–¿Puedo tomar este medicamento con el Sintrom, doctor Abré? –le pregunta doña Juana a su médico de cabecera.
–¿Quién se lo ha recetado? –indaga el médico contemplando un envase de Tanakene® (Ginkgo biloba), un fármaco vasodilatador de eficacia controvertida, que la paciente ya ha recogido en la farmacia.
–Pues el neurólogo –responde la paciente.
–Y usted, Juana, ¿no se lo preguntó a él?
–Sí, doctor Abré, pero me dijo que se lo consultase a usted.
El doctor Abré, desconcertado, revisa la posible incompatibilidad y verifica que el “Ginkgo biloba” puede potenciar el efecto anticoagulante del Sintrom® (Acenocumarol). Así se lo hace saber a doña Juana. Y ésta, que confía en su médico, decide no tomarlo.
Conclusiones: falta de ética profesional del prescriptor, deficiente comunicación, inadecuada prescripción, gasto farmacéutico superfluo.
Si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.
Piotr Ilich Tchaikovsky.
El genio es compañero de la locura.
Anton Chéjov
De entrada, creo necesario señalar dos interesantes conclusiones –ya apuntadas en el final de la serie “Grandes compositores y desequilibrio emocional”– de un estudio sobre la relación entre creatividad y enfermedad mental (*): 1) Es mayor la frecuencia de enfermedades mentales en músicos que en la población general, pero menor que en otros campos artísticos; y 2) La enfermedad mental grave no va ligada a la creatividad sino que la interfiere. Dicho lo cual, no es lícito deducir por simple asociación la relación entre genialidad y locura, aunque la existencia de ésta preceda a la creatividad.
(*) Delgado Calvete C, Pérez Bravo A. Relación entre creatividad y enfermedad mental. AN. PSIQUIATRIA 2006; 22 (3): 120-132.
Esta revisión bibliográfica concluye que de los estudios analizados “se deduce la existencia de argumentos en apoyo de la relación entre creatividad y enfermedad mental, con diferente grado de importancia en la evidencia que aporta cada uno de ellos”. Dicha relación parece esencialmente establecida con el trastorno bipolar, en sus formas más ligeras, en base a diferentes interpretaciones, destacándose que la mayor sensibilidad del individuo a los estímulos ambientales podría dar respuesta a una superior actividad creativa. Se advierte una polarización de los estudios en los escritores, siendo escasos respecto a los artistas plásticos y casi nulos en cuanto a los compositores. En este importante artículo de revisión aparecen referidas tres amplias revisiones de biografías de artistas que apoyan una cierta asociación entre relación entre creatividad y enfermedad mental:
Juda A. The relationship between highest mental capacity and psychic abnormalities. Am J Psychiatry 1949; 106:296-307.
Ludwig AM. Creative achievement and psychopathology: comparison among professions. Am J Psychother 1992; 46: 330-56.
Post F. Creativity and psychopathology. A study of 291 world famous men. Br J Psychiatr 1994; 165: 125-34.
No obstante, sabemos de músicos mentalmente perturbados, o emocionalmente desequilibrados, que con su creación musical consiguieron realizarse y mantener un equilibrio que contrasta con sus dramáticas existencias. Baste recordar cuatro nombres significativos del mundo clásico: Schumann, Wolf, Tchaikovsky y Mahler. De algún modo, la creación musical supuso su salvación vital. ¿A dónde habrían llegado estos creadores sin su música? Solamente al pensar en el epistolario de Tchaikovsky y en su frase definitiva, que encabeza este artículo, ya me conmuevo.
En la obra clásica Grandes Músicos. Sus vidas y sus enfermedades, del médico alemán Dieter Kerner (1923-1981), de la que he bebido como otros en busca de datos fiables, se evidencian las grandes limitaciones en el conocimiento de las enfermedades de la mente, con posible causa o confluencia orgánica, y máxime tratándose de creadores que vivieron antes de la psiquiatría moderna o en sus inicios. Veamos algunas consideraciones de este autor sobre los cuatro compositores referidos y otros argumentos añadidos.
De Robert Schuman (1810-1856), Kerner refiere antecedentes familiares de inestabilidad psíquica, un comportamiento hipersensible desde la infancia, una melancolía por la insuperable desproporción entre el hombre y la vida, introversión, alucinaciones auditivas, ciertas fobias, tentativas de suicidio, su reclusión final en un centro psiquiátrico y los análisis que durante un siglo se hicieron sobre su posible enfermedad (parálisis progresiva, esquizofrenia, neurosífilis, psicosis maníaco-depresiva, hipertonía esencial), un enigma difícil de dilucidar por los documentos existentes, poco fiables o incluso falseados, acaso por exageraciones románticas y sin duda por el exiguo conocimiento en su época de las enfermedades de la mente.
Schumann compuso su concierto para violín y orquesta entre septiembre y octubre de 1853, meses antes de su intento de suicidio arrojándose al Rin y su ingreso en el manicomio de Endenich, cerca de Bonn, en febrero de 1854. La obra no fue publicada inicialmente y no se interpretó hasta 1937, quedando excluida en la edición de sus obras completas a su muerte, porque el violinista Joseph Joachim la valoró como producto de su locura y como música "enfermiza", llegando a convencer a Clara Schumann de la conveniencia de ocultarla. En su última etapa, de “locura”, el músico escuchaba voces y ruidos que le perseguían y se transformaban en música suprema; la nota “La” le martilleaba sin cesar y le producía “maravillosos sufrimientos”. Atrapado en sus delirios y tras su propósito suicida, ingresó voluntariamente en el hospital de Endenich, donde habría de permanecer hasta su muerte, dos años después, el 29 de julio de 1856, en compañía de Clara y Johannes Brahms.
Es probable que Robert Schumann haya padecido un trastorno bipolar (antigua psicosis maníaco-depresiva), complicado en los últimos años con una afectación neurológica difícil de diagnosticar. Y si bien las composiciones de este gran músico no son frutos de la locura, hay suficientes datos biográficos para no dudar demasiado de su inestabilidad emocional.
La figura de Robert Schumann y su obra musical ya fueron tratadas en:
Escuchemos el juguetón scherzo de su segunda sinfonía...
Schumann – Sinfonía Nº 2: Mov. 3 Scherzo
Hay quien argumenta que la producción de Hugo Wolf (1860-1903) es anterior a su cuadro clínico psiquiátrico, con lo que es imposible afirmar si su labor compositiva ejerció algún efecto modulador en su personalidad”. Pero el compositor era emocionalmente inestable ya desde muy joven, un individuo extremadamente nervioso, sobreexcitado y exaltado, que caía periódicamente en estados de abatimiento; a una fase de euforia le seguía otra de postración, volviendo después a la anterior y así sucesivamente, en una alternancia maníaco-depresiva definidora de un trastorno bipolar. Situación que no le impidió componer cerca de 300 lieder, de una sencillez expresiva comparable a Schubert y de una intensidad semejante a la de Schumann, antes de fallecer en un psiquiátrico, muy menoscabado por una neurosífilis.
Hugo Wolf nos dejó joyas ineludibles del Lied: Canciones sobre poemas de Möricke (56), Canciones sobre poemas de Eichendorff (20), Canciones sobre poemas de Goethe (51), Spanisches Liederbuch (Cancionero español, 44 canciones), Italienisches Liederbuch (Cancionero italiano, 46 canciones).
Disfrutemos del hermoso lied "Kennst du das Land" (¿Conoces el país?)...
Wolf - "Kennst du das Land"
En la semblanza de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), queda en el aire la respuesta sobre la causa de su muerte durante una epidemia de cólera, tras beber un vaso de agua contaminada: ¿accidente o suicido? No han de eludirse los desencadenantes ni los conflictos interiores del compositor ruso, que pudieron llevarle a una muerte voluntaria a los 53 años. Su discutida inclinación homosexual, su intento de suicidio en 1877 (se metió en las heladas aguas del río Moscova con el propósito de agarrar una pulmonía), tras su fracasado matrimonio con Antonina Miliukova, una alumna del conservatorio, y su distante relación con su mecenas y confidente, la rica viuda Nadeshda von Meck, forman parte del misterio tchaikovskiano. Una nueva hipótesis sostiene el suicidio con arsénico, en base a un escándalo amoroso del compositor con el sobrino de un aristócrata, cuya única salida habría sido poner fin por una cuestión de honor. Ciertamente su madre –con quien se sentía muy vinculado– falleció treinta y nueve años antes a causa de esa enfermedad infecciosa, hecho que debió influir en su conducta vital. Su vida tuvo mucho de patética, como su última y extraordinaria sinfonía.
Entre las obras orquestales más conocidas de Tchaikovsky, todas ellas rebosantes de fuerza melódica y poderosa orquestación, se hallan: Romeo y Julieta (obertura-fantasía), Concierto para piano nº 1, Concierto para violín, El lago de los cisnes (ballet), La bella durmiente (ballet), El Cascanunces (ballet), Serenata para cuerdas y sus 6 Sinfonías, en especial las tres últimas (nº 4, nº 5 y nº 6 “Patética”). Para quienes busquen sus creaciones más formales, serenas o equilibradas: Las estaciones (piano), Cuarteto para cuerdas nº 1, Recuerdo de Florencia (sexteto) o Variaciones sobre un tema rococó (violonchelo y orquesta). Cualquiera de estas obras es adecuada para sumergirse en el inigualable gozo tchaikovskiano. Y aquellos que quieran disfrutar de su música vocal, deben escuchar sus canciones, sus óperas (Eugenio Oneguin y La dama de picas entre ellas) o su Liturgia de san Juan Cristóstomo, impresionante composición coral a capella.
Dejemos que hable su maravillosa serenata para cuerdas...
Tchaikovsky – Serenata para cuerdas: Mov. 1
[Vídeo post. por eliminación del previo]
Se tiene la impresión de que Gustav Mahler (1860-1911) haya sido condenado por su viuda, Alma, al afirmar que “ha estado siempre enfermo”, un argumento aprovechado para justificar su supuesto trastorno psíquico. También cabría la posibilidad de un complejo de Edipo no superado, de ser cierta la conclusión de Sigmund Freud en su entrevista: “usted busca en cada mujer a su madre”. Se ha escrito de Mahler que era difícil de tratar y que estaba lleno de manías, achacándosele rasgos de carácter como la brusquedad, la rigidez, la intolerancia y la vehemencia; se nos revela como un hombre atormentado y anhelante, que no encontraba el equilibrio y, por ello, la paz interior. Según las investigaciones del Dr. Carlos Delgado Calvete, psiquiatra amgio que ha publicado artículos sobre la música y la enfermedad mental, Mahler era un obsesivo, como se refleja en su exigencia y meticulosidad como director y en sus escasas y elaboradas obras. Razones tendrán otros autores para decir que el músico padecía un trastorno bipolar, enfermedad atribuida, por otra parte, a muchos famosos compositores, hasta el punto de que se llega a considerarla fuente de creatividad. Pero su muerte fue debida a una afección valvular cardíaca causada por fiebre reumática (Recomiendo la lectura de un artículo del Dr. Francisco Doña: “Las enfermedades de Gustav Mahler”)
En la música de Mahler hallamos la confesión de sus tormentos y anhelos espirituales –hacia Dios, la Naturaleza, la belleza, la pureza–, la tragedia humana en suma, expresada por medio de inmensas sinfonías que, en palabras del compositor, debían abarcar el mundo; es reflejo de la complejidad del hombre y del artista. Su obra, escasa pero densa (se autodefinía como compositor de verano, al estar ocupado el resto del año en la dirección orquestal), está centrada en el sinfonismo y el Lied.
Estas son las obras principales de Mahler: 10 Sinfonías –la última inacabada–; Das Lied von der Erde (La canción de la Tierra), híbrido de Lieder-sinfonía, sobre poemas chinos antiguos; Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones del camarada errante), ciclo sobre poemas del propio compositor, para voz y piano u orquesta; Des Knaben Wunderhorn (El muchacho de la trompa mágica), ciclo para voz y orquesta; Kindertotenlieder (Canciones de los niños muertos), ciclo para voz y orquesta. Composiciones grandiosas y emotivas.
Deleitémonos con el impresionante final de su segunda sinfonía "Resurrección"...
Hoy es una fecha especial para todos los españoles: la celebración de la Día de la Constitución. Y un día muy especial para mí: el cumpleaños de mi hija Laura. A ella le dedico, como en los gloriosos tiempos de la radio, la canción (por partida doble) de la gran película de Otto Preminger, con música de David Raksin. Sobran las palabras cuando se impone la voz del sentimiento...
Tema de Laura – David Raksin
Laura - Frank Sinatra
Laura is the face in the misty light Footsteps that you hear down the hall The laugh that floats on a summer night That you can never quite recall
And you see Laura on the train that is passing through Those eyes how familiar they seem She gave your very first kiss to you That was Laura but she's only a dream
She gave your very first kiss to you That was Laura but she's only a dream
Vale más una pequeña acción que una larga perorata.
La polisemia es en ocasiones causa de malentendidos.
Hay cosas tan palmarias que explicarlas resulta perogrullada.
*ósmosis cultural: intercambio interpersonal de conocimientos.
**proselitismo: en origen referido a la conversión religiosa, ahora también se refiere al hecho de convencer a nuevos seguidores para la causa política u otras causas.
Esta podría ser la cantilena de un inconformista médico de familia hispano:
Prácticamente cada jornada, tengo la sensación en la consulta de estar participando en una carrera de obstáculos, con barreras cada vez más altas y rías más profundas. Pasan los años y nuevos muros anti-sanitarios se levantan para impedir el paso a la eficacia. Me superan y me hunden moralmente. No logro acostumbrarme al caos organizativo. Lo previsto en los ilusionantes inicios se ha esfumado. Mi espíritu de servicio se disipa. Adiós al sueño de la atención integral y básica (médica, quirúrgica, traumatológica, obstétrica, ginecológica, geriátrica, psiquiátrica, comunitaria). Y no elevo una vana queja plañidera, sino que reivindico una mejora necesaria. Porque la Atención Primaria de Salud se ha convertido en una lucha denodada con el tiempo, los instrumentos tecnológicos y las trabas de otros estamentos. Veamos…
Me han impuesto una agenda de citación, que no puedo administrar. En ella las citas se comprimen al máximo para que entre forzadamente quien lo desea, ya sean pacientes propios o ajenos. Uno se esfuerza en gestionar el tiempo de la mejor manera y tropieza con la realidad del “vengo cuando me apetece” y del “aquí y ahora” (peor que cuando no tenía agenda, ya que al menos se respetaban los turnos). En este primer nivel no se admite la más mínima demora. Y no hablo ya de agobios cuando hay que cargar con el trabajo de los compañeros ausentes o si la mala fortuna me depara una salida urgente que da al traste con toda la programación del día.
Me han clavado frente a una pantalla de ordenador. Mi trabajo depende de este elemento tecnológico que tarda en calentarse lo indecible y cuyo programa informático se cuelga en el peor momento. Codificar electrónicamente las enfermedades es en demasiadas ocasiones un desafío total, porque el sistema operativo no interpreta elementales palabras clave. La fatiga ocular comienza a hacer estragos y las molestias osteomusculares por falta de ergonomía (¡en un centro sanitario!) ya son habituales. Para colmo se acaba el tóner de la impresora, se cae un tornillo de la silla de oficina, se atasca un cajón de la mesilla… sin que nadie de mantenimiento –inexistente in situ– acuda a echar una mano.
Me siento incómodo en un puesto de médico-ordenanza. Llaman de una oficina de farmacia y envían de otra al interesado para que se fuercen recetas que al parecer “les deben”. Llaman de la Inspección de Farmacia para espetarme en la frente lo mal que he cubierto un informe de visado y para que haga otro. Llaman de la Unidad de Salud Laboral porque les falta el parte de alta de un paciente atendido hace más de doce meses. Llaman del laboratorio para que avise a un médico de otro turno, que debe ver una analítica con parámetros anormales. Llaman de Hematología para que localice a una paciente de otro médico, por la alteración de su coagulación. Llaman de todas partes y cuando llamo yo porque necesito algo (pongamos un instrumento diagnóstico elemental, como un fonendo), ni caso.
Me siento cansado y ofuscado por tanta inoperancia, y la estulticia circundante comienza a hacer mella en el vapuleado encéfalo. ¿Para qué me envían desde la Unidad de Citación a un paciente que no acudió a una cita especializada y al que se le ha proporcionado el parte o volante de interconsulta? ¿Por qué vienen a mí usuarios quejándose de la falta de respuesta de la Unidad de Atención al Paciente? ¿Por qué tengo que hacer las recetas que ha prescrito otro médico? ¿Por qué he de hacer absurdos informes y certificados solicitados a capricho de terceros? ¿Por qué la Ley de Dependencia me sobrecarga con un reiterado papeleo? ¿Por qué nadie pone orden en este desatino sanitario?
Me consumo en este súmmum de despropósitos, de desorganización, incomunicación, desgana, desinterés, incompetencia e ineficacia. En un ambiente ahíto de desconfianza, incertidumbre, angustia, desquiciamiento…, sobrado en ocasiones de agresividad y violencia. Puede que yo sea un bicho raro, pues la mayoría acata, calla y se resigna, asumiendo que “es lo que hay”. Pero no puedo plegarme a esta situación irracional y chapucera. ¡Escuchad! Hemos de exigir que cada cual cumpla con su cometido, que las condiciones laborales sean las óptimas, que haya transparencia en los procesos asistenciales, que se informe adecuadamente, que se eliminen las barreras burocráticas, que se ordene la asistencia por el bien de los usuarios del sistema sanitario. Hoy y aquí no estoy contento: ¡la medicina de familia es todo menos medicina!
Aun así, ese contestatario médico de familia hispano ama su profesión, procura mantenerse ilusionado, intenta emular a espíritus inquietos y, para despejar su mente en el turbio espacio, se inyecta una buena dosis de alegría sideral…
Como tantas veces, el blog Desde el Manicomio, del Dr. Lizardo Cruzado, me sirve de inspiración. Ahora es la magistral entrada “Actualización en Psiquiatría de Emergencias”, que recoge las tendencias de uso de la urgencia médica y psiquiátrica, la que ha suscitado un arrebatado comentario sobre las urgencias psiquiátricas domiciliarias y la sensata respuesta del psiquiatra amigo. Merece la pena adentrarse en el contenido de este enlace para comprender el contexto que motiva mi escrito y la jugosa contestación. Veamos…
Mi comentario
Lo que más me desconcierta en mi medio es la urgencia psiquiátrica a domicilio. Cuando a través de vía telefónica se demanda ayuda al servicio de urgencias/emergencias por un paciente psiquiátrico agitado, dicho servicio moviliza al personal de atención primaria que en ese momento está realizando una atención ordinaria en los centros de salud. No se movilizan recursos psiquiátricos específicos, experimentados en el manejo de individuos agresivos, porque sencillamente no existen. Desconozco cuál es el manejo de las urgencias psiquiátricas extrahospitalarias en otros países.
Contaré una anécdota reciente de una urgencia menor que merece análisis. Un médico de cabecera fue movilizado a un juzgado por la crisis de ansiedad de una mujer que iba a prestar declaración. Algo frecuente y comprensible. El desconcertado galeno hubo de dejar abandonados a los pacientes que tenía en la sala de espera para acudir a un centro judicial, muy distante, bajo cuyo techo había médicos forenses de servicio. ¡Increíble pero cierto!
[Otra anécdota lejana enmarcada en la ética médica. Llamado por un intento de suicidio, acudí una tarde a un domicilio. Se trataba de una mujer de mediana edad, paciente de otro compañero y tratada por un psiquiatra del que era cliente habitual. Así me lo hicieron saber los familiares, mostrándome la ristra de psicofármacos que le había prescrito. Les pregunté si habían contactado con este especialista, que tenía su consulta privada muy cerca. Y la respuesta me dejó helado: “Lo llamamos, si, y nos dijo que no le compensaba venir al domicilio”.]
Por otra parte, la vía de urgencia en general es el camino más recto (corto) para solucionar un problema, evitar una espera o lograr una ventaja. Los usuarios lo saben y se aprovechan, si bien es verdad que muchas veces son inducidos a buscar este “atajo” por diversos motivos. En fin…
Respuesta del Dr. Lizardo Cruzado
Desopilante lo que cuentas, amigo José Manuel: dejar a los pacientes en el servicio para ir a atender semejante pedido denuncia una irracional distribución de recursos y una displicencia por parte de quienes pudiendo subsanar la situación, no lo hacen.
Menudas 'habas' estas que nos traes, amigo mío, como muestra. Ya te contaré otras de por acá -en donde no disponemos de atención psiquiátrica a domicilio todavía-.
Conclusión
Efectivamente, el problema de las urgencias psiquiátricas, y de la atención sanitaria urgente en general en el medio extrahospitalario –que ya traté en su momento–, es consecuencia de una grave deficiencia organizativa que acarrea una continua improvisación. Una muestra más de la desidia de los (ir)responsables dirigentes sanitarios, a quienes se les insta para que, de una vez por todas, procuren una regulación sensata de las urgencias extrahospitalarias.
Ejemplo de organización de atención a la salud mental (Andalucía)
El médico de cabecera hispano se debate entre su capacitación para resolver múltiples problemas y su frustración por no poder cumplir sus objetivos.
QUERER.- Desde su conversión en médico de familia, ha ido adquiriendo más habilidades y ampliando su campo de acción. Cuantas más funciones ha asumido, más se le han propuesto que asuma. Las ha aceptado, de mayor o menor grado, con el propósito de ser más eficaz y la esperanza de ser liberado de la carga papeleril. Y de tanto querer hacer, sin poder, se va agotando.
NO PODER.- En su diaria labor de médico general, que a todo tiene que atender, se ve desbordado. Sin personal auxiliar que lo apoye, su tiempo se le va en tareas burocráticas inútiles. Su potencial se pierde, desaprovechado por una (des)organización inamovible. Es consciente de que no puede resolver cuanto desea, y la frustrante sensación, aunque no quiera, le produce un gran desgaste.
El médico de cabecera hispano se debate entre el querer y no poder. Se desespera pensando: ¡Cuánto querría hacer y no puedo!
De que la Zarzuela se mantiene viva allende nuestras fronteras hemos dado muestras aquí, al traer La Gran Vía de Chueca, interpretada por representantes del Jarvis Conservatory (Valle de Napa, California, USA), y el preludio de La Revoltosa de Chapí, en un concierto de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam bajo la dirección del letón Mariss Jansons. Sorprenderá a más de uno que los norteamericanos mantengan la llama de algo propiamente hispano y que los centroeuropeos aplaudan a rabiar lo que aquí se ha llegado a menospreciar.
Y como no hay dos sin tres, traigo otras muestras en la voz de la mezzosoprano letona (misma nacionalidad de Jansons) Elīna Garanča y la dirección orquestal de su marido, el inglés Karel Mark Chichon (nacido en Londres y criado en Gibraltar), quien al parecer la ha introducido en el género zarzuelístico. En esta ocasión se trata de tres bellísimas romanzas, interpretadas en Moscú, Baden-Baden y Amsterdam, bajo la dirección de Chichon las dos primeras y de Jansons la tercera. Observen, escuchen, eviten prejuicios y respondan: ¿no comprenden los músicos foráneos nuestros ritmos?; ¿no es ferviente la respuesta del público europeo? Sin más preámbulo, los invito a disfrutar de estas magníficas interpretaciones y de la hipnotizadora presencia de Elīna Garanča.
Tal día como hoy, y un día después del establecido como de Santa Cecilia “patrona de la música”, nació el compositor Manuel de Falla (23 de noviembre de 1876 - 14 de noviembre de 1946). Nació en Cádiz y vivió en Madrid, París, Granada y Córdoba-Argentina (a esta ciudad se trasladó en 1939, huyendo de la guerra civil española, y en ella falleció unos días antes de su septuagésimo cumpleaños). En su música late el espíritu andaluz, a través de sonoridades propias de las nuevas corrientes musicales de principios del siglo XX, especialmente de la escuela francesa (en su etapa parisina absorbió el lenguaje de los grandes creadores del impresionismo musical: Claude Debussy y Maurice Ravel) y del genial ruso Igor Stravinski, revolucionario del arte sonoro. Bebió en las fuentes del folklore musical y se le suele incluir entre los músicos nacionalistas, sin que esa visión limitadora impida considerarlo un músico universal y transcendente.
Falla no es un compositor cuantitativo, pero sus composiciones rezuman calidad. Su escasa obra es magistral. Entre sus composiciones merecen citarse: los ballets El amor brujo y El sombrero de tres picos, Siete canciones populares españolas para voz y piano, Fantasía Baetica para piano, Noches en los jardines de España, para piano y orquesta, El retablo de Maese Pedro (versión musical y escénica de un episodio de Don Quixote, de Miguel de Cervantes) y el Concierto para clavecín y cinco instrumentos. Podríamos añadir la que consideró la obra de su vida y que dejó inconclusa: la cantata escénica La Atlántida, sobre un poema del poeta catalán Jacinto Verdaguer, completada póstumamente por su discípulo Ernesto Halffter. [MF: obras esenciales]
Como homenaje a Manuel de Falla, traigo las Noches en los jardines de España, con Alicia de la Rocha al piano. Maravillosa música para recordar a un gran músico.
La teoría de L'acoustique Nouvelle (1854), de Louis Lucas, influyó notablemente en la composición musical de Manuel de Falla. El ejemplar que adquirió el compositor se halla en el Archivo Manuel de Falla de Granada.
Destaca dos cualidades de Stravinsky, su carácter nacional rítmico-melódico, y
la conquista de nuevas sonoridades, tomándolo como ejemplo a seguir en España.
Anecdotario: Falla y el dinero [de Wiquiquote, en italiano]
La hermana de Manuel de Falla leyéndole un telegrama de Nueva York, enviado por Margarita Wallmann –citado en Margarita Wallmann, Les balcons du ciel–:
—¡Qué alegría! ¡Los problemas económicos del Maestro y María del Carmen [hermana de Falla] están resueltos! Maestro, la NBC le ofrece cien mil dólares para dirigir, a su gusto, una serie de conciertos en Nueva York a lo largo de dos años. ¡Se acabaron tus preocupaciones!
—(Respuesta del compositor) Hija mía, mis preocupaciones comenzarían en su lugar. Me pasaría la vida preguntándome: ¿qué debo hacer con todo este dinero? Telegrafía inmediatamente que me niego.
Anecdotario: Falla y los septenios
Falla creía que su vida estaba dividida en ciclos de 7 años, en septenios, y falleció justo cuando se cerraba el décimo septenio, a punto de cumplir los 70 años, sólo nueve días antes.
Hay voces críticas que se levantan contra la musicoterapia, aduciendo que no tiene una sólida base científica y que se trata de una terapia mágica o alternativa. Quienes la rechazan habrán de enfrentarse a todos los teóricos y practicantes de este arte-técnica. Con sus razones, habrán de convencerlos de que pertenece al grupo de las “medicinas alternativas” o prácticas médicas no validadas, sin eficacia demostrada, y de que el apoyo en el mito cultural del “poder mágico de la música” de sociedades primitivas no justifica su utilización; o de que los estudios serios que objetivan una discreta mejoría en algún aspecto clínico no son suficientes para justificar el uso de esta terapia en ninguna patología.
Yo siempre he pretendido relativizar las cosas y huir de las verdades absolutas. Así que desde el momento en que una nana sirve para relajar a un niño y proporcionarle bienestar, dejo al menos entreabierta la puerta a las posibilidades de la terapia sonora, sin banalizaciones. Si no para curar, al menos para mitigar y consolar, que también es cometido de la medicina.
Es criticable el intento de situar a la musicoterapia en el campo de la paramedicina, pues debiera encuadrarse en el de las psicoterapias (como “terapia expresiva”). Y si bien los cursos que se ofertan van dirigidos a titulados universitarios no específicamente médicos, por sus posibilidades despierta el interés de estos profesionales. El célebre neurólogo Oliver Sacks es un defensor de la musicoterapia; en su libro Musicofilia. Relatos de la Música y el Cerebro (1) incluye tres capítulos relativos a la terapia musical: "Habla y canto: afasia y terapia musical", "Melodía cinética: enfermedad de Parkinson y terapia musical" y "Música e identidad: demencia y terapia musical”.
En el terreno de la bibliografía, y ciñéndonos a publicaciones recientes, podemos citar tres revisiones Cochrane de 2008 sobre la musicoterapia en desequilibrios psíquicos y neurológicos: Musicoterapia para la esquizofrenia y enfermedades relacionadas (2), Musicoterapia para la depresión (3) y Musicoterapia para personas con demencia (4). El primer estudio concluye que hay evidencia de que la Musicoterapia puede ser útil en el tratamiento de la esquizofrenia. En los otros dos no se alcanzan conclusiones definitivas, debido a la deficiente calidad metodológica de las investigaciones realizadas hasta la fecha en los campos de la depresión y de la demencia; por ello los autores ni apoyan ni desaconsejan el empleo de la terapia musical en dichas patologías. Y del año 2009, una revisión Cochrane (base de datos de revisiones de metodología sanitaria) que apunta a posibles beneficios en enfermos con enfermedad coronaria: Music for stress and anxiety reduction in coronary heart disease patients (5).
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Notas
(1) Sacks O. Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro. Ed. Anagrama. Barcelona; 2009. (Ver aquí)
(2) Gold C, Heldal TO, Dahle T, Wigram T. Musicoterapia para la esquizofrenia y enfermedades relacionadas. La Biblioteca Cochrane Plus, 2008, Número 2. (Resumen disponible en: http://www2.cochrane.org/reviews/es/ab004025.html
(3) Maratos AS, Gold C, Wang X, Crawford MJ. Musicoterapia para la depresión. La Biblioteca Cochrane Plus, 2008, Número 2. (Resumen disponible en: http://www2.cochrane.org/reviews/es/ab004517.html)
(4) Vink AC, Birks JS, Bruinsma MS, Scholten RJS. Musicoterapia para personas con demencia. La Biblioteca Cochrane Plus, 2008, Número 2. (Resumen disponible en: http://www2.cochrane.org/reviews/es/ab003477.html
Vuelvo a recordar su faceta divulgativa con dos interesantes videos. El primero sobre su visión de Charles Darwin y la selección natural. El segundo sobre El canto de la Tierra (The Song of the Earth), documental de la BBC al que me referí en el cuarto capítulo de la serie Música y Naturaleza (“Acordes de los bosques y de los grandes espacios”); está dividido en YouTube en cinco partes, y aquí traigo la primera y la última.
Nota.- The Song of the Earth es un documental –publicado en DVD– en el que David Attenborough nos acerca de manera magistral la música de la Naturaleza, a través de los sonidos producidos por diferentes especies animales, en busca del origen de la música humana.
Felicidades de nuevo a Sir David, ‘‘de curiosidad insaciable y entusiasmo contagioso’’ (*). Y que disfruten, como yo disfruto, de sus mágicos documentales.
(*) Según la presentación de su libro El planeta viviente (The Living Planet).
Después del anuncio de pandemia gripal de 2009 y las posteriores denuncias de manipulación, o de marketing del miedo, se ha perdido la confianza en la Organización Mundial de la Salud (OMS), el teórico máximo garante de la Seguridad Sanitaria Internacional.
Por su lado, las autoridades sanitarias hispanas ya habían perdido la credibilidad a los ojos de los profesionales de la salud a los que enviaban mensajes confusos y contradictorios, sin adoptar medidas sensatas y serenas y haciendo oídos sordos a las recomendaciones de los propios médicos que tenían que hacer frente a un problema artificialmente generado.
Las mismas autoridades que se han planteado establecer medidas preventivas, en concreto prescripción de ejercicio físico, habiendo llegado a la conclusión de despacho de que desde las consultas no se atiende a este aspecto por falta de preparación de sus administrados y que los médicos precisan cursillos específicos. ¡El colmo del cinismo!
Quienes tienen la máxima responsabilidad de ordenar, planificar, regular, controlar el gasto y mejorar la calidad asistencial, se pierden en devaneos que rayan lo esquizofrénico. Ni que decir tiene que rehúsan mejorar las condiciones laborales de los profesionales; les importa un bledo si no tienen tiempo para dedicarse a la medicina o si el desquiciante papeleo les revienta las neuronas.
Sin derrotismo, advierto una situación de absoluta desconfianza; los sanitarios públicos no se fían de la autoridad sanitaria. Y en un ambiente de escepticismo, es fácil comprender la peculiar situación socioeconómica y sanitaria del estado español. Se hace necesario modificar actitudes y promover un mínimo de entusiasmo. Por el bien de la sanidad y de la sociedad.