viernes, 27 de febrero de 2009

Admiración


Siempre admiré a los hombres que saben dominar sus impulsos y evitar comportamientos viscerales.

Viendo en ellos el poder del que nunca desespera, acuden a mí las figuras opuestas de los dos ancianos protagonistas de una película con contenido. El uno, antiguo luchador por el utópico logro de un mundo nuevo, decía que la respuesta a la infamia es la indignación. El otro, contrariamente a lo que opinaba su compañero de andanzas, era partidario de la complacencia, de regocijarse en lo que había de bueno entre la perversidad que los rodeaba. En el parque donde a diario los dos amigos se reunían, confrontaban sus respectivas percepciones del mundo: apocalíptica y confiada, gruñona y conformista, iracunda y serena. Inequívocamente, desalentadora la del primero, reconfortante la del segundo (sin entrar a considerar las dos formas de evasión referidas por Erich Fromm: la destructividad y la conformidad).

Siempre admiré a los hombres que son libres, dueños de sí mismos, que huyen de la pasividad, que viven entregados a una causa…

Siempre admiré a los hombres
cuyo pisar es firme,
que como útiles ríos
hacia su meta siguen,
decididos, valientes,
con la mirada libre,
solamente entornada
en los momentos tristes
de enfermedad, de duelo,
en situaciones límite.

Siempre envidié a los hombres
con la virtud que sigue:
nobleza manifiesta
que fácil los distingue;
sinceros, generosos,
esquivos de molicie,
capaces de entregarse
a un ideal, que viven
sin aguardar el premio
ni que los feliciten.

Siempre esperé ser otro;
como el que se decide
sin dudar, y culmina
aquello que persigue,
o el que sabe mostrar
el don que le define,
la verdad con franqueza,
sin nubes que la entinten.
Espejos frente a mí
y me pregunto: ¿Existen?

(Canción. Octubre de 1997)

martes, 24 de febrero de 2009

Música para el Carnaval


La música está presente en toda actividad humana que entrañe regocijo o lamento, júbilo o tristeza, placer o dolor, risa o llanto, amor o desamor. Y el Carnaval, como explosión de alegría, no podía ser excepción. Es más, la música es elemento primordial de esta celebración festiva que, tradicionalmente, ha supuesto una liberación previa a las imposiciones y restricciones cristianas que supone la entrada a la Cuaresma, aun teniendo un origen pagano.

El Carnaval es tiempo de excesos, de placeres desbordados, de exquisiteces gastronómicas, antes de la austeridad que ha de seguir. La transgresión se ve favorecida por la protección de la máscara que suplanta la propia identidad, el atrevimiento asoma tras el disfraz que permite teatrales ofrendas y honores a “don Carnal”. Antes de la llegada de “doña Cuaresma”, se cambian los sexos, se igualan las clases, se hacen una excepción en vida que sólo la muerte ratificará definitivamente.

El Carnaval tiene diferentes expresiones musicales, tradicionales y urbanas. Las agrupaciones carnavalescas le imponen a las melodías letras incisivas, satíricas, burlescas o caricaturescas, atacando a instituciones y a personalidades con gracia, interpretando, escenificando, viviendo un momento único de permisividad. Es el espacio reservado para chirigotas, comparsas y murgas, formadas expresamente para festejar el período más desenfadado del año.

El Carnaval tiene también sus músicos clásicos, compositores “serios” que han creado obras vinculadas al introitus. Veamos una breve relación de obras musicales importantes y bien conocidas relacionadas de algún modo con esta celebración (ordenadas cronológicamente):

Carnaval op. 9, para piano, de Robert Schumann (1835).

El Carnaval romano op. 9, obertura orquestal, de Héctor Berlioz (1843).

Un baile de máscaras (Un ballo in maschera), ópera, de Giuseppe Verdi (1859).

Los cuentos de Hoffmann (Les contes d'Hoffmann), ópera, de Jacques Offenbach (1881).

El carnaval de los animales (Le carnaval des animaux), suite para grupo de cámara, de Camille Saint-Saëns (1886).

Obertura Carnaval op. 92, para orquesta sinfónica, de Antonin Dvorak (1891).

Al fin y al cabo, el Carnaval es música, desde la sofisticación del de Venecia al desenfreno multicolor –a ritmo de samba– del de Río de Janeiro, pasando por el chispeante cachondeo del de Cádiz. Música de un breve período, sencilla y desenfadada, de la que grandes músicos han bebido, para crear otra compleja, transcendente e intemporal.
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Escrito de interés:

Escuchemos y veamos, con dibujos animados, una abreviada y divertida interpretación de El Carnaval romano de Berlioz.

domingo, 22 de febrero de 2009

Música y naturaleza: Los paisajes sonoros


No pocos compositores han vertido en partituras sensaciones y pensamientos suscitados por la entrada en su sensible sentido del cielo, de la tierra, de las aguas, de los estrépitos, de los murmullos, de los silencios, de la mayor fuente de inspiración musical desde los albores creativos. Unos pretendieron simplemente describir la Naturaleza, imitando los sonidos naturales o reproduciendo el fenómeno físico-acústico; otros crearon originales sonoridades que, por efecto sinestésico, nos evocan sus paisajes. En lo natural parece hallarse la clave de la música humana, desde su primitivo significado territorial y sexual hasta el de refinamiento emocional y espiritual.

Con oídos atentos podemos percatarnos de que el sonido armónico forma parte del mundo que nos ha tocado vivir. El gorjeo de los pájaros, el zumbar de las abejas, el rumor del mar, el altivo canto de las cascadas o el quejido del viento, están integrados en los ecos de nuestro entorno natural y su efecto es evidente. El estado anímico cambia fácilmente por el influjo de los naturales estímulos sonoros, de modo que uno sosiega si vienen acariciadores o se tensa cuando anuncian peligro o amenaza, como sucede con el estruendo espeluznante del huracán o el estallido poderoso de la tormenta. En una primera experiencia nos cogerán por sorpresa pero en un futuro identificaremos su contenido, de modo que el cuerpo no sufrirá los mismos sobresaltos. Sin embargo, siempre permanece en los espíritus sensibles la capacidad de asombro frente a los inextinguibles compases de la asombrosa orquesta que la Naturaleza nos brinda.

Las diferenciadas voces nacidas desde el mismo parto telúrico y de la natural evolución, indujeron a muchos músicos de diversas épocas a intentar reproducirlas artificialmente mediante instrumentos sonoros. En la música del ballet La Consagración de la Primavera, de Igor Stravinsky, tenemos la impresión de que estallaran las entrañas del planeta, por el incisivo ataque de las cuerdas, los enloquecidos metales y el furibundo percutir de los timbales; no remeda nada pero nos recuerda las imponderables fuerzas que despiertan. Por otro lado, la Sinfonía Pastoral (Sexta sinfonía) de Beethoven nos presenta la cara plácida y amable: la dulce campiña, los verdes prados, las aguas mansas, los ciervos del bosque, el piar de las aves... en un entorno de tranquilidad infinita, sólo quebrada por una efímera tormenta tras la cual retorna felizmente la atmósfera de quietud. Sublime arte de los sonidos; mucho más que simple música descriptiva.

Valgan estas magníficas muestras de la capacidad evocadora de la orquesta sinfónica, suficiente para generar visiones de un mundo atrayente y despiadado, que atemoriza y que fascina. De manera más íntima, también se pueden captar las imágenes del entorno sonoro; y así nos lo demuestran, sin ir más lejos, dos autores hispanos en sendas escrituras pianísticas: Joaquín Turina en La playa, de Sanlúcar de Barrameda “Sonata Pintoresca”, y Federico Mompou en El lago, de Paisajes; ambas obras con otras partes inspiradas en objetos y figuras.

Veamos los sonidos y escuchemos los cuadros naturales. En oídos adiestrados, las sonoridades son paisajes y los paisajes son sonoros.
***
He presentado el resumen introductorio y el preludio (“Los paisajes sonoros”) del ensayo publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre las obras musicales inspiradas en la naturaleza, que presenta otros cinco apartados, dedicados al mar (“los arpegios del mar”), a los pájaros (“el canto de los pájaros”), a los bosques y los espacio abiertos (“acordes de los bosques y de los grandes espacios”), a los ríos (“las melodías fluviales”) y a los ciclos (“la música y los ciclos”). Si te interesa, entra en:  

Como ilustración sonoro-visual, valga el movimiento final de la Sinfonía Pastoral de Beethoven...

jueves, 19 de febrero de 2009

Aforismos médicos 2


En esta segunda parte presento otras sentencias concisas y frases extraídas de escritos diversos que he convertido mediante el juego del lenguaje en aforismos, considerando lo expuesto en la primera parte. Me permito dejar una frase en toda su extensión, por lo significativa, e incluyo una plegaria médica. De la mayoría dejo constancia de la autoría; de los que no tengo certeza prefiero dejarlos como anónimos. Comulgando o no con ellos, aquí va otra docena sobre medicina y médicos:
  • La medicina es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad. (W. Osler)
  • El arte de la medicina consiste en mantener al paciente en buen estado de ánimo mientras la naturaleza le va curando. (Voltaire)
  • La medicina es el apoyo para los pacientes pero la destrucción para los médicos. (Anónimo)
  • La medicina es el arte de acompañar al sepulcro con palabras griegas. (E.J. Poncela)
  • La Medicina como profesión es excelsa y como ciencia humildísima. El vacío que queda, entre la verdad que poseemos y la que deseamos, hay que rellenarlo con entusiasmo, buena fe y, sobre todo, modestia. (G. Marañón)
  • Ser buen médico significa poseer conocimientos y “4 h”: humildad, honestidad, humanidad y humor. (W. Osler)
  • Para ser un buen médico son imprescindibles dos requisitos: capacidad de observación y no tener asco de nada. (J. Letamendi)
  • Es mucho más peligroso el médico orgulloso de su ciencia que el médico ignorante, porque éste puede tener, al menos, la tentación de ser prudente. (F. Escardó)
  • La gente quiere a los médicos que quieren a la gente; antes de ser un buen médico, sé una buena persona. (Anónimo)
  • Incluso en el mundo cada vez más inclinado al uso de ordenadores y de máquinas para una batería de “screening-tests”, el papel del hombre-médico seguirá siendo insustituible. (A. Balcells)
  • El médico general sabe poco sobre muchas cosas; a medida que progresa en su arte sabe cada vez menos sobre cada vez más cosas; al final de su carrera termina por no saber nada sobre todo. El médico especialista, por lo contrario, sabe mucho sobre pocas cosas; a medida que progresa en su arte, sabe cada vez más sobre cada vez menos cosas; al final de su carrera, termina por saberlo todo sobre nada. (R. Tzanck).
  • Plegaria del buen médico: permítasenos estar bien lejos de la incapacidad, del excesivo celo por lo nuevo y del desprecio por lo que es antiguo, de anteponer el conocimiento a la experiencia, la ciencia antes del arte y el ingenio antes del sentido común; de tratar a los pacientes como simples casos y de transformar la cura de la enfermedad en algo más penoso que la persistencia de la misma. De todo ello, líbranos, Señor. (R. Hutchinson)
                          ***
                          Las “4 h” de Osler me parecen definitivas y los requisitos de Letamendi muy atinados. La evolución contemplada por Tzanck para médico general y especialista da que pensar: evidentemente quien mucho abarca poco aprieta; y quien, ultraespecializado, muy poco abarca, acaba apretando la nada. La plegaria de Hutchinson me hace recordar aquella otra clásica: La oración de Maimónides.

                          miércoles, 18 de febrero de 2009

                          Relación médico-paciente (2): Comunicación o entrevista clínica


                          Los médicos de Atención Primaria debemos estar preparados para relacionarnos con multitud de usuarios, enfermos o no, con problemas diversos, y hemos de mantener el tipo sin desfallecer en el intento. Sin duda, de la buena relación –comunicación– dependerá en buena parte el éxito del tratamiento, porque no sólo cura el remedio que se prescriba sino también la palabra, lo que se le diga al enfermo y, sobre todo, cómo se le diga, “el buen decir”. Algo fácil de aconsejar y no tanto de asumir.

                          Primeramente, hemos de asimilar el proceso de la comunicación, a fin de transmitir la información de modo adecuado. En nuestro caso, implica una relación interpersonal que establecemos con el paciente, enfermo o usuario. Lo deseable es que emisor y receptor transmitan y reciban sus mensajes mediante un adecuado canal de comunicación y en una situación propicia.

                          Para nosotros, comunicación significa entrevista clínica, en la cual sólo si el mensaje sale de manera conveniente alcanzará talmente a su interlocutor. En la práctica a través de un canal sonoro (y a veces también visual: mirada, expresión facial, gestos, modales), mediante un lenguaje inteligible y en un contexto agradable. Para que sea realmente efectiva, hemos de tener presente la significación de algunos términos acuñados por los estudiosos de la comunicación, especialmente: la escucha activa, la asistencia centrada en el paciente, la transferencia, la alianza terapéutica y el modelo biopsicosocial. Aprender determinadas técnicas favorecerá el propósito de buena relación.

                          En cualquier caso, hay una decena de factores que determinan de alguna manera la entrevista clínica; son los condicionantes de la relación médico-paciente. De partida, tres esenciales: 1) el profesional, 2) el paciente y 3) el ambiente o medio. Tras ellos, considero cinco factores añadidos: 4) la presión asistencial, 5) el tiempo, 6) la burocracia, 7) el personal auxiliar y 8) los servicios sociales. Y, finalmente, dos elementos complementarios que no podemos obviar: 9) la educación sanitaria y 10) la delimitación de las competencias. Con estos condicionantes se configura un particular decálogo.

                          Del primer condicionante ya se derivan ciertas actitudes en la entrevista clínica que conviene adoptar para favorecer la comunicación y, de paso, evitar inconveniencias (carga emocional negativa, desconfianza, reclamaciones, etc.). Forman parte de la “adecuada conducta profesional”, que encabeza mi particular decálogo para una buena relación médico-paciente, y que con intención práctica expongo seguidamente.

                          Actitudes en la entrevista clínica

                          Actitud
                          Comentario
                          Concederle la palabra al paciente
                          Dejar que cuente sus problemas y escucharle con atención; implicarse en una escucha atenta (activa) y abrirse a las emociones (actitud abierta----confianza).
                          Recordar que no hay enfermedades sino enfermos
                          Centrarse en el individuo, considerarlo como persona, interesándose por él y por su entorno familiar, social y laboral.
                          Implicarse en transferencia* de identificaciones y afectos
                          No actuar como impasibles máquinas terapéuticas o diagnósticas, sino humanamente. (*concepto psicoanalítico)
                          Buscar la cooperación del paciente
                          No aceptar toda la responsabilidad, ni actuar como dioses, sino buscar una alianza o colaboración responsable.
                          Presuponer ansiedades del paciente
                          Ansiedades el tipo: “no me entenderá… no me escuchará… no encontrará lo que tengo… a lo peor me encuentra algo malo… me hará desnudar o una exploración molesta o humillante… quizás sea una tontería y se ría o me riña…”
                          Evitar las ansiedades propias
                          Derivadas de la inseguridad, del tipo: “no seré capaz... otro lo haría mejor… tal vez me arriesgo… no sé que voy a decirle… es un tema muy íntimo…”
                          Considerar enfermedades de base psicosocial
                          Encuadrar el modo de enfermar en su contexto cultural y no limitando el hecho de la enfermedad a una consideración puramente biológica.
                          Esforzarse en el dominio de las técnicas, destrezas o habilidades en comunicación
                          La entrevista clínica es el instrumento más eficaz, suficiente en la mayoría de casos para llegar a un diagnóstico.

                          ***
                          Este artículo es una parte del publicado con el título de Decálogo para una buena relación médico-paciente en la revista médica Cadernos de Atención Primaria, editada por la “Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria” (Agamfec):

                          Brea Feijoo JM. Decálogo para una buena relación médico-paciente. Cad Aten Primaria 2007; 4 (14): 240-244.

                          (Disponible en este enlace como segundo artículo del apartado "Espazo para o debate")

                          Link de interés:

                          lunes, 16 de febrero de 2009

                          Léxico médico de la atención primaria


                          Hablar de léxico sanitario de la Atención Primaria parece, de entrada, como otros léxicos, algo demasiado serio. Y pretender recoger todo el vocabulario que habitualmente emplean los médicos del primer escalón asistencial parece, cuando menos, pretencioso. Habría que referirse a palabras y modismos –expresiones, giros, locuciones– que tuviesen relación con el campo referido, científicas o no, lo cual sería un intento vano, alejado de la modesta pretensión de este mini diccionario.

                          Mi opción descarta la terminología médica, reflejada en múltiples diccionarios generalmente voluminosos. Se acerca más al ámbito de trabajo, a las relaciones interpersonales, a la gestión, a lo sociológico, a lo político y a las humanidades. De cualquier modo se ciñe a lo nuestro, al médico general o de familia, al arte de curar –y consolar–, por lo que viene a ser un pequeño diccionario temático que bebe principalmente en fuentes de opinión. Unas ciento setenta y cinco entradas que considero significativas.

                          Un léxico particular, ajeno y propio, serio e informal. Ajeno, porque uno bebe de otras aguas y porque todo –o casi– bajo el sol ya ha sido escrito o dicho. Propio, porque las ideas prestadas son vertidas a mi manera particular y porque, supongo, también habré aportado algo personal. Serio, porque, como adelanté, un léxico no estrictamente humorístico entraña siempre cierta gravedad. E informal, porque no se limita a definiciones; se distiende y toma irónicas licencias.

                          Algunos discreparán de la elección, de los enunciados, de la extensión o del enfoque; otros criticarán la superficialidad o las carencias. Pero téngase en cuenta lo expresado con anterioridad; la visión es particular, la intención nunca dañina, el humor no se oculta y la extensión de los conceptos no sobrepasa un conveniente límite. Claro que se podrían añadir palabras y locuciones, existentes o potenciales, y por eso dejo abierta la letra final del alfabeto, como simbólico cajón de sastre, para un posible ordenamiento posterior.

                          Releyendo artículos recopilados (encajo en la definición de hombre como “animal clasificador”), eché a andar este léxico médico en febrero de 2004, dándole provisional conclusión en junio de ese mismo año. Un impulso febril, de menos de un semestre, que en febrero de 2005 despertó de su letargo, ante el hallazgo de otros términos merecedores de un lugar. Siempre he tenido una especial querencia por los libros que recogen palabras ordenadas alfabéticamente, fáciles de localizar y que remiten a otras cuando se precisa completar la información. Por eso no me ha costado mucho realizar este ligero y minúsculo léxico.

                          Y no quiero que hieran susceptibilidades lo que sólo son juegos de palabras (consigo sonreír incluso cuando aparento ser hipercrítico o mordaz); me dolería. Tendría satisfacción sabiendo que, al menos, sirven de entretenimiento.
                          ***
                          Esta es la “nota preliminar” a un particular léxico médico del primer nivel asistencial, que fue editado y divulgado en mi reducido entorno, gracias a la colaboración de Manuel Caramés y Trini Rúa. Produjo sorpresa y generó sonrisas. En el futuro he de traer a este blog algunas de sus definiciones, expresamente o como excusa para algún artículo. A continuación doy la relación de todas las entradas (algunas son neologismos, otras han perdido vigencia) que contiene el original:

                          Abusuario, acoso laboral, acreditación, actividades en atención primaria, acumulación de cupos, agresión médica, Alma-Ata, amanuense, ambulatorio, antropología médica, asistencia social, asociación médica, atención farmacéutica, atención primaria, auditoría, autogestión, automedicación, auxiliar de enfermería.

                          Beneficencia, bienestar, bioética, burnout, burocracia médica.

                          Calidad de servicios, carga asistencial, carrera profesional, cartera de servicios, cartilla de la seguridad social, catálogo de prestaciones, centro de salud, certificado médico, chapuza, cita previa, código deontológico, colegio médico, comité de expertos, competencia profesional, comportamiento médico, comunicación médica, conflicto sanitario, congreso médico, consejo interterritorial, contrato programa, coordinación, coordinador de equipo, copago, curandero.

                          Decisión clínica, defensa de la sanidad pública, delegado farmacéutico, demanda asistencial, demora cero, deontología médica, derecho sanitario, desconfianza sanitaria, deshumanización asistencial, desplazado, docencia médica, documento médico-legal, dolor, drogas.

                          Economía de la salud, educación sanitaria, eficacia y eficiencia, encuesta sanitaria, enfermedad problema, entrevista clínica, entusiasmo, equipo de AP, error médico, escepticemia, especialista, estatuto marco, estética médica, Europa sanitaria.

                          Farmacéutico, farmacéutico clínico, fatiga crónica, financiación selectiva de medicamentos, formación continuada, fundación sanitaria, futuro sanitario.

                          Gallaecia, gasto farmacéutico, gestión sanitaria, guía clínica, guardia médica.

                          Habilidades médicas, Hispania, historia clínica, historia de la medicina, homologación de recetas, hospital, hospitalización social, humanidades médicas.

                          Iatrogenia, improvisación, inmigración, intemporalidad, intersustitución, investigación en AP.

                          Jefe de servicio/unidad, jerarquización médica, judicialización de la medicina, juramento hipocrático.

                          Ley del medicamento, libertad, lista de espera, LOSGA.

                          Medicalización, medicamentazo, medicina, medicina basada en la evidencia, medicina de complacencia, medicina defensiva, medicina gestionada, medicina preventiva, medicina privada versus pública, médico de APD, médico de cabecera, médico de familia, médico general, médico rural, medios de comunicación, mobbing, modelo tradicional, motivación profesional.

                          Necesidades del servicio, nesciencia, nuevo modelo.

                          Objetivo, opinión mayoritaria, organización interna.

                          PAC, paciente, pensionista, picaresca, plan de salud, planificación sanitaria, plataforma “diez minutos”, política sanitaria, Portugal, prescripción, presión asistencial, programa de salud, programa ICP, protocolo clínico, prueba documental, psiquiatra.

                          Quemado, síndrome del-.

                          Registro, relación generalista-especialista, relación médico-paciente, risa.

                          Sala de espera, salud, salud mental, salud pública, sanidad, satisfacción profesional, secreto médico, SEMERGEN, SEMFYC, SEMG, sentido común, sindicato profesional, sistema de registro, sistema nacional de salud, sociedad médica, sociología de la salud, supramunicipalidad.

                          Tarjeta de identificación sanitaria, trabajo social, transporte, medio de-, transporte medicalizado, tratamiento, calidad de-.

                          Universalización asistencial, urgencias (y emergencias), usuario.

                          Vademécum farmacológico, verano, visitador médico.

                          Xenofobia.

                          Yerro médico.

                          Zzz. Todos los zumbidos que queráis añadir para que este léxico médico sea lo más amplio y jugoso posible.

                          sábado, 14 de febrero de 2009

                          Amoroso espacio


                          El enamoramiento pone en los ojos del enamorado una negra banda que oculta del otro los defectos; al que ve, lo vuelve ciego. Dígase con otras palabras, con otra construcción sintáctica, pero no hay quien niegue la evidencia. Que lo oscuro es claro, blando lo duro, hermoso lo feo, dulce lo agrio, melodioso el ruido, sonoro el silencio, armonioso lo desentonado. ¿Qué que no sepáis? La naturaleza así lo ha convenido, para bien o para mal. Viviendo en su hechizo, arrullan los broncos sones del –o de la– amante temperamental. Mientras no impera la rutina, todo es dulce, delicioso espacio.

                          El amor no se deja controlar y se vuelve incontrolable. El amor llama a la puerta, entra, queda, marcha, vuelve, vive, muere, resucita, se transforma. Por más que se rechace, se hace necesario. Si hombre o mujer cambian el ritmo, dejan de ser dos corazones y un solo latir. Alguien dijo que el amor es como un pájaro: si lo aprietas muere y si no vuela. Cualquiera que lo haya probado sabe de su efecto ambivalente: el amor place, el amor duele; uno lo goza, uno lo sufre. No es suficiente la luz del amanecer, no bastan los cambios estacionales, ni los vulgares placeres terrenales…

                          El poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer supo expresar la humana necesidad en su Rima LXVII:

                          ¡Qué hermoso es ver el día
                          coronado de fuego levantarse,
                          y, a su beso de lumbre,
                          brillar las olas y encenderse el aire!

                          ¡Qué hermoso es tras la lluvia
                          del triste otoño en la azulada tarde,
                          de las húmedas flores
                          el perfume aspirar hasta saciarse!

                          ¡Qué hermoso es cuando en copos
                          la blanca nieve silenciosa cae,
                          de las inquietas llamas
                          ver las rojizas lenguas agitarse!

                          ¡Qué hermoso es cuando hay sueño,
                          dormir bien... y roncar como un sochantre…
                          y comer... y engordar...! ¡Y qué desgracia
                          que esto sólo no baste!

                          jueves, 12 de febrero de 2009

                          Alejo Carpentier, musicólogo


                          Ampliamente conocido como creador literario, Alejo Carpentier también fue un apasionado de la música en general, y en particular de los ritmos genuinamente cubanos. Hasta tal punto que el escritor se reconocía a sí mismo como un compositor malogrado. Nacido en un ambiente familiar propicio (el padre, alumno de Pau Casals, tocaba el violonchelo; la madre tocaba el piano; la abuela había sido discípula de César Franck), no es de extrañar que sintiera una inclinación temprana por la belleza sonora.

                          En este sentido, debemos recordarlo por varios motivos. Porque fue un impulsor y sostenedor de la Orquesta Filarmónica de La Habana, ciudad donde vio la luz en 1904. Porque rescató composiciones musicales que se daban por perdidas. Porque animó durante muchos años la vida musical habanera. Y, ante todo, porque escribió La música en Cuba (historia) y extraordinarios textos integrados en su faceta de musicólogo.

                          Profundo conocedor de la música universal, halló en el rico folklore cubano –síntesis o “cubanización” de elementos hispánicos, de otras procedencias europeas, indígenas y africanos– una fuente de inspiración para la creación de obras sinfónicas. De igual modo que el jazz inspiró a compositores clásicos, cuyo empleo de elementos folklóricos se valora hoy positivamente; de la misma manera que los creadores de las corrientes nacionalistas europeas bebieron en fuentes propias, lejanas en el tiempo y provenientes de lo popular.

                          Desde 1923, henchido de la necesidad de divulgar la música de su entorno vital, escribió crónicas, artículos y críticas musicales, llegando a colaborar con dos compositores de la época: Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán. En 1927 sufrió encarcelamiento por oponerse al dictador Machado, por lo que en 1928 –tras una recalada en México– se trasladó a París, donde fue director de estudios fonográficos y realizó programas musicales de radio. En realidad ya había estado en esa ciudad, recibiendo parte de su educación juvenil.

                          Regresó a su país en 1939. Y en 1945 escribió La música en Cuba, en sólo once meses; un récord teniendo en cuenta las numerosas fuentes de información consultadas: actas capitulares, archivos familiares, periódicos, libros de entierros, diversas historias de la música. Ese año, con Batista en el poder, se exiló a Venezuela, permaneciendo allí hasta 1959. De la época de su retiro de Caracas cabe resaltar uno de sus escritos: Carta abierta a José Aixalá (1947). En ella dejó sentir su profunda amargura por representar el aludido una fuerza adversa contra la Orquesta Filarmónica de La Habana, de la que entonces era Aixalá presidente, reprochándole los cambios de programación que llevaron a la renuncia del gran director Erich Kleiber, lo que consideraba una desgracia nacional; por eso creía conveniente que el gobierno incautase la Filarmónica para ponerla después en manos de músicos y hombres conscientes.

                          Con el triunfo de Fidel Castro volvió a La Habana. Pero en 1968 retornó a París, esa vez como agregado cultural de la embajada cubana. Y hasta su muerte, acaecida en la capital francesa en 1980, siguió dejando su estela musical.
                          ***
                          Hasta aquí la primera parte del estudio publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre este hombre nacido para la música.

                          El escritor habanero, libre de prejuicios (escuchaba con igual deleite a Beethoven y a Pink Floyd) y obsesionado con el mestizaje cultural del Caribe, fue más allá de la visión encorsetada que separa lo “culto” de lo “popular”, mostrándose como un ecléctico, receptor de todo lo que tiene valor, de lo realmente bueno y auténtico. Buen conocedor de la vanguardia musical (Pierre Boulez, Bruno Maderna, Stockhausen, Luciano Berio...) y, abierto a nuevos modos de expresión, Carpentier no reprobaba la introducción de instrumentos electrónicos. En su eclecticismo, el autor de El siglo de las luces dejó entrever su debilidad por Wagner, Stravinsky y Villalobos, pero no aceptando jerarquizaciones, la división entre lo serio y lo popular, admiraba piezas de Duke Ellington tanto como las de Debussy. Pero ante todo se sintió hondamente conmovido por los ritmos cubanos y por su singular fuerza sonora, que se podría substantivar como “cubanía”. Ponderaba el son y reconocía la fuerza de la cubanía en la historia musical de la isla caribeña (en el trabajo original se incluye una síntesis de su Breve historia de la música cubana). Alejo Carpentier fue incansable en su faceta de musicólogo hasta su muerte, y sus artículos más relevantes fueron recogidos bajo el rotundo título de Ese músico que llevo dentro.

                          martes, 10 de febrero de 2009

                          Sinestesia y música


                          El término sinestesia (del griego syn, “junto”, y aisthesis, “sensación”) denota la sensación percibida en un sentido (pe. la vista) por estímulo de otro (pe. el oído), de manera que se pueden ver sonidos u oír colores. Dicho de otro modo, es la percepción de un estímulo sensorial en otro sistema distinto del que actúa. Supone por lo tanto una “mezcla de sensaciones”, interpretada como una alteración o como una cualidad de la percepción sensorial. Puede ser cualquier sensación –olfativa, táctil, gustativa, auditiva o visual– la que evoque alguna de las restantes; por lo tanto hay diferentes tipos de sinestesia, siendo la más frecuente la visión de colores al oír o leer letras y números. Se reconoce como fenómeno hereditario ligado al cromosoma X (de ahí el mayor número de mujeres sinestésicas), relativamente raro y más frecuente en artistas y personas creativas en general, lo que podría hacer pensar que quienes poseen esta particularidad tienen un mayor potencial creador. En este caso, cabría interpretarla como una facultad, una capacidad, una virtud o un don.

                          Sobre el mecanismo fisiopatológico de la sinestesia se han postulado varias teorías. Una la explica por la permanencia de la conexión entre los centros neurológicos que procesan los sentidos, que debería haber desaparecido en los primeros meses de vida; otra sostiene que los centros cerebrales que procesan la visión están cerca de otros que procesan el lenguaje. No se considera un trastorno psiquiátrico en el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 4ª ed., de la American Psychiatric Association), pero aparece en los trastornos relacionados con alucinógenos como la mescalina (alcaloide vegetal, extraído del peyote), en que el intoxicado refiere, por ejemplo, haber oído, visto y degustado el sonido de una trompeta; aquí se trata de una percepción anormal propiciada químicamente. Por otro lado, neurólogos y psiquiatras diferencian las sinestesias de las alucinaciones reflejas (pe. un enfermo siente un pinchazo en la cabeza cuando alguien estornuda y el estornudo permanece como causante de su dolor).

                          Los individuos sinestésicos suelen tener gran memoria visual y mayor coeficiente intelectual que la media, ser zurdos o ambidiestros y muy imaginativos. Respecto a la música, que es lo que nos interesa, la particularidad de los músicos sinestésicos, es su capacidad de asociar tonalidades musicales con colores (incluso notas aisladas, acordes o timbres, vocales o instrumentales); padecen, o disfrutan, una sinestesia auditivo-visual. Es renombrado el caso de Alexander Scriabin y, más recientemente, se viene refiriendo el de Olivier Messiaen. Probablemente Franz Liszt y Nicolai Rimsky-Korsakov fueron sinestésicos, y acaso muchos otros músicos no citados en la literatura. En la inseguridad, es preferible limitar nuestras consideraciones a los dos compositores paradigmáticos.

                          Alexander Scriabin (1872-1915) pretendió demostrar la relación entre tono y color mediante un “teclado de color”, un órgano que habría de proyectar en una pantalla del escenario los colores que supuestamente corresponderían a cada tono musical; dicho teclado no llegó a ser construido, y la obra prevista para su estreno (Prometeus: El Poema del Fuego) hubo de ser interpretada con simples diapositivas en color. La influencia de la teosofía, la sustitución del sistema tonal tradicional por un propio “acorde místico” y la aspiración del compositor ruso al advenimiento de una nueva Humanidad a través de una gran creación musical, una “obra de arte total” titulada Misterio –inacabada–, quedaron en una utópica aspiración, concebida por un músico con un halo misterioso –como el de su pretendida obra definitiva– y una desbordante imaginación, concordante con las características de los sinestésicos.

                          Olivier Messiaen (1908-1992) llevó expresamente el color a algunas de sus composiciones (Chronochromie, para gran orquesta; Couleurs de la citè Cèleste, para piano, viento y percusión) y en otras lo sugiere a través de referencias a la luz. Messiaen llegó a decir que la relación color-sonido era el factor más importante en la creación musical, por encima del ritmo que, previamente, había considerado el elemento fundamental. ¿Suerte o infortunio? Parece ser que la condición sinestésica era para el músico francés una “cualidad” vivida como un drama, por la chocante sensación de ver colores con la audición de los sonidos cuando el público no veía nada. Su “desgracia”, unida a la atracción por ritmos exóticos y a la fascinación por el canto de los pájaros –los mejores músicos para el compositor–, se ve reflejada en una obra singular.
                          ***
                          Este artículo fue concebido a partir de un intercambio de ideas con un compañero de la blogosfera, David Revilla Velasco, gran conocedor y amante de la música de Sibelius, cuyo blog, Jean Sibelius en español, recomiendo encarecidamente.

                          Añado un video ilustrativo que me parece muy interesante.

                          domingo, 8 de febrero de 2009

                          Humanismo médico


                          En principio, hemos de entender por Humanismo médico el cultivo que hacen los profesionales de la medicina de alguna de las actividades o disciplinas tradicionalmente consideradas humanísticas (literatura, filosofía, lenguas e historia), y/o de otras añadidas que seguidamente enumeraremos. A tales profesionales los calificamos de médicos humanistas. El humanismo supone alejarse de la despersonalización reinante en la actualidad, pero sigue siendo el eje sobre el que giran los buenos médicos, aquellos que van más allá del acopio de conocimientos científicos.

                          Siguiendo el modelo americano, bajo el epígrafe de Humanidades médicas (Medical Humanities) se recogen las “ciencias socio-médicas”; por orden alfabético: antropología médica (cultural y filosófica), bioética médica, comunicación médica (entrevista clínica, relación médico-paciente), derecho sanitario, economía de la salud, educación médica, estética médica (literatura y arte en general), historia de la medicina, psicología médica, sociología de la salud, teoría y método de la medicina (información, documentación y terminología). Las principales son, tal vez, la antropología médica, la bioética, la historia de la medicina, la psicología y la sociología.

                          Los médicos humanistas adoptan una actitud renacentista, preocupados por abarcar otros campos del saber y de las artes –ávidos de alimentarse del mundo, no conformes con el monótono placer de un solo plato–, sin necesidad de llegar al extremo del irrepetible Leonardo. Basten de ejemplo los siguientes nombres reconocidos, tres de ellos hispanos, referidos por orden cronológico:

                          Rudolf Virchow (1821-1902): patólogo alemán entregado a la antropología.

                          William Osler (1849-1919): médico canadiense, considerado el padre de la medicina moderna, y eminente pensador.

                          Karl Aschoff (1866-1942): patólogo alemán, continuador de la obra de Virchow, que cultivó la historia de la medicina.

                          Harvey W. Cushing (1869-1939): neurocirujano norteamericano y primer biógrafo de Osler.

                          Gregorio Marañón (1887-1960): médico y endocrinólogo madrileño, historiador y ensayista.

                          Juan Rof Carballo (1905-1994): médico lucense considerado el padre de la medicina psicosomática y ensayista científico-filosófico.

                          Pedro Laín Entralgo (1908-2001): médico turolense, historiador de la medicina y ensayista.
                          ***
                          Por sus importantes contribuciones, podemos citar también al coruñés Roberto Nóvoa Santos (1885-1933), patólogo y escritor que estuvo obsesionado con el enigma de la muerte, al barcelonés José Barón Fernández (1904- ), que realizó estudios sobre Vesalio y Miguel Servet, y al compostelano Domingo García-Sabell (1909-2003), ensayista y político. Y considero necesario incluir al cardiólogo Manuel Fuster Siebert, (1944-2008) traductor de la última biografía de Osler (“William Osler: una vida entregada a la medicina”, de Michael Bliss), cuyo fallecimiento, el pasado año, fue profundamente sentido; por haber sido alumno suyo, doy fe de sus inquietudes humanistas y, al igual que el médico canadiense, de su ejemplar proceder y total entrega a la medicina.

                          viernes, 6 de febrero de 2009

                          Relación médico-paciente: Decálogo para una buena relación


                          Habiendo bebido en diversas fuentes y nutrido de opiniones ajenas, valorando la visión distante y la propia reflexión pausada, dejando de lado cualquier originalidad, me aprovecho del socorrido y delimitador decálogo para enumerar, a modo de resumen, los preceptos que estimo prioritarios en el proceso de comunicación en atención primaria. Aguardo que también sirvan a otros de provecho.

                          1) Adecuada conducta profesional
                          • escucha activa
                          • actitud abierta (generación de confianza)
                          • sabio empleo de la “autoridad” y del “poder” terapéutico
                          • lenguaje claro
                          • elevación de la autoestima
                          • papel de consejero (no de intimidador ni discutidor)
                          • reconocimiento de errores
                          • buen humor
                          2) Adecuada respuesta del paciente
                          • enfrentamiento con la enfermedad
                          • colaboración (con motivación y manejo de “problemáticos”)
                          • enfoque realista en efectos colaterales farmacológicos
                          • enjuiciamiento de la información que le brindan los medios
                          • valoración del sistema de salud
                          3) Adecuado ambiente
                          • consultorio digno
                          • sala de espera agradable
                          • aislamiento acústico
                          • tiempo de espera razonable
                          4) Disminución de la presión asistencial
                          • limitación del número de pacientes
                          • sustitución de personal ausente
                          • controlar demanda y mejorar condiciones con excesiva demanda
                          5) Disponibilidad de tiempo
                          • objetivo de la "Plataforma Diez Minutos"
                          • distribución por "tramos"
                          6) Desburocratización de las consultas
                          • cambio del modelo de receta
                          • eliminar documentos inadmisibles y revisar cuestionables
                          7) Personal auxiliar de apoyo

                          8) Servicios sociales apropiados
                          • asistencia social
                          • centros sociales y recreativos
                          9) Educación sanitaria de la población
                          • promoción de salud en AP
                          • educación sanitaria escolar
                          • educación sanitaria en la comunidad
                          • medios de comunicación responsables
                          10) Delimitación explícita de competencias
                          • mejora de la organización asistencial
                          • evitación del intrusismo profesional
                          ***
                          Estas son las conclusiones -que analizaré en el futuro- del estudio publicado en la revista médica Cadernos de Atención Primaria, editada por la “Asociación Galega de Medicina Familiar e Comunitaria” (Agamfec), con el mismo título:

                          Brea Feijoo JM. Decálogo para una buena relación médico-paciente. Cad Aten Primaria 2007; 4 (14): 240-244.

                          (Disponible en este enlace como segundo artículo del apartado "Espazo para o debate")

                          Partiendo de las bases teóricas de la comunicación y, en definitiva, de la entrevista clínica, se analizan diez condicionantes de la relación médico-paciente sobre los que, sin duda, es preciso incidir para conseguir el buen fin que anuncia el título. Se consideran las actitudes y la conducta profesional que debe adoptar el entrevistador, la respuesta del paciente, el medio donde se realiza la entrevista y otros factores que podrían perjudicar la comunicación. Porque es posible mejorar notablemente la recíproca relación médico-paciente, poniendo interés por nuestro lado, aconsejando y educando a la ciudadanía desde el primer nivel asistencial, e instando a las autoridades sanitarias a mejorar el medio en que nos movemos y dejamos buena parte de nuestra vida.

                          jueves, 5 de febrero de 2009

                          La agenda racional



                          Estoy convencido, desde hace mucho, que la presión asistencial no depende de lo cuantioso que sea el cupo, sino de la distribución de la agenda, de su racionalidad o, si se quiere, de su calidad. Planificando las cuatro horas de asistencia a razón de 10 minutos por paciente habría de atender a 24 usuarios (25 redondeando), un imposible con nuestro actual modelo organizativo. 

                          Pero yo iría más allá de la rígida cadencia distributiva, de manera que citaría por tramos de media hora: por ejemplo, 3 pacientes a las 09:00, otros tres a las 09:30, otros tantos a las 10:00 y así sucesivamente. La espera no habría de ser excesiva (20 minutos como máximo) y podría aprovechar mucho mejor el tiempo, por tres razones elementales. Primera: se evitaría el “vacío” por la incomparecencia de algún paciente (raramente habrían de fallar los tres de un tramo horario). Segunda: si resuelvo el problema de un paciente en 5 minutos, me quedarían 25 para los otros dos del mismo tramo, acaso con problemas más complejos. Tercera: de surgir una demanda imprevista (cita forzada, urgencia), me vería mucho menos agobiado por la flexibilidad establecida.

                          En resumen, la mejora vendría a través de una agenda racional y realizando una sensata reorganización asistencial (en todos los sentidos reiterados hasta la saciedad), en pos de la eficacia y la recuperación del entusiasmo. De lo contrario, estaremos condenados a seguir como amanuenses indefinidamente, cubriendo recetas y partes de baja, y obligados a derivar pacientes al segundo nivel por el agobio; insatisfechos con nuestra ineficaz tarea, resignados con nuestra negra sombra y lamentándonos de nuestra triste suerte. ¿O no lo creéis así?
                          ***
                          Comentario al artículo de opinión "Diez minutos sí, cupos pequeños no", de Rafael de Pablo (7DM, nº 746, 11/04/2008), quien propugna la idea del control de la agenda médica (listado de pacientes con cita previa) por parte del propio médico.

                          Creo conveniente una apostilla a este comentario. Si es inviable el ideal de 10 minutos por paciente y, por ello, la distribución de 3 pacientes cada media hora, nadie debiera oponerse a distribuirlos en tramos de 20 minutos (tendríamos una media de casi 7 minutos per cápita). Serían 9 pacientes cada hora y un total de 36 en las cuatro horas (sin contar los “extras”). Siguiendo el razonamiento anteriormente expuesto: 3 pacientes a las 09:00, otros tantos a las 09:20, a las 09:40, a las 10:00 y así sucesivamente, sin la rigidez de la cadencia fija por individuo. En comparación con la que tenemos, ésta sería una agenda de calidad, racional o razonable.

                          miércoles, 4 de febrero de 2009

                          Temor humano


                          Sin duda, lo que más preocupa al hombre es su propio temor
                          ; el miedo a lo desconocido, al dolor, al sufrimiento, al abandono, a la soledad… a la vida. En algunos casos, el temor despierta tal inquietud que impide el mínimo disfrute, provocando un sin vivir que es casi peor que estar muerto. Entonces se hace necesario eliminar esa ansiedad que el temor produce, hallar el modo de relajarse para alcanzar una tranquilidad, aunque sea pasajera. En ocasiones bastará el consuelo de una palabra amable, o una mentira piadosa, o un beso, o una caricia.

                          El temor nos intranquiliza, y la intranquilidad nos deteriora psíquica y físicamente; nos distorsiona en lo emocional y acelera nuestro envejecimiento, afuera y adentro, manifiesta en arrugas cutáneas o canas del cabello, oculta en la esclerosis de las arterias o en el sustrato neuronal. Los animales también sufren su ansiedad, y bien lo saben los veterinarios (se ha propuesto relajar a las vacas mediante masaje con cepillos eléctricos, a fin de que produzcan más y mejor leche). Pero la ansiedad humana es peor, porque el hombre puede analizarla.

                          Reza el dicho: si buscas ratos felices no analices; un imposible, porque el hombre es un ser pensante. Para desprendernos del temeroso lastre invocamos a los dioses o pedimos ayuda a otros mortales, quienes a su vez habrán de buscar su propio remedio. Cada cual procurará su alivio, su lenitivo, su bálsamo, en las indescifrables profundidades del ser o en el luminoso mundo exterior. El espíritu necesita estar en consonancia con lo orgánico para preservar la paz. Y en esa necesidad, tantea las diferentes vías que a la mente se le muestran.

                          Y al temer se busca ayuda... Uno consulta a un adivino para que le diga lo que espera (que tendrá trabajo, salud y amor) y lo libere de su temor. A un sacerdote para que le dé esperanza en el más allá (que confíe en la otra vida, que su mal es transitorio, que el paraíso le aguarda) y lo ilumine. A un abogado para que le garantice libertad y propiedad (que no ha de ir a prisión, que no perderá sus bienes) y pueda dormir tranquilo. A un médico para que lo consuele (que lo suyo no es grave, que esté tranquilo, que de eso no ha de morir) y lo descargue de su gran preocupación.

                          ¡Libérate del temor! Porque como dijo Horacio, el poeta romano, quien vive temeroso nunca será libre.

                          martes, 3 de febrero de 2009

                          La continua búsqueda sonora


                          El arte inspirado por las musas, desde su expresión religiosa o profana primigenia, ha seguido un curso largamente progresivo, marcado por transiciones conducentes a cambios. Convencionalmente, en una clasificación cronológica occidental se habla de grandes períodos musicales, haciéndose referencia a sucesivos estilos de música: medieval, renacentista, barroca, clásica y romántica. Quedarían sin tipificar los dos extremos históricos: la música de la antigüedad, por desconocida, y la moderna –asumiendo la de los últimos cincuenta años como propiamente contemporánea–, por suponer una disgregación estilística. (Ver cuadro sinóptico)

                          Alcanzado el s. XX y llegada la Época Moderna, aún prevalecía la individualidad propugnada en el Romanticismo, pero comenzaban a producirse grandes innovaciones. La música tonal, fácilmente comprensible y predecible en su desarrollo, había seguido hasta finales del s. XIX una evolución aparentemente natural, sin demasiadas convulsiones, pero a partir de entonces se iban a imponer nuevos lenguajes musicales. Surgió el impresionismo musical, haciendo énfasis en los efectos tímbricos. Comenzó a imponerse la atonalidad, mediante el serialismo y su técnica principal, el dodecafonismo, utilizando en serie las doce notas de la escala cromática, inasimilable para oídos no acostumbrados a tan peculiar lenguaje. Irrumpió la politonalidad y la modalidad

                          Comparadas con lo anterior, las corrientes experimentales eran difíciles, extrañas o desagradables, nada predecibles. No obstante, en medio de las turbulencias se produjo un retorno a lo clásico, un neoclasicismo, sin impedir una combinación de lenguajes que conllevó auténticas ensaladas estilísticas. Algunos compositores prefirieron permanecer al margen de rupturas y seguir la línea continuista, emulando a sus predecesores; otros llegaron hasta el borde del abismo innovador y allí se detuvieron. Pero la desaparición de la escena de grandes maestros no detuvo a la gran música en su imparable avance.

                          Como parte de la música experimental desarrollada, a fines de la década de 1940s comenzaron a grabarse sonidos y ruidos de la calle o de la naturaleza y a combinarlos con sonidos instrumentales, surgiendo así la llamada música concreta, que marcó el comienzo de la música electrónica al comprobarse que el sonido grabado era susceptible de manipulaciones electroacústicas ilimitadas. Otra corriente innovadora fue la música aleatoria, que daba gran valor a la improvisación. La posterior evolución de la música de vanguardia, las diferentes escuelas y la intensa experimentación producida –hasta la extravagancia– no entran en el cometido de este estudio sintético. Con intención generalizadora, basten dos ideas: la de elitismo intelectual, por estar reservada a minorías (siendo poco aceptada por el público y escasamente programada en conciertos), y otra de mezcla, derivada del uso combinado de instrumentos clásicos, aparatos electrónicos y cintas grabadas.


                          Una clasificación cronológica de la música clásica occidental
                          Música
                          Período
                          Claves
                          De la Antigüedad
                          Anterior a 476 (1)
                          Desconocida (sin notación)
                          Medieval
                          Aprox. 476–1400 (1450)
                          Canto gregoriano (s. VI)
                          Polifonía (s. IX)
                          Ars nova (s. XIV)
                          Renacentista
                          Aprox. 1400(1450)–1600
                          Ópera

                          (Final Música Antigua) (2)

                          Barroca
                          Aprox. 1600–1750 (3)
                          Cantata, Oratorio
                          Suite, Sonata, Concerto
                          Clásica
                          Aprox. 1750–1820
                          Cuarteto de cuerda
                          Sonata para teclado
                          Sinfonía
                          Romántica
                          Aprox. 1820–1920 (4)
                          Renovación formas previas
                          (sinfonía, concierto, ópera)
                          Lied
                          Formas pianísticas breves
                          Poema sinfónico
                          Moderna- Contemporánea
                          S. XX y continúa
                          Disgregación estilística
                          Impresionismo
                          Serialismo-Dodecafonismo
                          (1) Caída del Imperio Romano.
                          (2) La llegada del Barroco (s. XVII) marca una línea divisoria controvertida.
                          (3) Desde 1720 se entronca un estilo rococó (galante), preclásico, principalmente en Francia.
                          (4) En 1836 (estreno de “Una vida por el Zar” de Glinka) se inicia el Nacionalismo musical.
                          ***
                          He reproducido una parte del artículo publicado en OpusMusica (revista de música clásica), una síntesis de la evolución musical en la historia y en sus diferentes lenguajes. Dejo el enlace de acceso al escrito íntegro:

                          lunes, 2 de febrero de 2009

                          El Lied (1): Singularidad y fuerza de atracción


                          Se da por supuesto el profundo conocimiento de la poesía que los compositores de Lieder (plural de Lied) revistieron de melodía, porque de lo contrario no sería posible llegar a esa adecuada conjunción íntima, lírica, de música y palabra. Es cierto que en ocasiones los textos elegidos, o concebidos por ellos mismos, están por encima de la música que les fue asignada y que, por contra, en otras el ropaje musical supera al contenido poético; pero cuando se logra el perfecto emparejamiento que alcanza la cumbre suprema, el artístico milagro hace que texto y música sean ya inseparables. No debemos olvidar que los Lieder envuelven argumentos intemporales, que tratan de la vida, del amor y de la muerte, que besan la naturaleza, loan la libertad y lloran el abandono; generalmente alzan una voz doliente que busca la liberación, considerando la poesía como clamor del desaliento, grito desesperado por la incomprensión circundante y canto de indescriptible belleza.

                          Merece la pena adentrarse en la obra de los principales compositores del género y, si hay posibilidad, explorar los Lieder de otros músicos no tan divulgados pero dignos de atención, por la originalidad de sus creaciones o por cualquier singularidad.

                          Se hace indiferente hablar de Lied o de canción (culta), englobando otros términos, como melodía o balada, escogidos por algunos músicos; en definitiva estamos haciendo referencia al mismo tipo de composición vocal acompañada, si bien diversa en sus límites. Los Lieder pueden invitar al recogimiento, ser evocadores o contener historias compendiadas, revelar mundos en unos pocos minutos de sonora hermosura, de manera íntima y sencilla –que no simple–, sin efectismos vanos. A los no conocedores de espíritu sensible, el descubrimiento de maravillosas canciones insospechadas habrá de proporcionar un enorme deleite cuando se entreguen a su placentera escucha.

                          Quien se acerque sin prejuicios a los Lieder probablemente se quedará atrapado, al comprobar que se disfruta con estas miniaturas literario-musicales tanto como con obras operísticas o composiciones sinfónicas de gran envergadura. Si como unidades independientes pueden ser plenamente satisfactorias, los buenos ciclos de canciones colman los apetitos musicales más voraces. No creamos que la canción culta se sustenta en el instrumento natural y que es insustancial el acompañamiento; cuando se dice que el piano acompaña a la voz, debe entenderse que participa en paridad de la interpretación artística, que su intervención es decisiva, que no va de comparsa. Así debe ser, y así sucede al menos con las piezas maestras.

                          Son múltiples las formas de las sonoridades y diversos los colores que irradian de las canciones desde los primeros tiempos; e infinitas las posibilidades futuras, a pesar de que se hable de crisis del Lied, por haberse perdido en parte la esencia de la canción artística, simple, breve y cantabile. Aguardemos la luminosa expansión de los Lieder, en la confianza de que su fuego no se extinga jamás.
                          ***
                          Ésta es la última parte de un artículo publicado en Filomúsica (revista de música culta) sobre el nacimiento y evolución del Lied (pl. Lieder, término alemán: literalmente canción), denominación de la canción culta o composición a una o varias voces, con acompañamiento instrumental, generalmente pianístico: