martes, 19 de septiembre de 2017

Ser enterrado vivo

Fuente: Muy Interesante

Ser enterrado vivo es, sin ningún género de duda, el más terrorífico extremo que jamás haya caído en suerte a un simple mortal. Que le ha caído en suerte con frecuencia, con mucha frecuencia, nadie con capacidad de juicio lo negará. Los límites que separan la vida de la muerte son, en el mejor de los casos, borrosos e indefinidos… ¿Quién podría decir dónde termina uno y dónde empieza el otro? Sabemos que hay enfermedades en las que se produce un cese total de las funciones aparentes de la vida, y, sin embargo, ese cese no es más que una suspensión, para llamarle por su nombre.
Este es un párrafo del relato de Edgar Alan Poe titulado El entierro prematuro, que puede leerse entero AQUÍ, o escucharlo abajo. Inspirado en hechos reales, que superan la ficción, de hombres y mujeres que fueron enterrados vivos. Algunas personas dadas por muertas y sepultados lograron sobrevivir tras un oportuno "rescate". Otras no tuvieron esa fortuna, y dejaron de existir estando vivas.

El hecho de los entierros prematuros es espeluznante.

Tal llegó a ser el temor a ser enterrado vivo (tapefobia) que -según podemos leer en el enlace de arriba a pie de foto-, en las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del XIX, se redactaron testamentos con instrucciones para impedirlo, llegando incluso algunos a expresar su voluntad de ser decapitados antes de ser enterrados. Y se elaboraron ataúdes con sistemas de aviso de que el "muerto" estaba vivo.

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