El empeoramiento de la salud mental poblacional, que conlleva mayor consumo de psicofármacos (ansiolíticos y antidepresivos sobre todo), no es un problema que precise más efectivos, sino el abordaje de sus causas.
2. Los factores de riesgo
No se incide sobre los factores desencadenantes controlables y se apuesta todo al tratamiento, básicamente farmacológico. De modo que, con aumento progresivo de pacientes con trastornos de salud mental, no puede haber capacidad humana de atención, y menos de calidad.
3. Lo que importa y se suele olvidar
Qué importante es la promoción de la salud mental y la prevención de las enfermedades mentales. Y sin embargo...
En objetivos de atención primaria («acuerdos de gestión») nunca se han considerado los problemas de salud mental. Ni parece haber preocupación por el consumo progresivo de psicofármacos.
4. La estrategia inteligente
Por lo dicho, incidir en los factores sociales –incluidos los laborales– es esencial para controlar el creciente malestar psíquico de la población. En la sociedad de la prisa (tan acelerada que convendría enlentecer), mejorar la condiciones de vida y de trabajo, evitando presiones inconvenientes, habría de favorecer en sumo grado el bienestar de las personas y, en conjunto, la salud mental comunitaria.
CONSEJO INTERTERRITORIAL. Órgano de relación entre el Estado y las Comunidades Autónomas en materia de Sanidad, integrado por los respectivos consejeros y el ministro de sanidad (en femenino si es el caso). Si un consejo es una corporación encargada oficialmente de aconsejar o asesorar a una autoridad o de realizar una determinada labor legislativa, administrativa o judicial, es de suponer que cada consejero aportará su punto de vista y que el ministro tomará nota. ¡Ingenuo de mí!
...nos revela las actividades de este órgano y los logros de los que tanto dudamos.
La visión filosófica antigua choca con las tendencias de la modernidad occidental...
Especialmente desde la revolución sexual de los 60 del siglo XX los medios de comunicación han difundido de forma masiva en occidente una visión de la sexualidad que acentúa lo instintivo, promociona el liberalismo moral -ideología que no entiende de élites ni científicas ni religiosas- y focaliza el interés en el placer sexual y en la vertiente puramente física de la belleza. En contraste con el platonismo y el neoplatonismo, la tendencia predominante en los mass media occidentales es criticar, ridiculizar o atacar a las personas o instituciones que tratan de poner límites a cualquier modalidad de la expresión de la sexualidad capaz de producir placer -a excepción de las que se prohíben en los códigos penales-, tildándolas de fundamentalistas, moralistas o radicales, incluso cuando manifiestan sus opiniones a través de afirmaciones con base científica y/o ética.
En una entrada lejana hablamos sobre el entretenimiento (distracción, diversión, pasatiempo, recreo, juego), referido a cualquier actividad que permite a los seres humanos emplear su tiempo libre (ocio) para divertirse o recrear su ánimo con una distracción, evitando el aburrimiento y evadiéndose temporalmente de sus preocupaciones, alegrándose o deleitándose; por ejemplo, jugando o leyendo. Y aquí nos centramos en el juego –que, a diferencia del deporte, no busca la competición– y en particular en los juegos tradicionales o infantiles (de patio o de calle: corro, pídola, tabas, canicas, peonza, billarda, aro, cometa...), muchas veces con objetos para jugar: juguetes.
Los juegos infantiles han sido fuente de inspiración musical. Y un compositor recogió doce de ellos en una suite para piano a cuatro manos: Georges Bizet (1838-1875), el mismo autor de Carmen, la archifamosa ópera, y La arlesiana.
A los 33 años, próximo a la paternidad, Bizet recordó los juegos de su infancia y compuso Jeux d’enfants para piano a cuatro manos. Una docena de juegos infantiles musicalmente evocados: el suave balanceo del columpio (‘‘L'Escarpolette’’); el movimiento circular de una peonza (“La toupie”); la canción de cuna para una muñeca (“Le poupée”); el galopar de los caballos de madera (“Le chevaux debois”); los movimiento de vaivén del volador (Le volant”); el aire marcial de trompetas y redobles de tambor (“Trompette et tambour”); el vuelo ligero e inestable de las pompas de jabón (“Les bulles de savon”); el correr travieso de los niños jugando a las cuatro esquinas (“Les quatre coins”); el buscar algo atolondrado en la oscuridad de la gallinita ciega (“Colin-Maillard”); un diálogo vivo y animado entre dos personajes locuaces (“Saute-Mouton”); el juego tierno de los niños que se imaginan adultos (“Petit mari, petite femme”); y el galope divertido de la pelota de la obra (“Le bal”), que sirve de conclusión feliz y desenfadada. [Fuente: https://lakitara.blogspot.com/2017/10/nostalgia.html]
Juego de niños (Jeux d’enfants), George Bizet
1. Reverie: L'Escarpolette (El columpio)
2. Impromptu: La Toupie (El trompo, la peonza)
3. Berceuse: La Poupée (La muñeca)
4. Scherzo: Les Chevaux de bois (Los caballitos de madera)
5. Fantaisie: Le Volant (La rueda)
6. Marche: Trompette et Tambour (Trompeta y tambor)
7. Rondino: Les Bulles de Savon (Las pompas de jabón)
8. Esquisse: Les quatre coins (Las cuatro esquinas)
9. Nocturne: Colin-Maillard (La gallinita ciega)
10. Caprice: Saute-Mouton (Salto de la rana, La pídola)
11. Duo: Petit mari, petite femme (Maridito, mujercita)
12. Galop: Le Bal (La pelota)
«Las doce piezas para piano Juegos de niños (1871) son miniaturas brillantes que reflejan el mundo infantil, descritas con una intuición concisa y maravillosa. Bizet orquestó más tarde cinco de estas piezas».
Compositor francés, nacido en una familia de músicos, cuya escasa producción musical –por su muerte prematura– no empaña su calidad. Su padre, profesor de canto, le enseñó los primeros rudimentos del arte musical; recibió clases de piano de Antonine François Marmontel en el Conservatorio de París y estudió composición con Pierre Zimmermann, que sustituía entonces a Charles Gounod. En 1852, un primer premio de piano fue la compensación a sus brillantes y fogosas ejecuciones; en 1854 obtuvo un premio de órgano en la clase de Benoist y continuó sus estudios de composición con Jacques Fromental Halévy. Ya en la Sinfonía en do mayor (1855) se pudo entrever que la economía, la precisión en la expresión y el ritmo danzante y ágil serían características de su música.
En 1857 ganó el Premio de Roma de composición musical, que le permitió formarse en Italia durante tres años. Su ópera Don Procopio data de esa época. A su regreso a Francia, compuso las óperas Los pescadores de perlas (1863) y La hermosa muchacha de Perth (1867), ambas acogidas con frialdad por el público. No corrieron mejor suerte las dos obras que más han contribuido a la fama del compositor: la música de escena para el drama La arlesiana (1872), sobre texto de Alphonse Daudet, y la considerada obra maestra del teatro lírico galo, Carmen (1875), cuyo controvertido estreno se dice que precipitó la muerte del compositor. Las dos suites orquestales de La arlesiana y la obertura Patria (1873) fueron las únicas obras que gozaron de algún éxito durante la vida del músico.
Bizet es uno de los maestros del arte lírico francés por la concisión de pensamiento, sugestiva potencia, variedad de vocabulario armónico y riqueza y forma de su orquestación. El escenario de sus óperas se sitúa fuera de Francia. Presenta con acierto exóticos ambientes, especialmente en Los pescadores de perlas. Junto a un exotismo bien estudiado, procuró asimilar las figuras de la escena, caracterizándolas en su música, como en el retrato oriental de Djamileh (1872), ópera en un acto basada en un cuento oriental de Alfred de Musset.
Sobre Carmen
La caracterización musical y dramática de Carmen, una de las obras de más éxito en la historia de la ópera, no fue fruto del azar, sino la culminación del desarrollo artístico del compositor. Los críticos de la época fueron duros en su apreciación de la música de Bizet y el estreno de Carmen fue casi un fracaso. El relato de Prosper Merimée (que narra la aventura amorosa entre la gitana Carmen y el joven soldado don José y acaba con la total degradación del soldado, cuya pasión le empuja a matar a Carmen) era un tema demasiado realista para el público de aquel tiempo. Bizet falleció la noche de la trigésimo tercera representación de Carmen. Poco antes había destruido la mayor parte de sus manuscritos que vacilaba en confiar a un editor, y especialmente el esbozo de ElCid (el libreto de El Cid habría de ser aprovechado por Jules Massenet). Una ópera apreciada por Tchaikovsky, que enseguida la consideró una obra maestra y perdurable. [v. Tchaikovsky and Bizet]
Si la arquitectura es, en general, “el arte de construir”, la arquitectura eclesiástica, en particular, es ‘‘el arte de construir edificios eclesiásticos’’. Y como arte y belleza van unidos, esta definición implica implica proporcionarle belleza a las edificaciones dedicadas al culto, a las ceremonias litúrgicas o religiosas.
Aunque no seamos devotos, podemos apreciar la belleza de las iglesias, las catedrales, las basílicas, las abadías o los monasterios. [v. diferencias AQUÍ]
Podemos disfrutar las construcciones eclesiásticas en sus diferentes estilos (románico, gótico, renacentista, barroco, moderno...) y mejor conociendo los elementos que las conforman: ábside, atrio, cabecera, coro, crucero, girola, nave, presbiterio, transepto... Pero dejemos que hablen las imágenes.
La arquitectura evolucionó desde la Antigüedad Clásica (Grecia y Roma) hacia el Prerrománico (Alta Edad Media, tras la caída de Roma, con estilos como el visigodo, el carolingio o el asturiano), culminando en el Románico (c. 1000-1200), antes del Gótico, dando paso después, sucesivamente, al Renacentista, al Barroco y la Neoclásico.
Construcción en piedra, muros macizos, templo abovedado, vanos estrechos, pilares, columnas, contrafuertes, naves, transepto, cimborrio, cabecera, bóveda, ábside, torres, portadas, claustros... En resumen, la arquitectura románica se caracteriza por pesadas bóvedas de medio cañón sobre arquerías de medio punto (arcos semicirculares), gruesos muros y contrafuertes para soportar grandes pesos.
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*El arte románico (del latín romanicus, romano) está basado en formas arquitectónicas romanas como el arco de medio punto y la bóveda de cañón.
Las plantas de edificios góticos no son muy diferentes de las de catedrales románicas (tres naves, transepto y cabecera con girola y capillas radiales), pero, a grandes rasgos, la arquitectura gótica difiere de la románica en el sistema de abovedamiento, el arco apuntado (ojival), la bóveda de crucería y grandes ventanales con vidrieras, amén de arbotante y contrafuerte.
Según su geometría: arco no angular (arco angular), arco circular de un solo centro (de medio punto, de herradura, escarzano, peraltado), arco circular de varios centros (carpanel o apaneilado, rampante), arco no circular (apuntado, tumido).
La generatriz de la cúpula es un solo arco en rotación sobre su eje; la bóveda arqueada se sirve de varios arcos que se entrecruzan diagonalmente por su centro, dando origen, en el entrecruzamiento simple, a la bóveda de arista, y a la de crucería en el más complejo.
En el arco radica el parentesco entre cúpula y bóveda, pero también su diferencia.
La arquitectura renacentista se caracteriza por la armonía y el equilibrio visual, que contrasta con la verticalidad del gótico previo. En el largo siglo que recorre esta arquitectura en España se suceden las corrientes estilísticas, en especial el plateresco y, sobre todo al final, el grave y austero herreriano, que llegó a fundirse con el primer barroco español de comienzos del siglos XVI. [v. abajo: Arte genuinamente hispano]
Considerada anticlásica, la arquitectura barroca es "irregular", conecta con lo "no armonioso".
Su contexto histórico es el de una Europa dominada políticamente por las monarquías absolutistas. [Ej.: Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago]
–v. churrigueresco, abajo: Arte genuinamente hispano.
Motivada por la nueva atracción que despierta el mundo clásico tras las excavaciones de Herculano y Pompeya, la arquitectura neoclásica supone el rechazo de las formas barrocas y la inspiración en las formas de la antigüedad grecolatina, con sus principios estéticos de simplicidad, simetría y la racionalidad. [Ej.: Museo de Prado]
La arquitectura islámica se caracteriza por arcos de herradura, polilobulados o entrelazados, cúpulas y bóvedas, rica decoración con motivos geométricos, vegetales (ataurique) y caligráficos, recubrimientos de yeso tallado (estuco), azulejos (alicatado), mosaicos o ladrillos ornamentales, y patios interiores con fuentes y jardines. Las construcciones musulmanas suelen ser más bajas y horizontales que las
romanas y bizantinas, pero tienen elementos verticales distintivos: los minaretes. La decoración está muy trabajada, sobre materiales diferentes: madera en techos y aleros,
yeso y mármol en muros, azulejos en quicios y zócalos. Cada superficie tiene diferente diseño, siguiendo patrones geométricos sencillos de gran efecto decorativo. El arte islámico está condicionado por la religión; es anicónico: no representa imágenes figuradas de personas sagradas (para los musulmanes, sólo Dios lo es) ni seres animados. [Ej.: Mezquita de Córdoba, Alhambra]
Mezquita de Córdoba
Arte genuinamente hispano
A. Arte prerrománico: visigodo, asturiano y mudéjar.
El arte visigodo, o hispanovisigodo, es un arte cristiano de carácter religioso desarrollado por los visigodos en España, principalmente en el siglo VII. La arquitectura visigoda se caracteriza por un sincretismo que fusiona elementos romanos (plantas basilicales, sillares, arcos de medio punto), paleocristianos (basílicas, baptisterios) y bizantinos (plantas de cruz griega, capiteles, cúpulas) con innovaciones propias, como el arco de herradura visigodo, creando un estilo prerrománico distintivo en la Península Ibérica antes de la llegada musulmana. [Ej.: Iglesia de San Juan de Baños, Iglesia de Santa Comba de Bande]
El arte asturiano se caracteriza por su arquitectura abovedada (bóvedas de cañón, arcos de medio punto, arcos fajones, contrafuertes), el uso de sillarejo y mampostería, y una decoración sobria, con relieves de cuerdas, motivos vegetales y geométricos, inspirada en modelos tardorromanos y carolingios, incluyendo pinturas murales y celosíascaladas, anunciando el románico. [Ej.: Iglesia de Santa María del Naranco]
El mudéjar es la fusión de las corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas y renacentistas) y musulmanas de la época, con empleo de materiales humildes como ladrillo, yeso y madera, que se distingue por sus techos de madera (artesonados), arcos variados, torres cuadradas o poligonales y ornamentación exuberante basada en geometría, azulejos y motivos vegetales. [Ej.: Real Alcázar de Sevilla, Torres de Teruel]
El plateresco se caracteriza por su ornamentación exuberante, inspirada en la orfebrería, que cubre las fachadas con una mezcla de elementos góticos, renacentistas y mudéjares, con elementos decorativos como medallones, escudos heráldicos, grutescos y motivos vegetales. [ej.: Fachada de la Universidad de Salamanca]
El herreriano, que debe su nombre al arquitecto Juan de Herrera (1530-1597), es un estilo arquitectónico desarrollado en España a mediados del siglo XVI, coincidiendo con la construcción de El Escorial [Monasterio de San Lorenzo de El Escorial], a petición de Felipe II, considerado como la última etapa del Renacimiento español. Evolución del plateresco hacia el purismo clásico, el herreriano se caracteriza por una masiva utilización del muro, con ausencia de decoración (‘estilo desornamentado’), dando sensación de gran voluminosidad; las cubiertas de los edificios, casi siempre de madera, están revestidas de pizarra y rematadas con capiteles piramidales que acababan en punta.
C. Arte barroco: churrigueresco. (siglos XVII-XVIII)
El churrigueresco –del apellido Churriguera, familia de arquitectos barrocos, José Benito de Churriguera (1665-1725)–, denominación del barroco español del primer tercio del siglo XVIII, se caracteriza por una ornamentación recargada o abigarrada. [Ej. Retablo Mayor del Convento de San Esteban en Salamanca]
—«Ante las Torres de Compostela», de Gerardo Diego (1896-1987), compara las torres de la catedral de Santiago de Compostela con las más altas que el alma fantasea.
También la piedra, si hay estrellas, vuela.
Sobre la noche biselada y fría
creced, mellizos lirios de osadía;
creced, pujad, torres de Compostela.
–Del poemario Ángeles de Compostela.
—«Los claustros», de José Hierro (1922-2002), habla de los claustros que estaban en un lugar y ahora, después de desmontados, están en otro.
El sol, la lluvia, el viento, el hielo,
los hombres iban desgarrándoles
la piel, los músculos de piedra
y ofrendaban el esqueleto
—fustes, dovelas, capiteles—
al aire azul de la mañana.
++Poemas sobre catedrales.
+++Poemas sobre monumentos prehistóricos o megalitos.
—«Aún antes del principio de la historia», de José Agustín Goytisolo (1928-1999), habla de la transformación del entorno por el hombre.
++++++Poemas sobre monumentos arquitectónicos históricos.
—«El Alcázar de Sevilla», del Duque de Rivas (Ángel Saavedra, 1791-1865), romance –perteneciente a los Romances históricos– en el que son protagonistas el rey Pedro I de Castilla y María Padilla, su amante; el rey piensa en sus hermanastros (Fadrique, Tello, Enrique), como él hijos de Alfonso XI, y en las fechorías que ha hecho, e, iracundo, da muerte al bastardo Fadrique en el Alcázar.
Magnífico es el Alcázar
con que se ilustra Sevilla,
deliciosos sus jardines,
su excelsa portada rica.
De maderos entallados
en mil labores prolijas,
se levanta el frontispicio
de resaltadas cornisas;
y hay en ellas un letrero
donde, con letras antiguas,
Don Pedro hizo estos palacios
esculpido se divisa.
(…)
De los baños, tan famosos
por quien los gozó, la vista,
la del soberbio edificio,
obra gótica y morisca,
tétrico en partes, en partes
alegre, y en el que indican
los dominios diferentes,
ya reparos, ya ruinas;
con recuerdos y memorias
de las edades antiguas
y de los modernos años,
embargan la fantasía.
–Don Pedro: Pedro I de Castilla «el Cruel»; su palacio de Sevilla, palacio mudéjar, forma parte del complejo monumental del Real Alcázar de Sevilla.
—En «Giralda», de Gerardo Diego (1896-19987), tras la descripción de la Giralda de Sevilla, el poeta desea que se quede mudéjar.
*En la escultura ecuestre, se dice que la posición de las patas del caballo indica cómo murió el jinete: si tiene las patas delanteras en el aire, la persona murió en combate; si sólo una delantera en el aire, fue por heridas en combate; y si tiene las cuatro patas en el suelo, falleció por causas naturales. Aunque no siempre es así.
*«Al color», de Rafael Alberti, perteneciente al poemario A la pintura (1945), una de las vocaciones de Rafael Alberti, que incluye los poemas «El Bosco» y «Goya».
**«El invierno de Brueghel», de Walter de la Mare (1873-1956), está inspirado en el cuadro Los cazadores en la nieve, del pintor holandés Pieter Brueghel el Viejo, que representa el invierno o los meses diciembre y enero, de una serie de seis cuadros sobre los meses del año.
En medio de acordes y arpegios, buscaba personajes singulares para componer mi relato. Mujeres fatales, hombres con aura refulgente o niños insaciables de aventura. En su defecto, animales fuera de lo común que se confunden con algún humano, fenómenos naturales capaces de mudar las conciencias u objetos que cobran vida ante los ojos fantasiosos, dignos de aplicarles la prosopopeya. Elegido el tema, de melódico trazo, ámbito local y universal esencia, faltaban los protagonistas y los ingredientes necesarios: creación de un ambiente, adecuado tono, tensión suficiente, magnetismo expectante (la droga que engancha al lector) y final impactante, sorprendente o inesperado. Desesperado, lloré en silencio mi desgracia, celoso del talento ajeno. Y adormecido en la borrascosa negrura, bajo el antagónico cielo estrellado de la ciudad de Vigo, frente al glorioso Teatro García Barbón, anhelando un rayo perdido de chispeante inspiración, hallé por fin lo que anhelaba en la misma oscuridad profunda y plácida...
Apareció el concertino después de que la brillantísima coda coronase la sublime pieza. Los integrantes de la orquesta y el director se habían ido, hecho que el primer violín comprobó con extrañeza. Sin despegar mis atribulados labios, recibió mi mensaje: «¿Cómo expresa usted ese misterio con tanta fuerza y sin aparente esfuerzo?». Sorprendido, miró en derredor y con una leve sonrisa, encantadora como su intangible arte, algo femenil, que no blandengue, me respondió largamente con inequívoco timbre varonil. Conseguir deslizar el arco por las cuerdas y mover los dedos con tal naturalidad, como si fuese un juego reposado, le había supuesto un enorme sacrificio. Tanto que, cuando lo pensaba más de lo debido, se arrepentía. La fortuna, su exitosa carrera, compensaba las incontables horas de práctica. «Y usted, ¿también es músico?», me clavó expectante una mirada plena de genio y afectuosidad. Dejando volar el pensamiento al monte de O Castro, y vislumbrando el Conservatorio de Música, respondí con aire coloquial, casi como un niño renacido a los cincuenta y pico, a una edad madura y sosegada.
El implacable Cronos me había liberado de obligaciones y trataba de llenar el ocio sobre la mesa de mi estudio, escribiendo con pulso tembloroso. Me hubiese gustado entregarme a las sonoridades exquisitas, o sino a plasmar la luz con los pinceles, pero ocupaba las horas preñando papeles de palabras. Palabras que se repiten para no decir más que lo que ya está dicho, por activa y por pasiva, o, en el peor de los casos, para no conseguir explicar lo que se piensa. ¡Palabras! Donde acaban éstas, da comienzo la música. ¡Oh!, misteriosa forma del tiempo... Solo este arte, el más etéreo y sublime, capaz de hermosear a las demás artes, sabe explicar lo que no puede la lengua. Y la del hábil violinista replicó tan presta como su arco en un allegro vivace. «Me niego a creerlo. Sé reconocer un alma sensible entre cientos de vulgares, y la suya sabe sentir como pocas», afirmaba con la certeza de quien cree que nunca se equivoca. Decía tener la capacidad de detectar a un individuo como yo entre miles, como un sabueso la de seguir un rastro impensable. «Puedo asegurar que sabe hacer correr la pluma sobre el papel con la soltura de una gacela en la sabana. Es usted un digno destinatario de la crème del lenguaje más universal. Llamaré al director y al resto de los músicos para brindarle en exclusiva lo mejor de nuestro arte», pronunció el virtuoso instrumentista sin respirar apenas.
Llegó el director con aire alegre y reparé en su noble rostro de artista, mago de la batuta de mostachos dignos de un Monteux, vetusto domador de fieras de inequívoca dulzura, y con un aire que recordaba a Karajan, ante todo por el peinado y los gestos. «Señor director, le presento a...», introdujo los formalismos Nicolás Sate, que así se llamaba el concertino, y oportunamente apunté nombre y apellido. «Encantado de conocerle», dijo el maestro. Era Heriberto Chorima, conocido en el mundillo musical como Maestro Chorimauer, por afortunado acierto de un clarinetista. «¡Fíjese!, ni que fuese teutón, yo que nací en esta periférica ciudad galaica, alejada de los ambientes musicales centroeuropeos». Ligada su niñez con O Berbés, se sentía vigués hasta la batuta. Me presentó a los miembros de la nocturnal orquesta y los fui saludando. Me llamaron la atención el grueso barbudo de la tuba y el escuchimizado pelirrojo del oboe. Y sobre todo la rubia de la flauta, de perfectas líneas de diosa griega, digna del Olimpo y apta para el Walhalla. «¡Mucho gusto!», correspondió a mi reverencia y acarició mis oídos su voz de terciopelo. Permanecí atónito mientras marchaba, como los demás, a tomar su puesto.
Dio la entrada don Heriberto y los músicos se pusieron en acción. Primero violonchelos y contrabajos, iniciando un discurso grave, casi siniestro; después el resto de la cuerda, añadiendo el contrapunto de luminosidad; los instrumentos de viento madera anunciaron el protagonismo de Sate, que entró seguro y contundente, obedeciendo la indicación de Chorimauer. La encantadora flautista movía los dedos con soltura. ¡Qué maravilla! Las violas gemían melancólicas, los timbales resonaban entusiastas, las trompetas irrumpían victoriosas. Al final, todos fundidos en un feliz abrazo.
(Aplausos del oyente.)
Iba a escribir el relato y se desdibujaban mis personajes musicales, lo mismo que las estrellas sobre el gran Teatro de Vigo. Aquel armónico conjunto, coordinado por la mano sabia de Heriberto Chorimauer, se parecía ahora más a una sociedad revuelta, mal dirigida por un presidente incapaz. Apenas pasaban instrumentistas sin rostro, sin personal identidad y de manera anárquica; ya no conseguía definir al grueso tubista barbado ni al oboísta esmirriado de pelo rojo. Sólo aquella hermosura de nórdica palidez, equilibrada y serena, permanecía como luminoso faro orientador del navegante nocturno perdido en sus asuntos. ¿La mujer fatal que en un principio no pretendía? Silbo mis dudas. Sus cabellos al viento, sus labios anhelantes y su vigoroso cuerpo anunciaban un espíritu ávido de caricias y ternuras. Quien esto escribe lo piensa sin razón, se deja llevar por su masculina simpleza y la imagina sirena embelleciendo la hermosa ría, mientras trata de recordar el nombre de la valquiria. ¿Ingrid? ¿Sigrid? ¿Solveig?
No llegué a saberlo exactamente; fueron los saludos tan efímeros... Pero puedo hacer a la bella flautista protagonista de mi cuento. La llamaré Lauta (perdonad la cívica vulgaridad), la que toca la flauta.
Todos se han perdido, excepto ella, la preciosa visión. Real y perdurable desde la melodiosa noche inexistente de un loco fantaseador. Sí. Sólo he de cubrir con su negrura la silenciosa hoja en blanco. Y entonces será bellamente sonora.
[2003, 18 jun., Sueño musical]
Mendelssohn: Scherzo de Sueño de una noche de verano - Solo de flauta
El Ministerio de Sanidad ha elaborado un cartel como estrategia para el uso seguro del medicamento. Pues son muchos los errores asociados al uso inadecuado de los medicamentos, hecho que constituye un problema de salud pública. Se señalan los fallos no intencionados durante el proceso de prescripción, almacenamiento, dispensación, preparación o administración de fármacos, que pueden causar daños evitables. Además, se constata que son la principal causa de eventos adversos como consecuencia de la asistencia sanitaria. Y como el cartel para la utilización segura de medicamentos nos parece bueno, lo traemos a este espacio.