míos los versos de la Epístola satírica y censoria del gran Francisco de Quevedo, indómito y sentimental:

No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?


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AFORISMOS SOBRE VALENTÍA Y COBARDÍA
  • La valentía es el dominio del miedo.
  • No es valentía la temeridad. (Cervantes)
  • El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad. (Calderón de la Barca)
  • El verdadero valor consiste en saber sufrir. (Voltaire)
  • Hace falta más valor para sufrir que para morir. (Napoleón I)
  • Demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad. (Aristóteles)
  • A moro muerto, gran lanzada. (Refrán) [Ostentación de valor]
  • El miedo es natural en el prudente, / y el saberlo vencer es ser valiente. (A. de Ercilla)
  • El verdadero valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el mundo. (F. de La Rochefoucauld)
  • Tener agallas. (Expresión) [Arrestos, valentía, coraje, audacia]
[Valiente]
  • El valiente tiene miedo del contrario, el cobarde de su propio temor. (Quevedo)
  • Es valiente el que teme lo que debe temerse, y no teme lo que no debe temerse. (L. Tolstoi)
  • Eran dos soldados: uno murió como un valiente, el otro se salvó como un cobarde. (Figura de contraste: quiasmo o antimetábole)
  • El valiente no es el maromo chulesco.
Coraje, Entereza
  • El coraje es sinónimo de valentía, pero suena más rotundo.+
  • El coraje no se puede simular: es una virtud que escapa a la hipocresía. (Napoleón I)
  • Quien no teme a la muerte no teme las amenazas. (P. Corneille)
  • Coger el toro por los cuernos. (Expresión) [Enfrentarse a una situación con valentía]
  • La cobardía es una expresión de miedo. (Anónimo)
  • La cobardía es la madre de la crueldad. (Montaigne)
  • El heroísmo no se puede exigir, pero la cobardía no se debe disculpar. (V. Moragas)
  • No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe. (Platón)
  • La desesperación infunde valor al cobarde. (T. Fuller)
  • La indiferencia puede significar cobardía.*
  • Frente al verbo acobardar, el arrostrar: plantar cara o resistir sin dar muestras de cobardía.
  • La procrastinación, si no es por miedo, se debe a cobardía.
  • Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto. (I. Gandhi)
[Cobarde]
  • El valiente tiene miedo del contrario, el cobarde de su propio temor. (Quevedo)
  • El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo. (Goethe)
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*Puede esconderse la cobardía bajo expresiones de indiferencia, algunas tan vulgares como ‘‘me la suda’’, ‘‘me la pela’’, ‘‘me la trae floja’’, ‘‘me la refanfinfla’’.
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Fortaleza* vs. Debilidad
  • Es más fácil dar consejos que sufrir con fortaleza la adversidad. (Eurípides)
  • Todos poseemos suficiente fortaleza para soportar la desdicha ajena. (F. de la Rochefoucauld)
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*Además de fuerza y vigor, en el cristianismo es una virtud cardinal, consistente en vencer el temor y huir de la temeridad.
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viernes, 30 de enero de 2009

Enseñanza y Atención sanitaria


El objetivo de la enseñanza es que los alumnos aprendanEl objetivo de la sanidad es que los ciudadanos tengan una protección adecuada de su salud.

Leyendo un artículo de opinión sobre la comprensión lectora de los estudiantes, me doy cuenta de la similitud de dificultades que tienen educadores y profesionales sanitarios, y en particular maestros y médicos generales, como consecuencia de errores de planificación y organizativos en sus respectivos sistemas, educativo y sanitario.

Me quedo con los puntos esenciales que atañen a maestros y alumnos:
  • No debiera plantearse el objetivo de leer más, sino mejor.
  • El sistema (educativo) sigue empeñado en afrontar nuevas materias y conocimientos, aunque el alumno no tenga la base imprescindible.
  • Retrocedimos en comprensión lectora.
  • Hay una obsesión por todo menos por lo esencial.
  • Muchos libros y mucha tecnología con horarios apretados.
  • Poco tiempo para la lectura pausada, la comprensión y la asimilación.
  • Las presiones de los padres y de la Administración dificultan la labor de los buenos maestros.
  • Sin entender, el alumno avanza a trancas y barrancas… hacia el fracaso.
Y los parangono con la actividad médica y su repercusión en el paciente:
  • No debiera plantearse el objetivo de atender a más usuarios, sino adecuadamente.
  • El sistema (sanitario) sigue empeñado en aumentar la cartera de servicios, por más que algunos servicios básicos sean insuficientemente brindados.
  • Retrocedimos en comunicación médico-paciente.
  • Hay una obsesión por obtener datos y no por resolver los problemas.
  • Mucha formación continuada con escasa aplicación práctica.
  • Poco tiempo para satisfacer las necesidades de cada paciente.
  • Las presiones de los usuarios y de la Administración dificultan la labor de los buenos médicos de familia.
  • Sin eficacia ni eficiencia, se avanza a duras penas... hacia la insatisfacción general.
En definitiva, la calidad se ve mermada en ambos casos –con diferencias intercomunitarias–, y en el primer nivel sanitario tal vez más por una rémora creciente: la burocracia; una cuestión palpitante que, lejos de resolverse, se redobla (se ha estimado que el papeleo supone al menos un 40% del tiempo disponible en consulta de Atención Primaria). Educación y Sanidad, dos pilares sociales básicos, precisan en Hispania de voluntad política y eliminación de barreras partidistas; probablemente las mejoras hayan de venir propiciadas por pactos estatales. Si esa voluntad no llega, ambas seguirán yendo a la deriva.
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Fuente de inspiración:
Currás C. Lectura, lectura, lectura. La Voz de Galicia 2008; Sec. Opinión: Nuestra escuela; p. 17.

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Objetivo, objeto, fin, finalidad, meta.

ANEXO: AFORISMOS SOBRE EL OBJETIVO [Proverbia]
  • El objetivo es el fin o la meta a la que se dirige una acción o un proyecto.
  • Mil rutas se apartan del fin elegido, pero hay una que llega a él. (M. de Montaigne)
  • Las dificultades aumentan conforme se aproxima uno al fin. (Goethe)
  • Solo la actividad orientada hacia un determinado fin hace soportable la vida. (F. Schiller)
  • Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá. (F. Schiller)
  • El hombre no debe seguir ciegamente un derrotero fijo. (A. Ganivet)
  • El fin justifica los medios. (Frase hecha, Maquiavelo?)
  • El que la sigue la consigue. (Refrán)
  • A la tercera va la vencida. (Refrán)
  • Quien busca atajos, busca trabajos. (Refrán)
  • Se puede instrumentalizar a personas para conseguir un objetivo.

jueves, 29 de enero de 2009

Atención Primaria versus Especializada


Parece estar en el ánimo de la autoridad sanitaria aliviar las listas de espera hospitalarias (de Atención Especializada o Secundaria) derivando pacientes a la Atención Primaria. Como desvestir a un santo para vestir a otro, pero en este caso al revés. ¡Esperpéntico, surrealista y triunfalista! Un despropósito sanitario para asombrarse primero, estremecer después y encolerizar finalmente. Aquí alguien está ciego, o ha perdido totalmente el rumbo, o vive en otro planeta.

El actual agobio en las consultas de los centros de salud es tal que de ninguna manera procede tomar medidas destinadas a sobrecargar todavía más a profesionales que están trabajando a contrarreloj –¡a las carreras!– y cada día más quemados. Por el contrario, procede liberar a médicos y enfermeros, de ambos sexos, de algunos quehaceres, en pos de la eficacia y la eficiencia. La Atención Primaria de Salud no puede, ni debe, abarcarlo todo y sin límite; ya sería el colmo adentrarse en áreas especializadas, porque se ahogaría definitivamente el primer nivel asistencial.

El usuario del sistema sanitario público sabe bien de la sobrecarga de su médico de cabecera (general o de familia), no desconoce su aislamiento y constata normalmente cómo ha de asumir el trabajo de otro, teniendo más que suficiente con su propio cupo de pacientes. Hasta se compadece de la mala cara que a menudo se le pone a quien ha de velar para que la suya mantenga un color de rosa. ¡Ay, Señor…!

Los cometidos de Atención Primaria y Especializada difieren, aunque el paciente sea uno y el fin de la sanidad el mismo. Por eso me pregunto: ¿A dónde se pretende ir o qué se desea alcanzar? ¿Acaso la desaparición del médico general y, por tanto, de la Atención Primaria? ¿Quizás el objetivo de Atención Primaria vs. Especializada, en el primitivo sentido latino de versus (“hacia”) o en el espurio actual (“contra o frente”)? ¿Tal vez la utópica creación de un supermédico

Percatémonos de que andamos muy escasos de galenos y no hay visos de que la situación vaya a mejorar. Muchos han optado por la emigración (especialmente a Portugal) en busca de mejores condiciones, y se duda que retornen. La subordinación de la atención primaria al hospital, y su desprestigio, contribuye a que muchos médicos de familia abandonen. El panorama es preocupante.

Entonces, ¿por qué no buscar fórmulas sensatas, originales, o copiar del exterior? 

Si los médicos generales trabajasen en unas mínimas condiciones de dignidad, podrían cumplir mejor sus objetivos y satisfacer las expectativas de los usuarios. Por muchas aptitudes y actitudes que atesoren, por más ilusión y buena voluntad que demuestren y aunque deseen lo mejor para sus pacientes, si no dan abasto y tienen que asumir lo que no les corresponde… mala cosa. Así que, como dice mi amigo Laureano: ¡Sentidiño!
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Inspirado en artículo de La Voz de Galicia (de 24 jul. 2006) con este titular: