lunes, 22 de enero de 2018

Sanidad pública, ni de derechas ni de izquierdas


El paradójico sistema sanitario hispano, oscilante entre la complacencia y las trabas diversas, es reflejo de la historia y los valores del país.
De "Aforismos del sistema sanitario"

La sanidad pública, entendida como sistema sanitario o sistema de salud, no es de derechas ni de izquierdas. Hemos de tener esto claro y repasar la historia, pues ni es un logro soviético ni fascista. El primer modelo europeo fue creado en Alemania (1881), nada menos que por el Canciller Bismarck, y el segundo en el Reino Unido (1948), como National Health Service (NHS), por el gobierno laborista de Clement Atlee. En España, fue el conservador Antonio Maura quien creó el Instituto Nacional de Previsión (1908), primera institución oficial encargada de la Seguridad Social y de la asistencia sanitaria, aunque sin cobertura universal, ni muchos menos. En 1934, ya durante la II República, se promulgó la Ley de Coordinación Sanitaria y se propuso la creación del Ministerio de Sanidad. Tras la Guerra Civil Española, o sea, durante la dictadura franquista, la Ley de Bases de 1944 perpetuó la estructura anterior, y en 1942 se constituyó el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), con el ministro falangista Girón de Velasco como ministro de Trabajo. 

El SOE coexistió con la Beneficencia Municipal hasta 1989. Es aquí cuando, ya en plena democracia, se proclama la cobertura universal y se instaura propiamente el Sistema Nacional de Salud de España (SNS). Pero, ¡ay!, sin aumentar los recursos (¡la habitual improvisación hispana!) y acabando poco a poco fragmentado en 17 servicios de salud totalmente invertebrados, absurdamente en mi opinión, gracias a iluminados y negligentes de la política. Y ahora, como los recursos no son suficientes para dar cobertura a una población cada vez más envejecida y a todos los que pisan el territorio, asistimos a un aumento progresivo de los tiempos de espera (listas de espera) para consultas especializadas e intervenciones quirúrgicas. Urge mantener lo que de bueno queda del SNS y frenar su deterioro, aun cuestionando determinados métodos de gestión y políticas de financiación sanitaria. 

En fin, que la sanidad pública es un bien social que nos incumbe a todos, independientemente de ideologías políticas de uno u otro signo, aunque a los ricos les traiga sin cuidado su mantenimiento. ¡Salud para todos!
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