A principios de otoño, pensando en las tormentas meteorológicas (dejando aparte las sociales y políticas) y volviendo la mirada al verano recién ido...
Cuando el verano está a la vuelta de la esquina, las temperaturas comienzan a subir. Con ello, lo hace también la cantidad de aire que ascienden altitud. El aire caliente es menos denso... Conforme alcanza altitudes mayores, se topa con otra capa de aire más frío. Si miramos el perfil térmico de la atmósfera baja vemos que la temperatura desciende conforme aumentamos la altura. Por ello, si el aire caliente se topa con aire más frío cuando alcanza alturas mayores, comienza a condensarse. Si el grado de condensación del aire es fuerte y las condiciones ambientales se mantienen estables, se llegan a formar nubes de precipitaciones que pueden llegar a formar tormentas verdaderamente intensas. Son las altas temperaturas las que las producen.
Todo el mundo reconoce la importancia de la salud, de cuerpo y de alma...
Capítulo 18 de El último nocturno. Párrafos: Salud y enfermedad. [Saladino Barreiros escucha las explicaciones del psiquiatra Dositeo Chorima.]
–Si un sujeto goza de salud, es que no está enfermo –dejó caer Chorima esta obviedad–. ¡Qué perogrullada! Pero ¿qué es la salud? El estado de bienestar completo, físico, psíquico y social. La definición oficial y quimérica. Alguien dijo que, siguiéndola al pie de la letra, la salud sólo se alcanza en el orgasmo –hablaba sin reparos el psiquiatra, con la lengua desatada por el zumo fermentado de la vid–. Con otros matices, el individuo que la goza está adaptado al ambiente en que vive, sintiéndose libre de perturbaciones corporales y espirituales. De lo contrario, la enfermedad, física, psíquica o mixta, corriente o rara, pone en jaque al hombre y acaba ganando la partida, dándole mate. Yendo al terreno práctico, hay enfermos físicos que viven como sanos y sanos que malviven como enfermos; que lo son, si nos atenemos a la carencia de bienestar. No hay que esforzarse para entender. Pero hay mucho que aprender respecto al modo de enfermar, al cómo y al porqué. Sobre todo, en el ámbito de la mente y en una época de gran fragilidad psicológica. ¿No opina usted lo mismo, amigo mío?
Por supuesto, Saladino asintió, lo que dio pie a que Dositeo continuase, aun más animado, con su extendida perorata retórica, capaz de hacer dormir al más insomne.
–Los peores males son los del espíritu, que no se pueden ver. Y el peor dolor, el del alma –en esto coincidían plenamente–, imposible de calmar con analgésicos químicos. [...]
Body and Soul – Dexter Gordon
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La importancia de la salud se comprueba nada más salir a la calle y comprobar que las conversaciones de la gente tratan en buena medida sobre ella.
Se hablaba mucho de potenciar la atención primaria de salud, por su importancia crucial en el sistema sanitario, como centro coordinador y de algún modo «filtro» del nivel especializado u hospitalario, pero se invertía cada vez menos en ella. De modo que se debilitaba tanto que algunos pronosticaban su desaparición; permitirlo sería para Abré más que una torpeza (no digamos para Rilke, que siempre abogara por fortalecerla). Se hablaba de estimular o motivar a sus profesionales, pero se les desincentivaba con recortes salariales y supresión de derechos laborales. Se hablaba de reformar las estructuras obsoletas del nivel primario, pero se seguían acrecentando las distancias con las del nivel hospitalario. Se hablaba de prestigiar la labor profesional del médico de familia, pero se le condenaba a lidiar con cuestiones burocráticas que nadie quería, en detrimento de las funciones propiamente médicas. Se hablaba de coordinar la asistencia, mediante una pertinente reorganización asistencial, pero se mantenía la misma estructura rígida que la aislaba y la complicaba. Se hablaba de dignificar el espacio físico de actuación profesional, pero se mantenían muchas consultas indignas en centros de salud. Se hablaba de gestionar con eficacia mediante una prometedora «gestión clínica», pero sin definirla con claridad, y así se generaba desconfianza en los destinatarios.
–Desarrollar, estimular, reformar, prestigiar, coordinar, dignificar... Todo se queda en promesas incumplidas. Demasiado bla, bla, bla..., para no conseguir nada, o casi nada; para no llegar a materializar las ideas portadas en tantas bellas palabras –seguía diciendo Abré con furioso ánimo rebelde, pero todavía esperanzado.
–Deja de darle vueltas y desconéctate de las preocupaciones laborales –le aconsejaba Viéitez, con su recobrado temple habitual–, o te acabarán afectando las coronarias. No seas tan analítico e imponte como objetivo el mínimo desgaste.
Nota. El penúltimo haiku es una variante del incluido en Haikus de otoño.
Las estaciones: «Otoño», Alexander Glazunov
[Interpretación completa de Las estaciones de Glazunov AQUÍ/AQUÍ]
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Apunte sobre Alexander Glazunov
El compositor ruso Alexander Glazunov (1865-1936) se interesó por los motivos de la etnofonía rusa y por las viejas leyendas nacionales, de las que extrajo inspiración para uno de sus más animados poemas (Stenka Razin). Después de la muerte de Borodin (1887), realizó juntamente con Rimsky-Korsakov la orquestación del El príncipe Igor, para lo cual reconstruyó totalmente la obertura a base de los fragmentos que el mismo Borodin le había hecho escuchar al piano. Perteneció al Círculo Beliáyev –junto a Anatoli Liádov y el propio Rimski-Kórsakov, que había pertenecido al Grupo de los Cinco–, con el que Tchaikovsky mantuvo una relación armoniosa. En 1899 fue nombrado profesor de instrumentación del Conservatorio de Petrogrado, del que asumió la dirección en 1919. Glazunov dejó una abundante producción: música de ballets (Raimunda, Astucia de amor, Las estaciones), de escena (Salomé), ocho sinfonías, seis oberturas, composiciones de cámara y romanzas. Y probablemente Las estaciones sea su obra maestra.
Capítulo 17 de El último nocturno. Párrafos: Relajando tensiones sin fármacos. [Saladino Barreiros procuraba distenderse sin recurrir a los medicamentos.]
Siempre había procurado distenderse sin recurrir a la química. No era consumidor habitual de medicamentos como la mayoría de los viejos del llamado primer mundo. Y desde su visión natural, eludía los psicofármacos, ya en forma de pastillas, píldoras, cápsulas, comprimidos, tabletas o grageas, que evitan el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo deseable. Sabía que a estas presentaciones medicamentosas nos lleva el miedo, el espanto, el terror, el pavor, el pánico, el canguelo, la aprensión, la cobardía que nos hace desgraciados. Porque nos angustia el hecho de vivir y nos inquieta pensar en la muerte. En su proximidad, Barreiros no la temía. O por lo menos procuraba no obsesionarme con ella –la mayor decepción–, siguiendo los consejos de los pocos sabios que en el mundo han sido, y aplicando procedimientos o técnicas que liberan la mente de preocupaciones. Lo conocido: respiración adecuada, baños termales, algunas de las actividades placenteras referidas. Se cuidaba de hacer una sola tarea cada vez y no señalaba un tiempo límite. Y las agradables compañías, con buen humor, como la de Servando, le servían para aligerar tensiones. Era consciente de las dificultades de una época competitiva y exigente, del principal mal social que es el agobio.
«¿Qué tiempo no conlleva contratiempo?», interrogaba al aire silencioso.
siempre hay otros con más dificultades que nosotros.
Capítulo 7 de La encrucijada del galeno. Párrafo: Peores otras vidas. [Carlos Abré relativiza su queja profesional viendo la dificultad de otras personas.]
Conocedor de vidas en verdad duras, Abré comprendió que debía relativizar la queja. No tenía muchos motivos para quejarse al ver tantos seres sin estrella, y no por aquello de que «mal de muchos, consuelo de tontos», sino por sentido de la decencia. Estaba siguiendo una serie documental de la radiotelevisión pública de Britania (BBC), titulada Planeta Humano, que mostraba, como nunca antes había visto, la adaptación de los seres humanos a los diferentes espacios naturales de la Tierra, desde el frío Ártico a los abrasadores desiertos, pasando por montañas y praderas, lagos y océanos, selvas y junglas urbanas. Había niños que tenían que sortear aguas fluviales entre cumbres nevadas para acceder a la escuela; jóvenes pescadores que, arriesgándose a una caída fatal, habían de salvar temibles cataratas para alcanzar los propicios lugares de pesca; padres de familia que se adentraban a diario en oscuras espesuras para obtener el sustento de sus hijos, a riesgo de ser atacados por depredadores o sufrir picaduras de animales ponzoñosos. Las dificultades del hombre para sobrevivir en los lugares más remotos y en las condiciones más extremas, se recogían, con sensibilidad y crudeza, en deslumbrantes imágenes y formidables montajes. No quedaban excluidas las arduas labores de prevención de catástrofes en las grandes ciudades, de modo que se daban a conocer actuaciones como las de los rompedores de hielo, partiendo y dinamitando grandes bloques de hielo que se formaban en los ríos y que amenazaban con obstruir los puentes que los cruzaban formando diques helados, cuyas consecuencias por los consiguientes desbordamientos podrían ser demoledoras.
Después de haber añadido la pestaña «Mis poemas», de la que no dimos noticia en su momento, anunciamos el añadido de la pestaña «Narraciones y dramas», donde recogemos ordenadamente los relatos y los dramas, o dramatizaciones, publicados en el blog. En realidad, la última advertencia la hicimos para anunciar la pestaña con el título de «Vídeos médicos», sin dar aviso de la siguiente: «Vídeos musicales», tan pertinentes ambas en un blog titulado MEDICINA Y MELODÍA.
Como ya señalamos anteriormente, este último apartado no es cerrado, como no lo es ninguno de los demás apartados de este blog. Por el contrario, se irán añadiendo a ellos los enlaces que consideremos oportunos. En todas las pestañas tratamos de ordenar de algún modo los enlaces a los contenidos, resaltando visualmente los títulos de las entradas que consideramos más interesantes (no así, por supuesto, en los apartados de contenido creativo o con pretensiones literarias).
En fin, con todo esto pretendemos orientar a los lectores del blog*, para que no se pierdan en nuestra particular maraña bloguera. ¡Gracias a todos por leernos!
Otoño (III movimiento), Antonio Vivaldi
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*Esta entrada, como otras que recogen alguna aclaración, está bajo el hashtag #advertencias. [Advertencia: aviso, observación, información, aclaración, nota...]
—No hay una respuesta clara y convincente, a pesar de que el principal problema persiste en la falta de conciencia: “las personas no conocen los riesgos potenciales”.
No existe una ciencia nacional, del mismo modo que no existe la tabla de multiplicar nacional; lo nacional no tiene nada que ver con lo científico.
Anton Chéjov
La Real Academia Galega de Ciencias celebra desde 2008 el Día de la Ciencia en Galicia, con el objetivo de divulgar la investigación y la ciencia entre la sociedad en general y entre la comunidad educativa en particular. El Día de la Ciencia en Galicia (inicialmente Día del Científico Gallego) se celebra el 8 de octubre, fecha que conmemora el nacimiento del Padre Benito Jerónimo Feijóo Montenegro, promotor indiscutible de la Ciencia en sus primeros momentos. [Fundación Barrié]
En la relación alfabetizada de Científicos de Galicia que recoge Wikipedia, prácticamente están representadas todas las ciencias.
Hay ejemplos de matemáticos (José Rodríguez González «Matemático Rodríguez», Domingo Fontán, Enrique Vidal Abascal, Antonia Ferrín, María Wonenburger), físicos (Gonzalo Brañas), químicos (Isidro Parga Pondal, Antonio Casares Rodríguez, Tomás Batuecas), biólogos (Ángeles Alvariño, Javier Castroviejo), geólogos (Isidro Parga Pondal), palenteólogos (Emiliano Aguirre), astrónomos (Ramón M. Aller Ulloa, Antonia Ferrín), etc. Entre paréntesis, científicos gallegos destacados, incluyendo los científicos hasta la fecha.
La divulgación científica es la aproximación del conocimiento científico a la sociedad. Y si pensamos en divulgadores científicos nos vienen a la mente nombres tan conocidos internacionalmente como los de Carl Sagan, Stephen Hawking, Isaac Asimov o David Attenborough. Por supuesto, también hay divulgadores científicos en España, como Francis Román Villatoro (físico y matemático), Javier Armentia (astrofísico), Joaquín Sevilla (físico), Félix Rodríguez de la Fuente (naturalista), Joaquín Araujo (naturalista) o Juan Luis Arsuaga (paleoantropólogo); y en esa lista hay gallegos, como Jorge Mira (físico) o Xurxo Mariño (biólogo). Pero también me permito mencionar al biólogo Daniel Soutullo, autor de varios libros, entre ellos De Darwin ao ADN y Biología, cultura y ética. Crítica de la sociobiología humana. Lo recuerdo porque lo tuve de compañero de estudios durante el bachillerato.
Se dice que la divulgación científica depende del valor que la sociedad le da al conocimiento científico, pero hemos de tener en cuenta la influencia de los medios en la sociedad (ahora se escucha y se ve más que se lee); si éstos no promueven el conocimiento, la sociedad no tendrá interés, porque le faltará el estímulo científico.
La vocación es una motivación que ayuda a superar dificultades profesionales.
Capítulo 10 de El último nocturno. Párrafo: Espíritu vocacional. [Saladino Barreiros, protagonista de la novela, habla* de su profesión de enfermero.]
–Hasta cierto punto complacido, impregnado de espíritu vocacional, intenté en todo momento no ver con mirada administrativa y oficial el sufrimiento ajeno. El paso del tiempo y la costumbre endurecen de tal modo que, al final, los clientes, los pacientes, los enfermos, son tratados de modo formal e impasible, sin ser considerados personas individuales. Dirigiendo la atención a las dolencias, uno se olvida de quienes las sufren. En un estúpido afán de nuevas denominaciones, fruto de ideaciones bizantinas de modernos pero recesivos dirigentes, se ha llegado al nefasto extremo de llamarlos usuarios, denominación vigente y quién sabe si paso previo (¡no lo permita el cielo!) a la global designación mercantil de meros consumidores, tan opuesta al espíritu del arte de curar. Después se lamentan esos iluminados de la Sanidad Pública de que los beneficiarios del sistema abusen de los servicios que se les brindan, como si se tratase de un elemento más de consumo, como si la demanda de ayuda, de una terapia o de un consejo fuese lo mismo que acudir a un mercado con la intención de conseguir pescado, huevos, verduras o legumbres, con el pernicioso ventajismo de una gratuidad mal valorada.
La mala situación económica tiene efecto negativo en la salud.
Capítulo 6 de La encrucijada del galeno. Párrafo: Economía y salud. [Carlos Abré, protagonista de la novela, se lamenta de los malos efectos de la crisis económica.]
La mala evolución económica había agudizado los males existentes y provocado otros nuevos. Cefaleas tensionales, ataques de vértigo, zumbidos de oídos, dermatitis por estrés, enfermedades cardiovasculares, infecciones respiratorias y otras patologías se habían incrementado de una manera alarmante, lo que redundaba en empeoramiento de la crisis (¡necesidad de más recursos sanitarios para atajar los males!) y en beneficio de negociantes que, como él, podían sacar tajada. Sin embargo, eso no le satisfacía. Lo que estaba pasando le disgustaba sobremanera, aunque no lo desquiciaba hasta el punto de lanzarse a hacer cualquier locura o tirarse a la bebida; de momento no iba a arremeter contra el mundo ni a convertirse en un alcohólico abocado al delirio, como el personaje de Jack Lemmon en Días de vino y rosas, el inolvidable drama de Blake Edwards. Con innegable esfuerzo, mantenía un mínimo control de sus emociones, sin echar mano del whisky, del brandy, del ron, de la ginebra o del vodka. En su situación de privilegio se le veía entristecido, sin estar desesperado; se aplicaba la lógica oriental: no desesperar por lo que tiene o no tiene solución. Y serenaba su ánimo en cualquier espacio natural, o contemplando los reflejos del sol en el agua de un estanque.
Los efectos a corto plazo de las crisis sobre las familias se producen fundamentalmente por tres vías: la emigración, el empobrecimiento (efecto renta) y el desempleo... Los niños y los ancianos son los grupos más vulnerables... El desempleo se ha asociado con un aumento de la mortalidad por suicidio... Las crisis económicas pueden tener efectos positivos sobre la salud allá donde las necesidades mínimas estén garantizadas. El periodo de desempleo se puede emplear para capitalizar la salud, mejorando los estilos de vida y el nivel educativo.
[Microrrelato, en primera persona, sobre la fragilidad en la vejez]
Es cierto que el tiempo pasa volando. Ayer era joven y fuerte; hoy soy un viejo vulnerable. Corría como un gamo y camino con bastón. He perdido vista, memoria y reflejos. Sobre todo, el sentido de la orientación. Me he extraviado varias veces, las dos últimas recientemente. Tenía que asistir a dos citas: una para un trámite de mi pensión y otra de la seguridad social. Se cerraban los plazos y perdí mis derechos. ¡Ay!, no se puede llegar a viejo… Quedé sin la subida que me correspondía y sin la titularidad de la tarjeta sanitaria. Pasé a beneficiario de la de mi hijo, que estaba fuera y ha vuelto con urgencia para ayudarme. Soy viejo y frágil, ya lo he dicho, creo... Mi hijo ha venido en mi defensa. Sé que lo solucionará todo. Tiene reflejos. Es joven y fuerte. Y es abogado.
Se define al anciano frágil como aquel que tiene una disminución de las reservas fisiológicas y un mayor riesgo de declinar, lo que lo sitúa en una situación de mayor vulnerabilidad ante perturbaciones externas y resulta en una mayor probabilidad para presentar episodios adversos de salud (hospitalización, institucionalización, muerte, caídas) y pérdida de función, discapacidad o dependencia.
El estado de fragilidad es un síndrome clínico-biológico caracterizado por una disminución de la resistencia y de las reservas fisiológicas del adulto mayor ante situaciones estresantes, a consecuencia del acumulativo desgaste de los sistemas fisiológicos, causando mayor riesgo de sufrir efectos adversos para la salud como: caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización y muerte.