Un médico de familia que acude al domicilio del paciente, en este caso un paciente singular... Y eso sí, se desplaza en un vehículo oficial. Como debe ser.
Valga esta infantil animación de contrapunto sonriente a nuestra sesuda entrada anterior sobre la reorganización de las urgencias, que creemos necesaria en un tiempo en el que la asistencia ha cambiado mucho. Abogamos por una atención urgente y sosegada, en centro sanitario o domiciliaria. Hacer dos cosas a la vez no es bueno, y acaso imposible ("soplar y sorber, no puede ser"). La atención programada simultaneada con la urgente está condicionada por el tiempo, que hay que repartir, con pérdida en una y otra, lo que limita las respuestas (se hacen insuficientes o inadecuadas) y favorece la comisión de errores.
A pesar de que menudo se oye que convendría pasar parte de la actividad de las urgencias hospitalarias* a la atención primaria, esta argumentación no debería ser el motivo por el que se reorientase la atención urgente.
Completamente de acuerdo. Y de acuerdo con este planteamiento, nos atrevemos a decir que la reorientación o reorganización de las urgencias debiera pasar por la creación de auténticos Servicios de Urgencia Extrahospitalarios, en sustitución de los actuales PAC (que asumen la perversión de una indefinida “atención continuada”)**, con un funcionamiento que incluya la jornada de mañana, no dejando el actual vacío de 8 a 15 h, y atendiendo a la recomendación de “por quien lo sabe hacer”: por profesionales especializados en la atención urgente. Quizás fuese suficiente con cubrir la franja horaria de 8 a 20 h (creo que se contempla así en otros países), momento en el que la cobertura sería estrictamente hospitalaria (sin detrimento de la existencia de unidades móviles para la atención urgente extrahospitalaria, domiciliaria o viaria).
Por otra parte, que el 061 movilice recursos que no le son propios (de centros de salud), supone en la práctica abandonar una actividad programada para hacer otra imprevista (lo que se dice “desvestir un santo para vestir otro”), dejando una carga de trabajo para otros profesionales ya de por sí sobrecargados. Algo que podríamos interpretar como otra perversión: la de un mal entendido trabajo en equipo. La movilización de recursos sometidos a una agenda médica (consulta programada) está fuera de toda lógica, porque degrada la atención y entraña menos “filtro” prehospitalario, pues genera más derivaciones a hospital (dificultad de manejo de la incertidumbre), y en consecuencia más gasto sanitario.
Cobra el máximo interés en el momento actual reorientar la atención urgente, dada la complejidad asistencial de estos tiempos, con más crónicos que nunca en el contexto de una sociedad más envejecida. En definitiva, ateniéndonos a la realidad social, los centros de salud deberían centrarse en la atención al paciente crónico, no dejando de atender las urgencias inevitables (producidas in situ). La demanda urgente mayoritaria debería ser atendida en esos Servicios de Urgencia Extrahospitalarios, específicos, especializados, con personal capacitado, que sí habrían de actuar como auténticos filtros prehospitalarios.
Las cuestiones técnicas de financiación ya quedan para los gestores. En cualquier caso, esperemos que en el futuro soplen buenos vientos....
Les Boréades, de Jean-Philippe Rameau Movimiento instrumental
***
Notas necesarias
*Las urgencias hospitalarias están atendidas por médicos de familia (extrahospitalarios, de atención primaria) desde la promulgación de la Ley General de Sanidad (1986), que dio lugar a la creación del Sistema Nacional de Salud (SNS) y del nuevo modelo de atención primaria. Un despropósito sanitario.
**La atención continuada ha convertido cualquier banalidad en urgencia, y es la causante de la demanda progresiva de atención urgente.
SANIDAD. Conjunto de servicios de Salud Pública destinados a preservar la salud, mediante su fomento, protección y restauración. La Atención Primaria es uno de esos servicios, pues ofrece –o debe ofrecer– una atención integral. Hermosa filosofía…
Un interesante debate sobre la Sanidad Pública, en el programa "No es un día cualquiera" de RNE, dirigido por Pepa Fernández. Poniendo la lupa sobre el tema sanitario, se pide la opinión de los participantes en la tertulia, se pregunta qué habría que mejorar, cuál es la situación laboral de los médicos, si hay mucha precariedad en el sector y si afecta a la atención de los pacientes, etc., y además se invita a participar a los escuchantes.
PREÁMBULO (00:00-06:33) Aunque la percepción del ciudadano es buena, pese a las quejas por los plazos de espera para atención especializada (hospitalaria) y por la carencia de recursos humanos por los recortes, el clamor de los profesionales es manifiesto, comenzando por el presidente de la OMC (Juan José Rodríguez Sendín), que se lamenta del maltrato a los médicos y de sus contratos precarios, lo que hace huir a muchos al exterior, y del malestar general por la sobrecarga de pacientes que deriva en estrés laboral. Tampoco se obvian las agresiones verbales y físicas a los sanitarios, que han ido en aumento; situaciones de acoso que no siempre se denuncian. Es más, el acoso se ha normalizado. Pero se traduce en una peor asistencia sanitaria. TERTULIA (06:34-29:35). Transcripción de puntos clave de intervinientes Doctor Óscar Gorría (urólogo)
El sistema sanitario está en detrimento, la calidad que estamos dando va cada año a peor, por la precariedad laboral y el acoso.
El sistema sanitario debe ser eficiente y en eso se basan las unidades de gestión clínica, que no se ha conseguido implantar.
Los cambios para mejorar precisan de voluntad política.
La precariedad laboral lleva a firmar diez contratos al año. Se pierde el continuum en la atención sanitaria.
El incremento de suicidios en profesionales de la sanidad puede atribuirse al aumento de las agresiones.
Doctor Manuel Mejías (médico de familia)
Teniendo un buen sistema sanitario, no se cuenta con los recursos necesarios, y el primer recurso es el tiempo.
Estamos tratando con personas, no con números.
Los ciudadanos deberían conocer lo que cuesta la asistencia, no para culpabilizarlos, sino para su toma de conciencia.
Las decisiones políticas se hacen sin contar con los profesionales.
La mitad de las personas acosadas se inhiben de denunciar las agresiones y acaban normalizándolas, quizá por temor a represalias.
Andrés Aberasturi (periodista)
Con buenos profesionales, falla el sistema. Hay recortes, pero hay también mucho despilfarro.
La descentralización de la sanidad en diecisiete autonomías es un disparate.
Cada vez tengo un médico de cabecera diferente... y con la mirada fija en la pantalla.
Los médicos tienen que dejar la consulta para acudir a una urgencia, lo que supone un problema importante.
Las urgencias y las agresiones son la perversión del sistema. Las urgencias están abarrotadas por las listas de espera.
Pepa Fernández (periodista, directora del programa)
Entre cinco y diez minutos que duran las consultas es muy difícil escuchar a nadie.
Hemos invitado a algún representante del Ministerio de Sanidad, pero han declinado.
OPINIONES DE ESCUCHANTES Y CONCLUSIÓN DE TERTULIANOS(29:36-37:54)
Los pacientes debemos ser conscientes del coste de cada atención.
El sistema se sostiene por el sobreesfuerzo de los profesionales.
El SNS es la mayor empresa de trabajo temporal.
El peligro de la politización del sistema sanitario es reseñable.
Por mi parte, envié cuatro tuits, de los cuales los dos primeros fueron leídos:
El drama de nuestra Sanidad Pública es el encuentro fugaz médico-paciente, que insatisface a ambos y fomenta la medicalización. (32:03)
Una Sanidad Pública con su Atención Primaria degradada y puesta al servicio de un hospitalocentrismo devorador es nociva. (35:43)
Que el médico de familia de nuestra Sanidad Pública tenga que pasar consulta a contrarreloj es aberrante. ¡Urge reorganizarla!
Es preciso una Sanidad Pública unificada, ordenada en su atención ordinaria y urgente, de calidad, eficiente, sensata y humana.
PREGUNTAS EN EL AIRE
¿Debe centralizarse la Sanidad?
¿Por qué hay diferencias de asistencia incluso en una misma autonomía?
¿Se está teniendo en cuenta el problema que se avecina con las numerosas jubilaciones no repuestas?
¿Se abordarán seriamente las situaciones de acoso, discriminación y maltrato a los profesionales sanitarios?
¿Llegará algún día la tarjeta sanitaria única para todo el territorio nacional?
¿Valoran los ciudadanos el coste sanitario?
¿Sirve para algo la llamada "factura sombra", aparte de encarecer más el sistema?
¿Convendría un modelo como el de Francia (el paciente paga la atención por adelantado y luego le restituyen el 75%) para evitar abusos?
Después de todo lo escuchado y expuesto (¡con la relativa sorpresa de que ningún representante del Ministerio de Sanidad y otros asuntos haya aceptado la invitación del programa!, brindándoles la oportunidad de dar su opinión autorizada en un medio público principal), que cada cual extraiga sus conclusiones.
Las respuestas, amigos, están soplando en el viento...
En una sociedad deshumanizada –que llaman del bienestar–, donde el engaño se impone como estrategia y el dinero manda, el ámbito de la salud no puede mantenerse ajeno. Como consecuencia: la pérdida de confianza, en general, y de la relación médico-paciente en particular. Ya hace mucho que la gestión de la empresa privada, con ánimo de lucro, entró en los hospitales públicos, en busca aquí de una teórica eficiencia, y que se impusieron protocolos dirigidos a objetivos economicistas (nunca pensando en el paciente), al tiempo que éste se fue desvirtuando en usuario (ni siquiera cliente).
El control de los recursos humanos es evidente, innegable la manipulación de los profesionales de la medicina. Se ha conseguido la división, el ninguneo de las voces discrepantes, las jefaturas vitalicias (¡hasta en atención primaria!), para que nadie se salga de la norma o, si se sale, volverlo a poner en su sitio. ¡Vaya democratización interna! La relación interprofesional deja mucho que desear (*), quiero pensar que por la general tensión derivada del sometimiento, y es lastimoso que los médicos de familia estén totalmente supeditados a las decisiones de los hospitalarios.
Por supuesto, cabe negarse a los improcedentes mandatos, pero las consecuencias no podrían ser asumidas por todos, pues de algo hay que comer; haría falta que todos, o la mayoría, se alzasen en contra de lo inaceptable, sin miedo, sin cobardía, con el coraje o el valor de quienes saben que llevan la razón y sienten el impulso imparable de un corazón sanamente rebelde que rechaza el servilismo. Pero claro, los intereses difieren, lo público entra en conflicto con lo privado, y en medio de prestaciones de servicios duales, conciertos hospitalarios, prebendas inconfesables… Siendo realistas, hacer un frente común es muy difícil, o imposible.
Sobre la técnica no habría nada que objetar si su frialdad se conjugase con un poco de calor humano. Sin embargo, los ciudadanos, en calidad de pacientes o usuarios, apelan a ella, confiando ciegamente en sus poderes (se les ha vendido mejor que las bondades de la longitudinalidad). Recuerdo a un médico tenido por humanista, ya fallecido, que había expresado –acaso afectado por la senectud–: “Cuando estoy enfermo quiero que me den técnica”. Si el paciente, o el mismo médico, atiende más a la biometría y a las máquinas que a la palabra sanadora o consoladora, también está en su derecho. No todo es blanco o negro.
No sé si cabe esperar alguna mejora, o un futuro menos amargo, pero creo que no hay que callar ante los atropellos. Por nuestro bien y por el bien de los demás. Las recargadas mentes, necesitadas de liberar sus pensamientos, acaban confundiéndose… y cometiendo errores. Querer deshacerse de un paciente puede interpretarse como necesidad de descarga emocional o como deseo de eludir una responsabilidad. Ya verlo como enemigo es un pecado ético, aunque no suela cometerse por animadversión hacia la persona, sino por odio al sistema. El médico sigue siendo humano, por más que se haya deshumanizado.
En fin, necesitamos que la medicina no se deshumanice todavía más, o que al menos se “desmaquinice” un poco. Necesitamos humildad y que se imponga en buena medida la honestidad. Necesitamos trabajar con menos presión, con mucha más tranquilidad. Necesitamos ejercer la medicina en buenas condiciones, en un adecuado ambiente en el que fructifique la entrega: proporcionándonos satisfacción –también reconocimiento, si cabe– y sobre todo el bienestar del paciente a quien nos debemos. Necesitamos decir lo que sentimos, aunque nunca se haga realidad esta bella utopía. Necesitamos entonar un canto de esperanza....
Volviendo la mirada atrás: los recién nacidos médicos de familia miraban al médico general con desconfianza, cuando, por el contrario, los especialistas hospitalarios admiraban su labor (lejos de esa admiración, los especialistas de ahora lo han convertido en simple MAP: médico de atención primaria). Nos referimos al médico de cabecera, y en particular el médico rural, ‘todólogo’ de toda la vida, que se sentía orgulloso generalista, sin que se rasgase las vestiduras porque no lo nombrasen especialista. Algo se ha hecho mal en la transición del primer nivel asistencial.
La irrealidad es alucinación o fantasía, locura o ilusión.
Lo irreal no existe y lo que es real nunca deja de existir. (Bhagavad-Gita)
No hay distinción firme entre lo real y lo irreal; ni entre lo verdadero y lo falso. Una cosa no es necesariamente o verdadera o falsa, sino que puede ser ambas: verdadera y falsa. (Harold Pinter)
Utopía: isla imaginaria con un sistema político, social y legal perfecto. (Tomás Moro)*
La utopía es aquello de difícil realización, pero no imposible.
Las utopías no son a menudo otra cosa que verdades prematuras. (Lamartine)
Nada mejor que el sueño para engendrar el porvenir. La utopía de hoy es carne y hueso mañana. (Víctor Hugo)
La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor. (A. France)
La búsqueda de utopías acarrea desgracias. (J. Adriansens)
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*Utopía (1516), de Tomás Moro. Descripción del estado ideal de una república en la isla de Utopía, con referencias a los pensamientos de Sócrates expuestos en La República de Platón, donde se describe asimismo una sociedad idealizada. Una reseña AQUÍ. Ya comentada en «Obras de pensamiento esenciales». [Ant. Distopía]
¿Acaso no hemos deseado alguna vez huir de la ruidosa civilización que nos oprime, en busca de un lugar de silenciosa paz que nos proporcione el necesario reposo? Quizá entonces hayamos sentido como nuestros los versos que Fray Luis de León (1527-1591) escribió «Vida retirada», una odaa la vida descansada, tranquila, sin ruido, dichosa –beatus ille–, cuyo comienzo es tan conocido:
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Estatua de Fray Luis de León, Salamanca
Ya en estos tiempos más agitados que los del poeta, hemos sabido que Dewey Bunnell, miembro del exitoso grupo de folk rock America, dijo que su popular canción Un caballo sin nombre era la metáfora de un vehículo alejándose de la confusión de la vida y yendo hacia un lugar tranquilo y pacífico. Al fin y al cabo parece haber sentido la misma necesidad, expresándola de otro modo.
In the desert you can remember your name
'Cause there ain't no one for to give you no pain En el desierto, no puedes recordar tu nombre,
porque no hay nadie para hacerte daño.
Aunque en el seno de la sociedad hay muchas labores que hacer, es comprensible el impulso de huida que cualquiera puede llegar a sentir...
A horse with no name- America
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Y hablando de caballos, unas nociones básicas para montar a caballo AQUÍ.
Déjense mecer por el dueto "Belle nuit", también conocido como Barcarola, de Los cuentos de Hoffmann, de Offenbach, y seguro que sentirán en su espíritu el maravilloso placer de vivir. ¡Escuchen con atención! ¿Quién se puede resistir a semejante belleza melódica? ¿Quién no se deja envolver por la serenidad que transmiten las humanas e instrumentales voces? ¿Quién, con un mínimo de sensibilidad, se atreve a desdeñar el atractivo del fugaz arte supremo? ¿Quién puede dudar ante el influjo de estas sonoridades del poder de la musicoterapia?
(Podría haber traído cualquier otro ejemplo de deliciosa música acariciadora y energética. Aun en el dolor más hondo, el adecuado fluir de las mágicas notas musicales habrá de dejar su relajante impronta y acaso haga aflorar una sonrisa.)
¡Deléitense en la escucha de la música vivificadora!
Déjense arrobar por el femenino dueto: mezzosoprano y soprano...
Y después de escuchar a Elīna Garanča y Anna Netrebko, dispóngase a afrontar una conmovedora reflexión en imágenes, que quizá ya conozcan, sobre el drama del enfermo oncológico. El de una enferma, profesora de literatura inglesa y versada en los poemas metafísicos de John Donne, a la que le comunican el diagnóstico de un cáncer terminal, con todo lo que entraña la comunicación de un diagnóstico potencialmente fatal. Un difícil trago para el terapeuta y un duro golpe para el doliente que se enfrenta a su grave enfermedad. Ante ella, una inesperada vereda hacia la muerte, a través de la cual ha de afrontar, con fortalecido espíritu, el doloroso deambular, mientras llegan algunos ecos de esperanza. Una humana tragedia contra el tiempo, en la que la comedia de la vida se realza y, aun en el sufrimiento, el humor se hace necesario. Una historia ejemplar que muestra la fragilidad de los mortales, válida para iluminar un poco la terrena oscuridad que envuelve nuestras almas, incluso las alegres o extrovertidas. Una angustiosa soledad, entre tantas soledades, terapéuticamente torturada, que precisa del calor humano más cercano, de los allegados y del propio personal sanitario.
Si la música necesita de silencios, aquí los silencios son música. Silencios cuyo vacío acoge el acariciador sonido de una flauta o el estruendo de un golpe de timbal; toda la gama sonora tiene cabida en ellos. Silencios que dicen más que mil palabras.
Asistan, pues, a la valerosa lucha de una mujer (¿sería del mismo modo la de un hombre?), necesitada de amor, del cariño de sus semejantes y del calor de una medicina compasiva. Traten de ponerse en su lugar y si, con solo suponer que se hallan en ese trance, les causa desazón, déjense aliviar por la terapéutica barcarola.
Muerte, no seas orgullosa, aunque algunos te hayan / llamado
poderosa y terrible, no lo eres; / porque aquellos a quienes crees poder derribar / no mueren...
Versada como pocos en los sonetos metafísicos de John Donne y los intrincados vericuetos de la dupla vida y muerte, Vivian Bearing debe enfrentarse de buenas a primeras a un cáncer de ovario avanzado. Inmersa en una vida académica jalonada de logros medulares en su existencia, la enfermedad irrumpe intempestivamente y la traspone desde aquella zona de confort al terreno de las incertidumbres donde los hechos se rigen por designios ajenos a nuestros deseos y especulaciones racionales. Como un aprendizaje física y mentalmente doloroso, la protagonista va tomando conciencia de su enfermedad, el destrato de los médicos para con ella, a la par de efectuar un examen de las decisiones adoptadas a lo largo de sus años, su relación con los demás y la dura lección de empezar a descubrir que ante el momento más trascendente del acontecer humano el andamiaje teórico y su lógica más refinada son insuficientes.
*Bottasso, O. (2020). Amar la vida / Wit (2001); un caso donde el arte de cuidar aparece desdibujado. Revista De Medicina Y Cine, 16(1), 17–23.
Cuando hablamos de la toma de conciencia de muerte, reparamos en la cuestión de la comunicación de las malas noticias en medicina: ¿es mejor callar y ocultar una enfermedad grave? Decíamos que varios estudios confirman el hecho de que se hace más daño callando (o mintiendo) que comunicando la verdad al paciente. Y objetábamos que puede condicionarnos el temor a una mala reacción del afectado y a sentirnos culpables, lo cual no debiera bloquearnos. Si el enfermo llora, el médico no debe sentirse culpable; es más tiene derecho a jactarse de la confianza depositada por su paciente. Además, por muy grave que sea su proceso, no hemos de quitarle la esperanza, teniendo en cuenta que el enfermo sufre en el curso de su dolencia una alternancia cíclica de esperanza y desesperanza. Con todo -apuntábamos- hay dos posiciones. Una mantiene que comunicar el diagnóstico o el mal pronóstico de una enfermedad fatal es una inútil crueldad. Otra defiende una relación basada en la franqueza y la confianza. La primera postura está reforzada a veces por la familia que, en una conspiración de silencio, intenta auto-protegerse y proteger al paciente, evitándole malestar y sufrimiento y previniendo un intento de autolisis, si bien la segunda no parece entrañar el teórico peligro. Vuelvo a decir que soy de los que piensan que debemos individualizar cada caso; no habiendo verdades absolutas, habrá que tomar en consideración la personalidad del enfermo y las circunstancias. Y nos reafirmamos en que, ante todo, es preciso habilidad y tacto al comunicar una mala noticia. Como complemento, una secuencia de la película Vivir (Ikuro) de Akira Kurosawa.
Anexo. Paciente comunica mal diagnóstico a médico amigo:
A diario acuden a las consulta de médico de familia pacientes aquejados de dolor y rigidez cervical, acompañados o no de mareos, mayormente derivados de sobrecargas, malas posturas o estrés laboral. No pocas veces el dolor de cuello (igual que el dolor de espalda) es causa de incapacidad laboral transitoria, incluso permanente a la larga. Se suele recurrir a analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares, pero la terapia física puede ser más apropiada, siendo además atóxica. Como orientación veamos a continuación un vídeo muy didáctico desde el apropiado enfoque de la fisioterapia, donde se muestra un auto-masaje para relajar la musculatura cervical, muy útil para aliviar los dolores de cuello y para relajar la tensión muscular que provoca la rigidez cervical. ¡Sáquenle provecho!
Auto-masaje para liberar la tensión del cuello y de los hombros
Hacemos hoy un acercamiento al periodismo sanitario...
...profesionales de distintos medios de
comunicación nacionales y autonómicos han coincidido en señalar el valor de la
especialización para comunicar bien en salud.
Es lo que se señala en un artículo
periodístico intitulado “La especialización, clave en el periodismo sanitario”. Una recomendación que
también es aplicable al periodismo político, al deportivo o al del corazón. En
este sentido, ningún descubrimiento. En dicho artículo también se recuerda que “la
credibilidad es el patrimonio, la bandera de un periodista”, abogando por la
información contrastada, rigurosa, transparente y adaptada al medio, nunca creadora
de falsas expectativas. Porque al fin y al cabo, la información en salud es
educación sanitaria.
Comprobamos que se ha propuesto una guía del periodista sanitario, en consonancia con el aumento progresivo de la información
relacionada con la salud. No descubrimos nada cuando afirmamos que la salud es lo que más preocupa a la sociedad. ¿O alguien lo dudaba? Hecho este recordatorio,
cabe resaltar una cuestión técnica que la referida guía recoge. Y es que la
forma de presentar la información de salud en los medios informativos puede
dividirse en tres grandes áreas:
política sanitaria
divulgación científico-médica
sucesos de índole sanitaria
Por otra parte, en nuestro particular léxico médico ya hemos dado una definición reflexiva de los medios de comunicación, aplicable
al ámbito sanitario:
Instrumentos que
difunden información mediante técnicas de transmisión, impresas, orales o
visuales. Respecto a la sanitaria, útiles cuando son serios; inconvenientes y
perjudiciales cuando transmiten sin adecuado asesoramiento. El mayor peligro
está en que lo perverso vende más que lo salubre; por desgracia, la prensa y
los demás medios, tienden cada vez más hacia el sensacionalismo, ya que un periodismo responsable y
cauto no resulta demasiado rentable. A menudo refuerzan la idea de que la
medicina puede solucionar todos los problemas de la humanidad, contribuyendo
así a la “medicalización” de la vida, y no pocas veces sus mensajes producen
efectos negativos en la relación médico-paciente.
El periodismo sanitario ya ha sido sometido a debate,
sobre él se sigue debatiendo y en el futuro no habrá de dejarse de debatir sobre
una cuestión que interesa y preocupa especialmente a los profesionales de la
sanidad, asombrados muchas veces por noticias poco rigurosas o incluso
alarmantes que publican los medios, y en consecuencia preocupados a su vez por
los pacientes que reciben la información. Se les previene de las noticias que
les llegan; se les aconseja que adopten una visión crítica, en la que debe primar más
la sensatez que la desconfianza; se les alerta de la consulta con el doctor
Google, en cuanto a un uso adecuado, contemplándolo como herramienta orientativa
y no infalible. En fin, los pasos del periodismo sanitario, en sus vertientes
clásica y digital, debieran conducirnos por la senda de la objetividad, del rigor
y del fundamento científico, lejos de la otra de subjetividad, charlatanismo y tremendismo.
Así sea, con el objetivo de una buena información en salud.
Hay tres géneros periodísticos: 1) informativo (ejemplos: noticia, reportaje, encuesta), 2) de opinión (ejemplos: editorial, artículo de opinión, columna) y 3) interpretativo (o mixto: información objetiva + opinión del periodista, en forma de crónica, reportaje o entrevista interpretativa).
Además, hay periodismo especializado (especialidades periodísticas): político, deportivo, del corazón... y, por supuesto, periodismo sanitario.
Cuando en una larga entrada nos referimos al compositor Robert Schumann (1810-1856) como "el poeta de la música", manifestamos que su corpus de canciones, unas 250 piezas, le bastaría para asegurarle la gloria. Consiguió que el Lied romántico adquiriese un nuevo y esplendoroso brillo poético, adentrándose en los textos, creando obras de gran intensidad lírica y dominando la técnica del ciclo o “Liederkrais”. Ninguna de esas composiciones es desdeñable. Pero si nos viésemos obligados a elegir entre sus obras magistrales, nos quedaríamos con su ciclo de canciones Dichterliebe (Amor de poeta), op. 48, 16 Lieder sobre poemas de Heinrich Heine. Las emociones suscitadas por los poemas de Heine y los diferentes estados de ánimos son expresados sonoramente por Schumann gracias a su capacidad compositiva y a su inmensa sensibilidad. El resultado es una insuperable conjunción de poesía y música a la que no nos podemos substraer. Es un discurrir continuo de emocionante belleza. No se lo deben perder. Respecto a la patobiografía del compositor, ha quedado reflejada en la entrada enlazada arriba sobre su figura como creador y como ser humano (apartado "Especulaciones sobre la enfermedad mental de Robert Schumann"). Los "claroscuros" en las composiciones de Schumann revelan su desorden nervioso.
Si es posible, disfruten de esta obra digna de la isla desierta. [Y ya puestos, también de otras composiciones de Robert Schumann.]
Dichterliebe op. 48 - Robert Schumann
Dietrich Fischer-Dieskau (barítono), Gerald Moore (piano) (Parte 1: canciones 1-6)
Y aparte de otros Lieder (Myrthen –Mirtos–, Frauenliebe und Leben–Amor y vida de mujer–...), no podemos olvidar su música para piano: Carnaval, Escenas de niños, Kreisleriana, Estudios sinfónicos, Fantasía en do mayor... Ni su obra orquestal: Concierto para piano, 4 sinfonías... Ni algunas piezas de cámara, como el Quinteto para piano y cuerda. Mucha gloriosa música de Schumann, casi toda enérgica y gozosa, se nos hace necesaria. ¡Para siempre Robert Schumann!
El artista noble, puro, sigue siendo para mí un modelo y difícilmente me será permitido amar a un ser humano mejor...
Nota. Las sinfonías de Schumann siguen la estela clásica de Mendelssohn, pero con mayor fervor romántico. Y muchos consideran la Sinfonía n.º 2, con su maravilloso «Adagio expressivo», como el mayor logro sinfónico de Robert Schumann.
La práctica de la medicina es un arte, no un comercio; una vocación, no un negocio; una vocación en la que tu corazón debe ejercitarse tanto como tu cabeza. W. Osler
Dice el doctor Walter Ledermann en un editorial de la Revista Chilena de Pediatría*:
Bajo el término aequanimitas, que no puede traducirse simplemente por “ecuanimidad”, Sir William Osler expresaba la cualidad fundamental exigible a un médico, definida como imperturbabilidad, frialdad y presencia de ánimo en todas circunstancias, que quien se muestra azorado y nervioso en emergencias ordinarias pierde rápidamente la confianza de sus pacientes.
Una cualidad que un neurocirujano conocido de Ledermann sintetizó diciendo que “el médico debe tener la cabeza fría”, y que el propio Osler le recordaba a cada alumno a la cabecera del enfermo pronunciando: “Aequanimitas, muchacho, que emociones perturben tu juicio no permitas”. Por otro lado, en la nota introductoria al libro Aequanimitas de William Osler**, dice nuestro recordado traductor, el cardiólogo Manuel Fuster Siebert:
El núcleo del mensaje que proclama es claro, compasivo y actual, expresado de un
modo que llega al alma de cualquier médico. Exhorta a la organización del tiempo, del
trabajo y del estudio, a la laboriosidad, a conservar la calma, a respetar a los demás, a la
compasión, a anteponer el interés de los enfermos, y a seguir estudiando y aprendiendo
de la propia experiencia durante toda la vida. Sus alusiones y evocaciones literarias, a veces
oscuras, parecen una envoltura, un adorno algo barroco, pero van con intención: el
médico debe ser culto y aficionado a la literatura. (…)
El saber científico-técnico es imprescindible, pero no llega; el enfermo tiene una psique, unos sentimientos, una biografía. Hace falta el arte de la medicina. Osler enseñaba ambas cosas cuando pasaba visita por las salas del hospital; en el momento de pronunciar las conferencias que figuran en Aequanimitas lo que venía a cuento era insistir en el arte sin olvidarse de ensalzar la ciencia.
El ejercicio de la medicina clínica tiene un gran componente literario. El dominio
del lenguaje es imprescindible: menos la fase de observación, el resto es lenguaje,
comunicación. Escuchar al enfermo y comprenderlo, hablar haciéndose entender,
reflexionar, redactar historias e informes, comunicarse con los colegas: todo exige
soltura, flexibilidad y precisión en el manejo de las palabras. Para comprender
las emociones, los temores, las preocupaciones y los conflictos emocionales de los
enfermos a veces no hay mejor fuente de información que la literatura.
(…)
Sobran razones para explicar el éxito de Osler en vida y la persistencia de su fama e ideario tras su muerte. Pero uno de los factores que merecen ser destacado es su habilidad para acuñar frases cargadas de significado, sensatez y utilidad, fáciles de recordar y oportunas cuando uno quiere orientar a los jóvenes. Abundan en Aequanimitas, han sido recogidas y clasificadas en The Quotable Osler.
Ciencia y arte, técnica y lenguaje, precisión médica y complemento literario…
**Osler W. Aequanimitas. London: H. K. Lewis & Col. Ltd, 1939.
Siebert M. Aequanimitas con otras conferencias a estudiantes de medicina, enfermeras y médicos. 1ª ed. Española. Fundación Uriach, 2004.
En suma, el buen médico debe tener imperturbabilidad, frialdad y presencia de ánimo. Y debe ser laborioso, compasivo, respetuoso y comunicativo.
Hay suficientes razones para leer a William Osler, aprender de su experiencia, empaparse de su humanidad (una máxima para él, junto a la humildad, la honestidad y el humor) y recrearse en sus aforismos. El humanismo médico del “padre de la medicina moderna” ha ido avanzando de su sabia mano.
Sir William Osler (1849-1919): The Father of Modern Medicine
***
WILLIAM OSLER: APUNTE BIOGRÁFICO
William Osler (1849-1919), fue un médico canadiense, profesor universitario y jefe de Medicina Clínica, reconocido por sus grandes contribuciones en el campo de la medicina. Hay signos clínicos y enfermedades que llevan su nombre (epónimos): signo de Osler (falsa lectura de hipertensión arterial debida a arterioesclerosis), nódulos de Osler (nódulos subcutáneos secundarios a endocarditis), enfermedad de Rendu-Osler-Weber (telangiectasia hemorrágica hereditaria), etc. Fundador de instituciones médicas, docente extraordinario y médico humanista, es considerado el padre de la medicina moderna, siendo su influencia notoria.Su obra magna Los Principios y Práctica de la Medicina (The Principles and Practice of Medicine), publicada en 1892, supone el primer gran tratado de medicina. Osler falleció en Oxford durante el fin de la gran pandemia de 1918 (Gripe española), a consecuencia de una neumonía, curiosamente la enfermedad infecciosa a la que él había denominado «capitán de los hombres de la muerte».
Los médicos, sobre todo los más apasionados por la investigación, contemplan las enfermedades desde un punto de vista estético. Dicho así, son comprensibles los gestos de extrañeza. Pero que nadie se escandalice... Aunque pueda parecer chocante, incluso cruel, los galenos tienen una forma peculiar de referirse a los trastornos de cierta relevancia. Discuten sobre esas interesantes dolencias, realizan revisiones bibliográficas, hacen estudios, convocan sesiones clínicas y, si merece la pena, publican los resultados o las conclusiones que alcanzan. Al referirse a una afección que los tuvo en vilo o que, por su complejidad o escasez de datos clínicos, tardan mucho tiempo en diagnosticar, dicen con placer: «¡Un caso muy bonito!». Es como si se relamiesen por haber atinado con el patológico misterio, igual que si estuviesen ante una obra de arte o hubiesen alcanzado la plenitud de una lectura intrigante, olvidándose por completo del sufriente (algo imperdonable si no fuese eventual) y ateniéndose tan solo a los síntomas y signos que lo tenían preocupado, y acaso lo sigan preocupando de por vida. Proyectando diapositivas de tumores cutáneos, es habitual que el ponente se refiera a «preciosas imágenes», de un determinado tipo de melanoma u otra neoplasia maligna, resaltando su morfología o su colorido, como si hubiesen sido creadas por las hábiles y sensibles manos de un escultor o un pintor. Lo mismo sucede con otros procesos corporales, o de la mente. Desde un linfoma a una esquizofrenia, pasando por un reumatismo peculiar, un trastorno neurológico curioso o una alergia extraña. Es un pecado profesional que se les ha de perdonar a los galenos, siempre y cuando no dejen de preocuparse por lo más importante: los enfermos.
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Nota.- Había manifestado a final de año mis dudas sobre la continuidad del blog. Creo que ha sido un arrebato pasajero, como sospechaba nuestra amiga Lola Mu, porque, como dice la canción, pasaba por aquí y no me he podido resistir...