Los símbolos tienen gran importancia en la poesía de algunos creadores. Partimos de la definición de símbolo como término que representa o sugiere otra realidad. Y de dos ejemplos significativos: la balanza como símbolo de la justicia y la paloma como símbolo de la paz. Pueden ser muchos los símbolos, y un mismo término puede emplearse con diferentes significados simbólicos.
Pero precisemos más. El símbolo es una figura literaria o retórica que consiste en la utilización de una palabra que designa una cosa para hacer referencia a otra, que generalmente no se menciona en el texto. En literatura, existen dos figuras literarias idóneas para poder materializar un símbolo: la metáfora (relación de semejanza) y la sinestesia (relación de sensaciones). [La metáfora y el símbolo]
Los símbolos son inherentes a la poesía, se usan en ella desde siempre, aunque fue el movimiento conocido como simbolismo, de finales del siglo XIX, que agrupó a los poetas simbolistas, quien los tomó como eje central.
En la poesía española, se repiten los ejemplos de poetas que utilizaban símbolos: Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Federico García Lorca. En Juan Ramón, que se adhirió a la corriente poética del simbolismo, está el ave, el pozo, la flor... En Machado: la fuente, el camino, la tarde... En Lorca: la luna, el agua, el caballo....
También hemos de recordar a Miguel Hernández, que utilizó muchas imágenes y símbolos: la cabra, el rayo, el limón... Y yendo hacia atrás, no debemos olvidar a Rosalía de Castro, con la paloma, las campanas, la reiterada sombra o el mar.
—En «Agua escondida», de Dulce María Loynaz (1902-1997), el agua parece representar a la persona amada o apetecida.
Tú eres el agua oscura
que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
que va corriendo bajo la tierra...
(...)
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
geográfico; tú eres la frescura intocada...
(...)
agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!
—En «El espíritu y el agua», de Paul Claudel (1868-1955), el agua es símbolo de la sed del alma humana por Dios.
¡Dios mío, ten piedad de estas aguas deseantes!
¡Dios mío, ves que yo no soy solamente
Espíritu sino agua!
¡Ten piedad de estas aguas que mueren
De sed dentro de mí!
Y el espíritu está deseante, mas el agua es la cosa deseada.
–Paul Claudel combina simbolismo y realismo.
++El mar como símbolo.
—En «El murmullo de las olas», de Aurelio Aguirre (1822-1858), el mar es ser misterioso que en el poeta vive, como visión tentadora que llama a los que sufren (¿al suicidio?).
Dime, tú, ser misterioso
que en mi ser oculto moras
sin que adivinar consiga
si eres realidad o sombra.
Angel, mujer o delirio,
que bajo distintas formas
a mis ojos apareces
con la noche y con la aurora
y a todas partes me sigues
solícita y cariñosa,
y en todas partes me buscas,
y en todas partes me nombra
y estás conmigo sin velo,
y si duermo, en mi reposas,
y si suspiro, suspiras,
y si triste lloro, lloras…
¡Oh, dímelo!… tú lo sabes…
Dime, visión tentadora:
¿Qué le dice a los que sufren
el murmullo de las olas?
–Aurelio Aguirre murió ahogado en una playa, a los 25 años, sin que se haya aclarado si su muerte fue accidental o por suicidio.
–Según Carballo Calero, Rosalía de Castro se inspiró en este poema de Aureliano Aguirre, a quien conocía, para escribir su «Negra sombra».
—En «Mar», Federico García Lorca compara el océano con el infierno, pero se apiada de él porque está condenado a sufrir en un eterno movimiento.
El mar es
el Lucifer del azul.
El cielo caído
por querer ser la luz.
–Poema profanado por Borges:
El mar es / el Lucifer de la luz. / Cuando mala mujer / la luz es cruz.
+++Fuente o manantial como símbolo.
[De la fuente artificial se ha dicho que es agua humanizada.]
—En «Fue una clara tarde, triste y soñolienta», de Antonio Machado, el poeta entabla un diálogo simbólico con una fuente.
—Platero, si algún día me echo a este pozo, no será por matarme, créelo, sino por coger más pronto las estrellas. Platero rebuzna, sediento y anhelante. Del pozo sale, asustada, revuelta y silenciosa, una golondrina.
*La parte titulada El pasajero de Claves líricas de Ramón María del Valle-Inclán, bien podría titularse «Poemas de las rosas», pues casi todas sus claves exhiben la rosa en el título. Pero en La pipa de kif también tenemos otra rosa: «Rosa de sanatorio». Leemos: la rosa es la belleza encerrada en lo efímero, pero también es una condensación de tiempo y un símbolo de la finalidad, de logro absoluto, milagroso, y también de perfección. [v. Valle-Inclán sub rosa]
*«El cuervo», de Edgar Allan Poe (1909-1849), poema narrativo y composición poética más famosa del poeta, cuya síntesis es la siguiente: con el tópico de la muerte de la mujer amada, un cuervo parlante (pájaro negro y agorero) se presenta en la noche ante el desconsolado amante, que se encuentra solo y angustiado, y con él permanece, repitiendo «Nunca más», dándole a entender que es un mensajero del más allá, condenándolo a la eterna soledad y, en un ambiente fantástico, haciendo que se debata entre la razón y la cordura, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, que siempre acabará imponiéndose.
Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
–Aunque siempre quiso ser poeta, Poe es uno de los maestros del relato corto.
–Los poemas de Poe, una docena, son icónicos, de impecable construcción, ritmos y temas obsesivos: la muerte, el duelo, la locura, lo macabro, el paso del tiempo.
*En «A la luna», de Johann Wolfgang von Goethe, la luna es ‘‘símbolo del amor en la tristeza’’, a quien la voz poética le pide que lo ascienda hasta su altura para poder contemplar el cuerpo amado, como ella, Selene, el de Endimión en otro tiempo.
¡Oh tú, la hermana de la luz primera,
símbolo del amor en la tristeza!
(…)
¡Oh, elévame hasta ti, ponme a tu vera!
No niegues a mi ensueño esta ventura;
y en plácido reposo el caballero
pueda ver a hurtadillas de su amada,
las noches tras los vidrios enrejados.
(…)
yo tus rayos de luz concentro, ¡oh luna!,
y mi mirada aguzo, escrutadora;
poco a poco voy viendo los contornos
del bello cuerpo libre de tapujos,
y hacia él me inclino, tierno y anhelante,
cual tú hacia el de Endimión en otro tiempo.
–‘‘la hermana de la luz primera’’: del sol.
**En «A la luna», de Giacomo Leopardi, su Canto XIV, el poeta le cuenta al satélite su congoja y parece regocijarse melancólico en los tristes recuerdos del pasado.
Oh tú, graciosa luna, bien recuerdo
que sobre esta colina, ahora hace un año,
angustiado venía a contemplarte:
y tú te alzabas sobre aquel boscaje
como ahora, que todo lo iluminas.
Mas trémulo y nublado por el llanto
que asomaba a mis párpados, tu rostro
se ofrecía a mis ojos, pues doliente
era mi vida: y aún lo es, no cambia,
oh mi luna querida. Y aún me alegra
el recordar y el renovar el tiempo
de mi dolor. ¡Oh, qué dichoso es
en la edad juvenil, cuando aún tan larga
es la esperanza y breve la memoria,
el recordar las cosas ya pasadas,
aun tristes, y aunque duren las fatigas!
***En «A la luna», de Rosalía de Castro, poemaestructurado en cuatro partes, la poeta expresa su admiración por nuestro satélite y, casi divinizándolo (a fin de cuentas es la diosa Selene) u otorgándole poder, realiza una invocación, deseando, entre otras cosas que retornen los ausentes –emigrados– a sus lares.
Todo lo ves, y todos los mortales,
cuantos en el mundo habitan,
en busca del alivio de sus males,
tu blanca luz solicitan.
****En «A la luna», de Nicomedes Pastor Díaz (1811-1863), el yo poético, desde su amorosa tristeza, proyecta en la luna el bello objeto de su amor no correspondido.
Desde el primer latido de mi pecho,
Condenado al amor y a la tristeza,
Ni un eco a mi gemir, ni a la belleza
Un suspiro alcancé:
Halló por fin mi fúnebre despecho
Inmenso objeto a mi ilusión amante;
Y de la luna el célico semblante,
Y el triste mar amé.
–Nicomedes Pastor Díaz, escritor y político –de probada honradez–, reunió en Poesías sus poemas, de tono triste, melancólico, elegíaco.
–En la poesía de Nicomedes Pastor Díaz, mayoritariamente en castellano y algo retórica, late el alma gallega (la saudade), el amor, la muerte, la soledad, el paisaje...
–El poema en gallego «A Alborada» (1818), es una de las primeras muestras del renacer literario en la lengua gallega, antes de Rosalía de Castro, de modo que Nicomedes Pastor Díaz es uno de los precursores delRexurdimiento.
*«A una estrella», de Carolina Coronado: el asombro ante una estrella inmóvil.
Más allá de su límite prescrito
sediento avanza, audaz el pensamiento,
y tu origen, tu vida, tu elemento
menos alcanzo cuanto más medito.
**«Estrella brillante», de John Keats, es probablemente el soneto más famoso del autor. Lo escribió cuando sabía que se estaba muriendo de tuberculosis.
Estrella brillante, si fuera tan firme como tú,
No en solitario esplendor colgada en lo alto de la noche
–Este poema que da título a una película sobre el amor de John Keats y Fanny Bawne: Bright Star.
***«Yo conozco a las estrellas», de Sara Teasdale (1884-1933), muestra a una mujer que conoce las estrellas, e incluso los secretos de los hombres, sus pensamientos grises, pero no puede saber si el hombre que quiere la ama.
Yo conozco a las estrellas por sus nombres,
Aldebarán, Altair,
y conozco el camino que recorren
por la amplia escalera azul del cielo.
(...)
Pero tus ojos son oscuros para mí...
–Aldebarán: estrella más brillante de la constelación de Tauro.
–Altair: estrella más brillante de la constelación de Aquila (El Águila).
***Poema de Soledades, de Antonio Machado, al parecer inspirado en el poema de Rosalía de Castro «Unha vez tiven un cravo», de Follas novas, donde los caminos soñados son el antídoto al dolor amoroso, inalcanzado, que se siente como algo que se clava: «En el corazón tenía / la espina de una pasión...».
*El título de este poema de Celso Emilio Ferreiro (1912-1979) es el mismo de un poemario completo: Longa noite de pedra. La piedra es expresión de la dureza y metáfora de la dictadura, de la falta de libertad.
*En «Eterna sombra», de Miguel Hernández, la voz del poeta, sumida en una sombra, aún confía en un rayo de sol que la venza.
Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.
(...)
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.
–El poeta usa en este poema –el último que escribió, estando encarcelado– el endecasílabo dactílico o de gaita gallega (acento en sílabas cuarta y séptima).
**«Invitación al aire», de Rafael Alberti, evoca la sombra de la mina.
Sombra sin luz, minera
por las profundidades
de veinte tumbas, veinte
siglos huecos sin aire,
del aire, aire, aire.
***La sombra es una constante en la poesía de Rosalía de Castro. Está en «Negra sombra», su poema más conocido (convertido en canción por Juan Montes), con un significado abierto a diversas interpretaciones, como símbolo polisémico: negrura existencial, desaliento, pasado triste –sombrío–, saudade, amor frustrado...; yo me inclino por el significado de saudade: soledad existencial. Está en muchos otros poemas, aunque la palabra sombra no aparezca en el título o en su primer verso. Y está en el que reproducimos íntegro a continuación.
*En «A campana de Anllóns», de Eduardo Pondal (1835-1917), el autor de Queixumes dos pinos (Quejidos de los pinos) expresa lo que siente cuando la oye tocar.
Cando te sinto tocar,
campana de Anllóns doente,
nunha noite de luar...
rompo triste a suspirar,
por cousas dun mal ausente.
**Rosalía expresa esa sensación de saudade, que va más allá de la añoranza o la nostalgia, ante el místico sonido de las campanas, que refiere en Cantares gallegos, su primer poemario.
Campanas de Bastabales,
cando vos oio tocar,
mórrome de soidades.
Y no puede dejar de escucharlas, dice en En las orillas del Sar, su poemario último.
***«Las campanas», de Edgar Allan Poe, viene a ser como una exploración poética de la vida y la muerte a través de los sonidos de las campanas, que el poeta hizo tras la muerte de su esposa Virginia Eliza Clemm.
–Este poema fue compuesto a sugerencia de Marie Louise Shew, vecina y enfermera de la mujer de Poe, cuando éste estaba deprimido por la muerte de Virginia. El poeta le dedicó el poema «A Maria Luisa» (To Marie Louise).
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